miércoles, 22 de diciembre de 2010
Impiedad manifiesta. Suplico sea perdonada.
He despertado en la oscuridad profunda lejana del Mar de Plata,
he despertado en el silencio y el olvido del sueño y
he escuchado, a medias entre las caracolas,
el rubor del viento en la otra orilla.
He despertado y minutos después he visto.
He visto como el ciego que no desea ver.
Que no desea ver toda la playa inmensa.
La playa inmensa sin ninguna alta marea.
Alta marea del ayer en turbulentas aguas.
Turbulentas aguas que casi me despeñan.
Me despeñan a lo abisal del mundo océano.
Mundo océano que se ha quedado en la playa.
En la playa del sacro Mar de Plata han caído.
Han caído los vestigios de la desolación.
La desolación del infinito devorarme ha.
Devorarme ha en el presente eterno.
Presente eterno que no lleva olvido.
Olvido que me visitó dos segundos.
Dos segundos dormidos en los que me decidí a vivir.
P.D.: No es una poesía, es que el texto me pedía la forma.
P.D.2: Y sigo pifiándolo a base de bien, jodeeeer
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Me alegro siempre que veo un nuevo título coloreado en tu doliente abismo.
ResponderEliminarAunque sea para leer arrepentimientos de esta clase.
La luna ayer me dio dos segundos también, que no supe si muerte, vida u olvido. Yo también me arrepiento de decirte que me trajeron la perfección de la neutralidad. Siempre lo he llamado infinito, el infinito del beso, el beso de lo infinito, pero no me va a servir de nada buscar un nuevo vocabulario contigo.
No me gustaría ser un tumulto de rocas perforantes, a no ser que tú quieras que yo sea eso, pero no es el caso.
Te escribiré desde una playa de tortuosas esperanzas y vagos sedamientos. Lo haré antes de que el viento empiece a borrarme, ahora que soy de nuevo este atávico organismo de sal.
*Linfáticas raíces derramadas (esa ene se ha ido XD)
ResponderEliminarDel lago de plata
ResponderEliminarse alzan
estandartes como olas
negras en lomos de suave
piel y silenciosas garras
que observan pacientes
el desenlace en la tormenta
baila entonces una ninfa
y las olas gimen
al compás del ritmo de sus pasos
-déjate encantar-
murmura la espuma levantada
otros dos segundos y otros más
perdiendo el hilo en las escamas
del Leviatán amante de la luna
vuelve entonces el espejo
y las huestes fieramente silenciosas
en la plateada sangre se sumergen
ni una onda bajo el inmóvil
cuerpo de la danza
que tiende con sus brazos
en blancura tenue el beso
de una invocación.