viernes, 20 de marzo de 2009

Primavera

Hoy a una hora que no recuerdo llega la primavera, prueba irrefutable del paso del tiempo; me parece estúpido medir la hora a la que salen las estaciones, como si fuera un tren, ¿podré perder la primavera si no llego a tiempo? Ayer a las 7.15 me levanté en casa de mi abuela, desayuné tostadas y un vaso de leche y me cargué con mi bolsa de viaje y un saco de dormir en una bolsa de basura azul. Orión llegó tarde con sueños proféticos sobre mecheros y las señoras de Sarasate nos saludaron antes de partir, la mayoría de ellas desde la cama (que oído tienen las abuelas para lo que quieren). Go to Salobreña! Pero eso fue ayer hace un año, para variar con todo lo que me pasa, todo en pretérito (perfecto simple).

Tengo la paranoia de que es domingo y tengo que estudiar latín, que cae y cae verbo a verbo, palabra tras palabra... Tengo que escribir la descripción de Primavera, pero aún no me la he encontrado, además no sé que día es. Por cierto, estoy leyendo el Conde de Montecristo (el Word se empeña en que es “Montecristi”), que me tiene enganchada y me impide pensar más allá, de hecho, estoy haciendo un soberano esfuerzo por estar sentada frente al ordenador. Ya comentaré mis impresiones más adelante, que hoy no me apetece. Tampoco sé exactamente que quiero decir aquí, por lo que... Estaba pensando en terminar un pequeño texto que he empezado hace un rato, pero la necesidad de leer es demasiado apremiante y lo dejaré para otro día, de momento hoy se queda con esta rayada primaveral, y es que tenía que recordar a la que hasta hace tres años (tal vez alguno más), fue mi estación del año favorita. Además mañana tengo una lista enorme de cosas por hacer y debería irme prontito a la cama para rendir lo más que pueda, leyendo claro está. Bueno pues ya se verá lo que hago realmente mañana, haber cómo me sonríe el espejo. Beatus ille...

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