miércoles, 13 de octubre de 2010

El tiempo sin ti es...


Odio los lunes que parecen miércoles, o los miércoles que parecen lunes. Odio los martes-domingos en los que se espera el tiempo de las ostras en las sábanas del beleño, hundida en sus más profundas raíces. El olor a olivo muerto, encerrado en un frasco de gel de ducha, desparramándose todo por mi piel fría.

Odio los días que parecen noches, o las noches que de tanta conciencia se asemejan a días perennes de palpitaciones nulas. Odio los valles de montes santos, de sacros lugares perdidos en los horizontes vacíos de la ingesta propia de las algas. Odio cada mundo que diviso, tenue, en las profundidades limpias de un vacío extremo. En el extremo septentrional de tu boca, en la lejana cumbre de afilados bordes. Y el meridional bosquejo de un silencio apagado con escamas, verdiazulados hilos, corazón purpúreo de salutaciones imposibles. Odio el no llegar nunca a la tierra prometida, el sentir la enfermedad como parte inenarrable de uno mismo, la esperada cura convertirse en desesperado placebo.

No querer del martirio nada más que la sangre gotear de tu boca hasta la mía, de las ataduras marfil a la deleitada piel sin fin, fruto de las moscas perpetradas de las almas de las andinas de tus pechos. Allá, en el más acá de mi futuro, en el más allá de tus tiradas, en los dardos del sueño que se van por los verticales solares.

No existe tiempo, ni rabia para conseguir más jirones que tus azules ideales.

1 comentario:

  1. He vuelto (Anoche me golpeaban incesantemente Saussure, Hockett y el resto de esos extraños seres que se dedicaron a buscarle nuevas lecturas a asuntos tan simples como los que hoy ha ofrecido mi "idolatrado" Pablo), y, de momento, mi moral (si la tengo) no me permite omitir la imagen de una Andrea reverente ante esta prosa azul ;)

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