viernes, 8 de octubre de 2010
Madrugada
Dolor, Alfonsina Storni
Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.
Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...
Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.
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Marca un hito en mi historia Salmantina...
ResponderEliminarMe alegro mucho, saber que algo que leíste conmigo se ha convertido en un hito de tu historia salmantina, que, aun con sus más y sus menos, sigue siendo mi Ciudadela dorada.
ResponderEliminarEstoy esperando decidir cuál será el próximo (o que se decida sólo), hay que darle forma a este camino al que le empiezo a penetrar estacas, como anclas que me recuerden a mi Ciudadela azul (¿No es el azul uno de los colores más finamente acabado, más espiritual, sin despreciar el áureo ostentoso de la cobertura salmantina?).
ResponderEliminarEntiende que mi Ciudadela de azul tiene poco, bueno, miento. Sí, cuando se pone su dosel Atlántico podría rivalizar con vuestra Ciudadela Azul, porque el dorado parece arena a orillas del mar.
ResponderEliminarY el azul es mi mediocolor favorito...
P.D.: ¿Se cumplió ya el próximo o aquellas palabras fueron fruto de la embriaguez de versos, añadida a otras sustancias, que llevábamos ambas encima en aquel tren a ninguna parte?
Te contestaré sólo a la P.D.: Por ser la menor, y la anfitriona, te voy a permitir que decidas tú, porque no estoy acostumbrada a tanto frío, lo mío es el calor y los trenes con rumbo fijo, no sé, supongo que a los confines del mar.
ResponderEliminarP.D. divorciada del anterior mensaje: ¿Y cuál es tu otro mediocolor?
ResponderEliminarYo es que soy de tonalidades, más que de fechas.
Mi mediocolor es el gris, mi color el azul-gris. Es una tonalidad, más que una fecha.
ResponderEliminarYo no puedo decidir por ti, mis hitos salmantinos se crean y descrean casi momentáneamente, pero en este momento, sí que lo es.
Mmmms...
ResponderEliminarun hito salmantino en tí tiene un mayor mérito que en mí, dado que mi historia en este espejismo de hielo (tal vez sólo es extremista como yo y aún no he acabado de comprenderlo) ha sido presumiblemente corta...
Me gusta y me disgusta la volubilidad de los (nuestros) hitos, pero qué razón tienes (con eso de lo circunstancial); por ello habrá que cuidarlos, amamantarlos, acariciarlos, protegerlos del frío...para que no se den por vencido en su proceso de crecimiento.
Si se hacen muy mayores tendré que llevarlos a Cádiz, y dejar que sean un hito nacional, más que castellano.
No entiendo porqué un hito salmantino en mí tiene más mérito que en ti, tienen mérito de la misma forma, espejismo o realidad ambas de hielo... Y ya que son tan volubles, habrán que marcarlos más o buscar más, siempre dentro de una calidad aceptable, y podremos tratarlos con mimo y tesón hasta que decidan que dejan de ser hitos para convertirse en mitos, y ya recuperarán su forma...
ResponderEliminarSi se hacen muy mayores y te los llevas a Cádiz, y tengo acciones en ellos me tocará ir a buscarlos... Aunque puestas a ellos, mejor dejamos que se hagan continentales, mundiales, universales y estelares y esas cosas inabarcables ^^
Un mito inabarcable...suena bien hasta que resuena a inalcanzable.
ResponderEliminarSin embargo, me asusta aún más que esa faceta mítica venga dada por su carácter ficticio.
Y no hay nada más punzante que un delirio galáctico, sangrante, y, a lo peor, que nos descubra que no nos queda suficiente sangre...Me imagino magras venas, desecadas, rizándose sobre sí mismas del retraimiento maquinal ante tal revelación...
Creo que es en lo que me estoy convirtiendo. En un organismo de sal...