martes, 7 de diciembre de 2010

Rememoranza de un desnudo*


¿Qué daría por volver a ver 
el mundo 
desde mis mismos ojos?

¿Qué destruiría a cambio 
         -de la desaparición- 
de esta pátina a melancolía 
que me cubre la visión?

¿Qué?

¿Qué por volver a ver el mundo luminoso, lleno de brillante sol y aterciopeladas nubes? 


Creo que la parte de mi alma que me falta se la quedó la niña que vivía al otro lado del espejo. La niña de ojos de bronce y mirada felina que sacó su mano para tantear la mía. 
A mí dadme divino corcel de fiera pureza, dadme caballo albo para irme al otro lado de la noche y os juro que no volveréis a verme. 
¿Acaso os pido tanto?
No, no es mucho si con ello me desaparezco, yo y mis delirios, para siempre. Olvido... 


* A lo peor, de un vestido 

6 comentarios:

  1. Si conociese esa equina liberación, de seguro, volaría con ella hasta algún continente aún por nadie nombrado.
    Si supiese el paradero de ese celeste ser, no dudaría, te lo enviaría en algún vapor de agua que se dirija allá donde estés.
    Pero me pregunto si me permitirías decirte que no quiero que desaparezcas.

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  2. ¿Por qué algún continente innombrado si se puede llegar con él más allá de donde existen la tierra y el mar, donde no existe materia?

    Te lo agradezco, ese ser y yo llevamos mucho tiempo buscándonos, y un vapor de agua es un buen medio de transporte...

    Te permito decirme lo que quieras, no necesitas mi permiso para tus
    deseos, ni siquiera yo tengo derecho a dártelo, me parece.

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  3. Y, ¿cómo le permites a ese ser, sin siquiera haberlo encontrado una tarde lacrimosa anteriormente, ser dueño de alguno de tus valiosos anhelos?

    Lamento decirte, querida Híbrida I, que no hallarás jamás ese lugar prominente de escasez material, porque, lamentable o felizmente, ese lugar abandonado ya estará habitado por este desterrado, nocturno, borracho, húmedo ser que te escribe entre notas de Hotel California...

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  4. Duele mucho leerte a ratos. Intenta no desesperar nunca, y desde luego ni se te ocurra desaparecer. Pides mucho, y se te negará cuanto pides por el simple hecho de que las puertas de la medianoche no pueden abrirse sólo por complacer tu deseo de olvido. No se te permite el olvido. Ni se nos permite a nosotros, lectores, cuyos delirios se alimentan de los tuyos y beben de tu sed con ansia.

    Llámalo egoísmo, si quieres, pero entonces llámate egoísta; no, no se te concederá el olvido, ni la huida, aunque pasen Eras y el recuerdo devenga en atávicas leyendas...

    No se nos permite el olvido a ninguno. Todos desesperaremos, sin desaparecer. Porque sin lugar a dudas, algún día, esas atávicas cenizas recordarán, se prenderán de nuevo, y olvidar... desaparecer... no se nos permite.

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  5. Tan profundo tan
    allí donde la piedra
    no es volcán

    gime lenta

    una pradera, un olmo
    o un castaño sin simiente.

    El olvido y la imagen prendida
    a cuchilladas
    de unas pupilas que se niegan a mirar.

    Ojala! el olvido
    y que el destino pueda nunca
    alzar más fiero
    el fuego del dragón...

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  6. Mi queridísimo correlato, yo no le permito nada, es él el que toma mis valiosos anhelos y se revuelca en ellos lleno de mierda, y si llego alguna vez a ese lugar me encantará encontrarte allí, mientras lo guardas para mí, y podremos llamarlo Hotel California mientras nos pensamos o no encender otro porro para desdibujar más la materia, o perfilarla más para tus ojos.


    Es egoísmo, sin duda, desear el olvido y negarselo cruelmente al resto de mortales que también beberían ávidamente de sus fuentes de descanso. Espero que mis cenizas se prendan pronto, porque la lluvia que hoy nos ha llovido a la Ciudadela y a mí las ha convertido es una masa informe. Ahora mismo sólo se me ocurre una solución: a lo mejor si vamos en grupo olvido nos hace precio especial XD (pero lo digo con una sonrisa, ya que me habéis hecho esbozar al encontraros aquí).


    Ultramar, mi Ultramar de preciado nombre del que sólo puedo suponer el otro lado del mar. ¿Hablas del lugar inmaterial, donde encontraré pradera dulce de descanso? Me gustaría imaginar que realmente existes al otro lado del mar, un océano infinito que me aguarde.

    Y por último al no comentador que ha añadido otro país del orbe desde donde se visita mi blog.

    De todas formas, muchas gracias por acercaros esquivos al fondo de mi pecho en busca de una sonrisa que hoy sólo ha supurado sangre.

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Miríadas de sendas desde el Abismo