No sé porque me pasa que me ocurre que todo lo que leo habla de mí y de ti, de ese nosotros que tan mal suena en el resto del mundo. Y no me sale otra cosa que desvariarte aquí, donde no puedes hacer nada para remediarme, lo siento. Me sabe a poco...
Y me la pienso pasar pensando donde pisas en tus pensamientos, sin que me dejen los hombres de pensar en el pensamiento del amor puro. Me gustan varios nombres que empiezan por D, una pena, te diría otra vez que lo siento sin que fuera verdad, sólo para arrepentirme mientras lo digo con soberana lentitud, para hacerte esperar y que me esperes la noche en que nos reencontremos. Tú y yo no solemos ser sujetos de muchas oraciones, únicamente las que yo creo para darnos más protagonismo, adiós.
-- Joeer, me mal me sienta sentirte.
-- ¿Qué quiero querer? Esa es una incongruencia.
-- Se te ven las bragas.
-- Sí, y una mierda pa´ti, no puedes verlas.
-- Pues las veo (saca la lengua)
-- No puedes verlas porque tiene un melocotón en la mano, además, está desnuda.
-- Oh, dioses míos, ¿cómo puedo estar desnuda? (dice, tapándose el ombligo con ambas manos)
-- ¿Cómo puede preocuparte estar desnuda? ¡¡¡Estás sosteniendo un melocotón!!! Es vergonzoso...
-- Mirad por la ventana, no queda ni rastro del cielo.
-- Y a la otra gilipollas le da por la astrología, cielo pa' rriba, cielo pa' bajo, que asco de temario.
-- Tiene sentido que no haya cielo, cielito, los del telediario dijeron que lo iban a quitar, ya lo sabíamos todos. Lo que pasa es que no acudiste a la reunión de vital importancia.
-- Oye, y si no hay cielo, cielito, cómo vamos a ver las nubes en el concurso per-importante que se celebra cada medianoche en el cielo de Zacut.
-- No creo que ocurra nada con el resto de cielos, Espinete se lo dijo a la niña del columpio, esa que se mató por los pinchos de Espinete, que es un espino.
-- ¿Y qué te parece mi tacto a piel de melocotón?
-- Umm, ¿tu tacto?...
-- ¿Desde cuando tienes tacto?
-- Desde ahora mismo, me lo ha regalado mi abuela por la Segunda Comunión.
-- Jo... Yo también quiero abuela.
-- AH, menos mal, pensé qué querías tácto, qué también és vergonzosó.
-- Y una caca pa' ti, sé más respetuoso. Y cesa de hablar con acentos.
-- Que rima con oso, tramposo y poso.
-- Deja de hacer el canelo.
-- Me gusta la canela...
-- Nunca sabes si es veneno, ¿verdad, Canelo?
-- Efectivamente y no, pequeña ganzúa de color de rosa, como una osa dentro de una morsa metida, a su ve-
-- ¡¡¡CÁLLATE!!!
-- Es verdad, necesita concentración.
-- ¿Qué hace que requiera tanta, tantísima concentración?
-- Meterse el dedo en la nariz.
-- Ah, claro, me mete el pene por el culo.
-- De repente, con la U de Umanidad.
-- La que no tenemos.
-- Pero, pero, nosotros podemos hablar humaneño...
-- Sin H, espécimen de una raza extinta, sin H, cuántas veces tengo que repetírtelo, no sabes pronunciar la Hache, de chepa.
-- Que te la pique un pez pezón, de esos que te dejan un reguero de simiente de simio.
-- Ahm, interesante, muy interesante.
-- Me duelen tus palabras.
-- ¿Por qué?
-- O, mejor dicho, ¿cómo?
-- Son sal en mi piel lisa y tersa, y me duelen.
-- Interesante, interesante, extraño el comportamiento de la cabra montesa en el periodo de la muerte vegetal.
-- Brillante, bravísimo (aplaude entusiasmado)
-- Y una caca pa' ti.
P.D.: Joder...