Título extendido: Conservaciones (acerca de lo inhumano [que es dejarme (sola [entre la nieve])]) I.
Razón: Antiestético.
Destinatario: Hazme el favor de no creerte con un sol en el culo y pensar que va dirigido a ti.
ACTO I
--No, no es que no quiera darte una segunda oportunidad, es que no la mereces.
Su rostro perdió color entre la niebla, quedándose como un sudario húmedo de versos. Se le perdieron las palabras en los recovecos de su boca. Un dolor agudo en el costado izquierdo de su corazón.
--¿No habrá perdón? --preguntó, con el miedo latente en las entrañas.
--No, nunca habrá perdón, por muchos "lo siento" que cortes en tus pieles.
--Mira, ¡mira! --le grito, angustiada en la profundidad de su cráneo, y le enseñó sus muñecas llenas de cicatrices, de cortes sonrosados que no terminaban nunca de sanar, porque eran las puntas del abismo.
Sujetó sus manos con fuerza, y las apartó de su vista.
--No me las enseñes --ordenó entre dientes--, no quiero verlas.
--Pues tienes que mirarlas, verlas, porque yo soy ellas, y tú no me quieres del todo, ni bien, sólo quieres lo que quieres, y lo que quieres, lo tomas; nada más --reprochó, con el tono indignado de una mariposa de alas negras con manchas blancas.
--Ni menos --concedió, con una sonrisa perdida en la distancia --, yo sólo cojo de ti lo que necesito, y te advierto que la guadaña corta ciegamente los hierbajos del mundo, tu mundo.
--¿Y tú? ¿Tú quién crees que eres para no ver lo que soy, todo lo que soy?
Se rió de mala gana, casi con un matiz de siniestra pesadumbre de los días y las noches, cada noches que se escapaba con fuerza más lejos de la misma noche.
--Yo soy quien soy, amor mío, y tomo de ti lo que de ti necesito. No me sirves más que para alimentar a mis crías, alimentarme. De ti provienen todas mis presas, la carne pura con la que me nutro --concluyó, sonriendo de nuevo con voz pausada por el ansia de muerte, de hambre.
--¿Presas? ¿Tus presas? Son mis hijos, yo los amo como si todos y cada uno de ellos hubieran estado en mi vientre, lo están, lo han estado. Devoras a mis hijos, sin piedad ninguna, y esperas que yo lo mire sentada, sin enfrentarte a ti.
--Y cuando los tienes en tu vientre los condenas a mí, irremediablemente. ¿Dónde está tu piedad, tu compasión? Si tuvieras más fortaleza jamás te volverías a acercar a alguno de ellos, jamás los acariciarías mientras duermen plácidamente en los abrazos de
--Ni se te ocurra nombrar su nombre en mi presencia, o te juro que alejaré de ti a aquellos que aún no me pertenecen.
Alzó las manos con condescencia, queriendo ahuyentar de sí aquel mal tan temido: ellos eran los únicos que podían mantenerlo cuerdo.
--Está bien, no hablaremos de quienes no deben ser hablados entre nosotros.
Asintió, cabeceando ligeramente.
--¿Entonces?
Otra sombra aparece en escena, ambos personajes se giran levemente para mirarla. Sus caras desaparecen, se olvida el silencio, un cordero degollado bala en lo alto del monte vacío.
OTRA SOMBRA (grita): ¡Silencio!
A esta otra Madre huérfana y sin hijos le da un poco de miedo pisar ciertos abismos, por eso del eco, pero hoy es el día especial "en que se cumplen cuatro años" y ella ya le ha perdido el miedo a todo: Como una cuarta sombra, irrumpe un halago que admira la permeabilidad de las ficciones cotidianas en tus saberes, para forjar irracionales joyas con la materia más anodina. Qué curiosa tu personal técnica: eso de hacer teatro en actos...es lo mismo que hago yo XD
ResponderEliminarSigamos sufriendo entre bastidores, como tan bien se nos da. Hasta mañana.
TELÓN