miércoles, 8 de diciembre de 2010

Sexo inmaculado.


Locos, aquellos que hacen locuras; por definición de la palabra es cuestión de plantearse el momento altivo de tu rostro.
Así me busco en el interior del alma la fuente hirviente de mis necesidades, necedad máxima el abrirse las venas sólo para ver, ––sólo para ver si se puede ver––, si brota veneno en vez de sangre.
Me he acostado con la muerte, y con el deseo extremo de dejar de lado la áspera cadencia de verte aun más lejos cuando cierro los ojos. Tras mis párpados ha adquirido el dolor sabor punzante y las quemaduras sacramentales ya sobre el pálido campo ya se extienden, ya.
Y no es mal amante, porque sus caricias son tiernas y eternas, no como las manos mías, podridas, con las que me acaricio el sexo antes de dormir. Masturbación de los anhelos, el dolor del dios que circunspecto me deprime el pecho a latigazos. Algún día encontraré la semilla de estos versos, algún día, justo antes de morir recuperaré el color de las ardientes mañanas que no viviste conmigo. “Las cosas que se hacen sin penar luego hay que pensarlas el doble”, pero es un suspiro, no se lo digas a mamá. El pastel de arándanos que suicidó el alféizar, mirando al mar de plata.
Ahora que ya sabes que la Meseta es ardiente te diré que también quema igual que el hielo.
Haré mil lanzas para atravesar la piel que desconozco y me desangraré mientras me miro desde fuera. No me preguntes tu nombre, desconozco la piel de las mil lanzas. Ahora sólo tengo cicatrices, lo siento, va a ser que volveré a mentirte.
Este pecho se me queda grande, hay demasiados sentimientos que no necesito, y yo sólo aspiro al silencio.
¿De verdad crees que me importas? ¡Ay, ilusa, sólo me importo yo y mis necesidades! ––dijo, y mi muerte llegó como un hálito.
Por mi follamos cuando quieras, […], ¡maldita!*



Y porque no puedo esperar más a que la leas, o ha leértela yo:

EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA, Federico García:

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.


Y para aliñar la cena, ya que no tenemos tejo, pues a Dolly o a Joaquín, pero con “Cuando era más joven”.


*Creo que me ha quedado incompleto, pero no sabía seguir.


P.D.: Me ha aparecido una extraña cicatriz que me cruza el rostro de parte a parte, espero que no sea duradera, porque no tengo tantos poemas que me hagan llorar tanto como para borrarla con lágrimas. 

P.D.2: Lo siento, no era/estaba en mis expectativas encontrarte. 

5 comentarios:

  1. Una vez me dijeron que hay besos más poderosos que los más feroces torrentes de agua. Yo, al menos, no sobrellevaría ver tu alcoholizante semblante tan vilmente rasgado por cualquier hálito de muerte, ni aún por el silencio, aunque sé que esto último es algo egoísta, espero que puedas eximirme dadas las apocalípticas circunstancias en que me descubro.

    La melancolía y la observación me han demostrado que aquello que se espera jamás llega, y si creemos que lo hace, siempre es un ardid embustero. Por eso no sueño ni hago peticiones a la vida, sino que me mantengo atenta para tomar lo que ella estime apto darme. Aunque suelen ser presentes odiosos, a veces hace que la aprecie por encima de todas las cosas.

    P.D.: Nunca he visto gangrena en tus manos, pero sí un bálsamo afortunado contra el frío.

    Todo fueran ellas...

    Me quedaría a vivir entre tus dedos.

    ResponderEliminar
  2. Yo en los besos me pienso la fe y la creencia, porque hay besos de azufre y ácido que desgarran la garganta cuando son besados. Y del silencio puedo eludirme, pero sigue siendo mi deseo más profundo, él y la luz se hallan en extremos opuestos de mi futuro, y será el uno o la otra.

    Yo a la vida le sigo pidiendo, "porque aún no les enseñaron que ya es demasiado tarde", aunque sienta pesados los féretros. Le pido tanto que me ahogo en lo que no me da, y terminaré en el fondo del mar.

    Y mis manos son gangrena o bálsamo con la misma frecuencia, lo que pasa es que para ti me niego a mostrar mis enfermedades. Normalmente sólo lo dejo para mí...

    ResponderEliminar
  3. A mí me dicen siempre que al final del túnel está la luz. Yo me río de eso como si fuese un comentario irónico e infantilizado, pero ahora me veo pensando que sea verdad, en algunas personas, por lo menos, me niego a pensar que jamás encontrarías la luz...
    El mar...el mar es asesino, pero hay algo en él de purificador. Como una hoja arrancada para permitir el paso a otra nueva, el estoico oleaje.
    Aunque suene abigarrado, es cierto que desde siempre son las enfermedades y patologías lo que me dan cierto impulso, ya que la escabrosa imposición de vivir suele ir acompañada de un paisaje monótono colmado de estupefacientes, materializados en sanas figurillas de cera y plástico, pero humanoides. Si rompieses esas normas y dejases entrever toda esa podredumbre, sería un ser afanosamente seducido!

    ResponderEliminar
  4. No, no habrá más podredumbre, o te seduzco sin ella o no te seduzco, pero la podredumbre se queda en casa.

    Y la luz, no sé si conseguiré encontrarla, a veces no la quiero, no la necesito, ¿para qué la luz? Y otras sí, pero que no se te olvide para qué necesito yo la luz, que es lo más importante. Y el mar, el océano me tiene que tener manía, porque hace años que no bajo a verle y me entrego a sus sin límites...

    ResponderEliminar
  5. No estoy segura de saber para qué quieres la luz, cuánto menos recordarlo.
    ¿Con "más podredumbre" quiere decir que ya la hubo y le negarás el más? Está bien, no seré yo quien les quite del cobijo hogareño a tus gangrenas XP
    Yo también me creía entregada a los sin límites de la sabana castellana y quedé tan amorfa que ahora no tengo modo de ser algo en ella, y tampoco entre las esperanzadoras vastedades oceánicas.

    ResponderEliminar

Miríadas de sendas desde el Abismo