sábado, 27 de diciembre de 2008
El despertar de las piedras
Sangre. Para mí, en ese lugar solo existía el bello color de la sangre. Únicamente una gota que captaba tristes reflejos irrisorios en mis pupilas. Un color que me recordaba todo, haciendo que olvidase. Era suave como el papel, pero no olía como tal. Olía a primavera y otoño, a soledad y compañía, a todo y nada. Triste. Tal vez oliese a triste, una sonrisa desecha y abandonada en la mayor multitud. Me gustaría besar unos labios tan ligeros. Que puedo hacer, si la sangre no se puede besar. No hay nada tal lastimero como esos labios invisibles que pugnan por tocar los míos. Oh, dolor, solo por tenerlos y a la vez no. Malditos por los dioses que nunca olvidan y recuerdan eternamente algo que solamente ellos conocen. Y un castigo, solamente amar. Y sollozar para siempre por la dicha que me fue antaño negada. Escribo por no pensar, pues cuando lo hago mi mente es demasiado compleja para entenderla. Nadie. Tal vez esa la razón de mi existencia. ¿Por qué debería retraer mis pensamientos, si solo con pensarlo ya puedo creer que no es cierto? No contesto preguntas ni formulo respuestas, pues me son del todo conocidas. El recuerdo se desvanece tranquilamente en un mar de incertidumbre que parece recrearse en mis sentidos. Y si no lo conozco, puedo preguntar extasiado en mi mente. Y el color de la sangre, es lo único que me desconcierta. Bendito, por los demonios al reflejar lo que otros solo pueden ignorar. Pero, ¿por qué hacerlo? Si solamente con desearlo no existe, y si traicionas tus hegemonías puedes descubrir que nada tiene más sentido del que eres capaz de darle. La vida sigue, sino no lo podría comprobar. Me pierdo en el Tiempo, a la vez que lo reconozco como caminos insondables ya recorridos. ¿Tengo miedo? Tampoco eso lo sé. No soy capaz de sentir nada, pero las emociones se clavan en mí irremisiblemente. Ideas. No las comprendo. Como soy capaz de ver no que nunca conocí. Me enamoro de loa antagonistas de mis pesadillas. Pero no se si los odio. Pensamientos incoherentes. Tal vez sea lo único que expresan mis ojos. Perdidos en la inmensidad de un punto blanco en un albo universo. El mar. Esa inmensidad de nada. Te quiero. Susurro que las olas no comprenden de un ser como yo. No puedo amar. El mundo me niega ese placer, pero yo lo ansío. Por no pertenecerme lo rebatiré. Adorados los bosques que desconocen de mi existencia. No. No puedo negar eso. Pero, entonces, ¿qué soy yo? Reniego de la existencia, pero no por ello se me permite dejar de existir. Quiero volar, tal vez pueda hacerlo, pero tampoco tengo alas para ello. No quiero que un sonido claro sea heraldo de mi final. No existo, pero mi existencia será rota el oír las campanas de cristal de mi alma. Poesía. La aborrezco a la vez que la deseo cual mujer los abrazos de su amante. Jamás seguiré por este camino de lisas piedras amarillas. ¿Y si no soy yo el que amo desde fuera? No te quiero nada, ni te deseo algo que nunca podrás conseguir. No te entiendo. ¿Quién eres? El escarlata te sigue. No quiero besar el color del fuego. Y la sangre,... Todo vuelve a reducirse a la sangre. No quiero pensar el porqué de mis ilusiones, si ya no se pueden cumplir. El recorrer del tiempo en un reloj de arena, que únicamente refleja la luz en su cristal, ya vacío como el corazón de una doncella. No necesito nada y nada me necesita. Tú. Marchaste de mi vida como las estrellas abandonan a la luna en la mitad de la noche. No ver cuando mire por detrás de mi hombro sombras incandescentes en la noche iluminada. No, y tal vez, sí. Que importancia pueden tener dos palabras en el corazón de una persona. No, no soy persona. Ninguna persona anhela la vida por besar una flor que ya nada puede valer en un mundo marchito. Otra vez el color de la sangre. Ya no quiero nada, y ambiciono todo.
14/IX/07
P.D.: "Olvidar es morir." Vicente Aleixandre
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Me siento ruin. Porque mi ego de escritor estaba demasiado inflado, y lo segundo que he sentido al leerte, tras una profunda sensación de sarcasmo debido al texto, ha sido envidia. Sigue escribiendo así de bien, llegarás muy lejos (y no dejes nunca de escribirme).
ResponderEliminarMe encanta que tus textos transmitan tanto.
simplemente... puedo sentir cada una de tus palabras en mi piel, pequeña... eres encantadora...
ResponderEliminar:)