lunes, 7 de abril de 2008

Hola, he vuelto. Después de tanto tiempo volvemos a vernos. No sé que contar ahora porque no me encuentro con ánimos de desvariar aquí, cuando llevo todo el día desvariando yo solita. A veces pienso que debería ir a un psicólogo, pero consolaos con saber que son muy pocas. Porque luego me planteo a mi misma los motivos y me doy cuenta de que son sólo los que me impone la sociedad (que este mal visto hablar en voz alta con uno mismo no quiere decir que deje de hacerlo, y menos cuando estoy en mi casa) Pero paso de rayarme con esto pudiendo hacerlo con otras cosas mucho más placenteras. Porque, tachán, tachán... Señoras y señores me ha vuelto a pasar (iba a decir que me he vuelto a embelesar tontamente de mis propios personajes o de ajenos, pero como se me suele pasar en algunos meses así que no es tan sorprendente): es que ahora recuerdo los sueños que tengo con más o menos claridad (será por suplicar a los Señores del Caos y a Mr. Sandman antes de dormir). La cosa es que los sueños que he tenido me han hecho pensar sobre algunas cosas y me doy cuenta de que están más olvidadas de lo que me atrevía a imaginar (¿--?). Y los demás, pues que cambié de plano y me fui a las fiestas, volví a irme de viaje y a albergues y soñé con un personaje del que espero tengáis noticias en poco tiempo.

Alé, pues por hoy nada más, que todavía tengo que estudiar, ducharme y leer para clase antes de dormir y son las once y media. Que os vaya bien y os guste el texto.

“Las gélidas aguas tocaron su cuerpo. Abrió los ojos y vio una tenue luz brillando en el fondo. Comenzó a nadar prestamente hacia ella, haciendo esfuerzo incluso con sus pies atados. La cuerda le cortaba la circulación en los tobillos, pero si no conseguía la runa habría perdido todas las posibilidades de convertirse en Siervo de la Mar. La respiración le faltaba y aún no había cogido la piedra. Siempre supo que el mar la mataría, una certeza que la acompañaba desde que a los once años estuvo a punto de morir ahogada. La sanadora de los Gudoass, la había salvado y por eso el mar quería su precio. Una esclava le contó que el océano la protegería hasta que se cobrara el valor que exigía, y no dejaría que muriese antes de lo que él quisiera. Lo consideraba un viejo amigo; y le imploró por su vida, sino era ya la hora que la predestinaría a otros Orbes. Aparte del Espíritu deudor, al único que era capaz de adorar era al mar, a las aguas saladas que bendecían a su pueblo con la mayor de las desgracias. Alcanzó la luz y arrancó de la esfera el collar de cuero que desde su juventud la había acompañado. Con las últimas fuerzas se impulso a la superficie, poniéndose el cordón por la cabeza.

Emergió tomando una bocanada de aire. Notaba el gusto a sal, pese a que no recordaba haber abierto los labios. Puntos brillantes le impedían agarrar la escala que pendía hasta ella desde la cubierta. ––La prueba aún no ha terminado,––pensó––aunque lo más difícil ya haya ocurrido. Centró su mirada en las cuerdas anudadas y salió del agua. El aire helado azotó su cuerpo desnudo y soltó un grito ahogado. Sólo imaginar el cálido tacto de las ropas de cuiel, consiguió hacerla avanzar. No importaba si le ponían su antigua capa o la de Siervo, estaría calentita. Incluso la idea de fracasar en su tarea le daba la esperanza de viajar de nuevo con Valagiur, y volver por el equinoccio, como había hecho durante casi diez largos y fructuosos años.

Al llegar a cubierta vio toda la tripulación mirándola en silencio. Si no hubiese estado tan aterida de frío se habría percatado de la imagen que presentaba, chorreando agua por todo su cuerpo. Observó con la cabeza alta a los cuatro Siervos del Mar que acompañaban a su hermanastro, y a los siete de la Tierra. Todos evaluaban su actuación, y aunque debería hacer tenido una actitud más dócil; deseaba tirar al mar a aquellos desgraciados que la juzgaban. Dio un paso adelante, retándolos a emitir su veredicto. Su hermano, y ahora también padre de los Deikierin, se acercó a ella, con su capa negra del norte bajo el brazo izquierdo (un pequeño regalo tomado de un cadáver) y una azul noche bajo el derecho.

––Hioenoa, hija de nadie e ilegítima del antiguo Señor ––su madre había sido esclava, su nombre no tenía importancia. ––Aquí tienes un camino bifurcado.––dijo tendiendo ambos brazos. ––Será tu elección. Pero los dos exigen pequeños sacrificios. El primero te devolverá al pasado y presente, que podrá continuar siendo tu futuro. El segundo, te entregarás al Padre, y te arrodillarás ante él, por ser tú señor.

Esto la sobresaltó. Ningún Siervo tuvo que postrarse ante el jefe de la tribu, ni siquiera los hombres libres; le debían lealtad y respeto, pero no sumisión No sería diferente con ella, jamás se había sentido tan denigrada por su pueblo. Entonces recordó a su verdadero Señor, el que le entregaba la vida y podía quitársela. Dándole la espalda a su hermano, cayó en hinojos frente al horizonte. Un murmullo se propagó por la cubierta.

––Me arrodillo ante mi único Progenitor, que me dio vida y decidirá cuando quitármela. Le entrego todo lo que poseo y si lo desea que lo tome ahora, por ser mi señor y yo su sierva.––dijo en voz alta, intentando repetir las palabras exactas que había dicho el jefe. Sintió como alguien se acercaba y le tocaba los hombros levemente. Notó en peso de una capa larga sobre ella, demasiado suave para ser la de montaraz que ya había utilizado.

––Alzate como legítima Sierva de la Mar, Hioenoa, hermana.––dijo su hermano con la misma voz profunda y solemne de antes.

Se levantó despacio, e inclinó imperceptiblemente la cabeza a la gran masa de agua grisácea a la que serviría de ahora en adelante. Al girarse soltó los extremos de la capa, y miró a los ojos oscuros de su hermanastro, y ahora también hermano ritual.

––No te agradeceré lo que he conseguido por mis propios medios, pero te aseguro que nadie tachará mi lealtad para con los Deikierin.

––Jamás pensé de ti otra cosa.––señaló, sonriendo levemente.”

26/I/08

P.D.: “Cada uno interpreta su papel, y el mío es triste” W. Shakespeare*

*Esta es una antigua costumbre del fotolog que quiero retomar, era poner alguna cita que tenga escrita en el cuaderno rojo o alguna frase de esas que se dicen por la calle y te ríes de ellas, que al final terminaba poniendo. Al igual que también en el fotolog contaba cosas como las del principio, lo que llamo, amistosamente: desvaríos cuando me gusta perder el tiempo. Que también pondré cuando me apetezca porque me gusta hacerlo. Que seáis felices ¬¬.

P.D.2: Al final he terminado delirando como nunca, lo siento.

5 comentarios:

  1. Jajajaja, vaya sueño el mío. Ya e pasó otra vez... Es estupendo, por fin algo con lo que imaginarlo

    (tenía que contárselo a alguien)

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  2. La paciencia siempre da sus frutos... Muchas gracias por continuar con la historia.. cada vez me gusta mas no lo dejes ;)

    Pese a lo que otros dirian yo creo que la tristeza, el dolor... o las dificultades forman tambien parte de la vida... y aunque no debamos aferranos a ellas ni adorarlas si creo que a veces biene bien aceptarlas y aprender de ellas...

    Huy... como a sonado a sermon eso.... solo una muestra de que yo tambien deliro XDDD como estoy segura supondras..

    Bueno espero no haberme escedido en este post.. me gusta mucho leerte :) y la idea de la frase o cita me parece lindisima XPP

    Nos vemos dentro de quince minutos ;) ....(escribiendo desde casa de Seerduck)....

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  3. Soñaste con Easyr, el primero, para que no se te olvide.

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  4. No, fue con Easair, el otro vino después.

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  5. ¿Seguro que fue con Easair?? No sería con el hermanito de Ginnéal...

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Miríadas de sendas desde el Abismo