miércoles, 22 de diciembre de 2010

Impiedad manifiesta. Suplico sea perdonada.



He despertado en la oscuridad profunda lejana del Mar de Plata, 
he despertado en el silencio y el olvido del sueño y
he escuchado, a medias entre las caracolas, 
el rubor del viento en la otra orilla. 


He despertado y minutos después he visto. 
He visto como el ciego que no desea ver.
Que no desea ver toda la playa inmensa. 
La playa inmensa sin ninguna alta marea. 
Alta marea del ayer en turbulentas aguas. 
Turbulentas aguas que casi me despeñan. 
Me despeñan a lo abisal del mundo océano. 
Mundo océano que se ha quedado en la playa. 
En la playa del sacro Mar de Plata han caído. 
Han caído los vestigios de la desolación. 
La desolación del infinito devorarme ha. 
Devorarme ha en el presente eterno. 
Presente eterno que no lleva olvido. 
Olvido que me visitó dos segundos. 
Dos segundos dormidos en los que me decidí a vivir. 


P.D.: No es una poesía, es que el texto me pedía la forma.  




P.D.2: Y sigo pifiándolo a base de bien, jodeeeer

3 comentarios:

  1. Mar bermellón, lifáticas raíces derramadas...22 de diciembre de 2010 a las 10:57

    Me alegro siempre que veo un nuevo título coloreado en tu doliente abismo.

    Aunque sea para leer arrepentimientos de esta clase.

    La luna ayer me dio dos segundos también, que no supe si muerte, vida u olvido. Yo también me arrepiento de decirte que me trajeron la perfección de la neutralidad. Siempre lo he llamado infinito, el infinito del beso, el beso de lo infinito, pero no me va a servir de nada buscar un nuevo vocabulario contigo.

    No me gustaría ser un tumulto de rocas perforantes, a no ser que tú quieras que yo sea eso, pero no es el caso.

    Te escribiré desde una playa de tortuosas esperanzas y vagos sedamientos. Lo haré antes de que el viento empiece a borrarme, ahora que soy de nuevo este atávico organismo de sal.

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  2. *Linfáticas raíces derramadas (esa ene se ha ido XD)

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  3. Del lago de plata
    se alzan
    estandartes como olas

    negras en lomos de suave
    piel y silenciosas garras
    que observan pacientes
    el desenlace en la tormenta

    baila entonces una ninfa
    y las olas gimen
    al compás del ritmo de sus pasos

    -déjate encantar-

    murmura la espuma levantada
    otros dos segundos y otros más
    perdiendo el hilo en las escamas
    del Leviatán amante de la luna

    vuelve entonces el espejo
    y las huestes fieramente silenciosas
    en la plateada sangre se sumergen

    ni una onda bajo el inmóvil
    cuerpo de la danza
    que tiende con sus brazos
    en blancura tenue el beso
    de una invocación.

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Miríadas de sendas desde el Abismo