Luego nos abrazamos. Yo la abrazo, ella me abraza, mientras yo me imagino sus brazos demasiado imaginados para que mi cuerpo sienta algo más que un parche en su roto, en los desgarrones que el alma somatiza en mi fina piel de arena seudodesierto. Entonces me entrego a ese momento, en el cual todo sigue girando mientras yo me quedo muy quieta en mi cama, casi con miedo a respirar, mientras mi corazón me taladra los oídos.
En ese instante que no es tal sino eterno, sin concluir, la puerta se abre y el mundo se precipita.
Y mi cama se queda sola, muy quieta, casi con miedo al silencio.

Bonitas zapatillas "princesiles" XD
ResponderEliminarYa lo sé, por eso me las pongo. Pero son perversas y malignas y me rozan y me obligan a ponerme tiritas, cosa que nunca me ha gustado nada y odio horrores. Además, son zapatillas de Torera al corte, que lo sepas.
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