viernes, 27 de febrero de 2009

¿Paciencia III?



Pudo oír como se movía. Estaba casi seguro de que se refugiaría estúpidamente en la esquina más oscura, donde la tenue luz de la bombilla se quedaba en la columna. No evitó un suspiro de hastío mientras recordaba el último encuentro, tan infructuoso como todos los anteriores. Sumergirse en su tortuosa mente era cada vez más difícil, salir de allí, casi imposible. Era realmente un ambiente oscuro, insano para cualquier psiquismo lúcido, caótico y destructivo. A veces le costaba encontrar la salida en aquel laberinto de opresivas nieblas y frenéticos movimientos. La parte que más gracia le hacía era que ella también vivía de continuo en ese devastado lugar desde hacía mucho más tiempo del que llevaba con él, o contra él, y no parecía estar sufriendo las consecuencias. Ahora sí, pero le gustaba imaginarlo como un oscuro abismo al cual ella se precipitó después de que le mostrara el camino. Y a ese oscuro lugar debía llegar él ahora, a lo más profundo. Ningún individuo equilibrado y cabal lo soportaría, pero tenía que hacerse.
Como la encontró en su preciada esquina. “Sorpresa”––pensó, risueño. Dejó el plato de legumbres sobre la mesa y la contempló, expectante. Pudo ver como lo miraba de reojo, desconcertándose a sí misma por el gesto. Se estaba protegiendo tras su antes lustroso cabello negro, con las rodillas encogidas y la cabeza entre ellas. Tenía un aspecto patético. Los únicos sonidos eran su respiración entrecortada, el goteo de agua en algún punto del exterior y el segundero del reloj en pared, que tenía la mala costumbre de atrasarse. Sonrió, realmente le gustaba aquel reloj, le hacía buenos favores. Con otros solía ser suficiente, el peso del tiempo, si lo acompañaba con visitas a horas intempestivas. Se apoyó en la mesa, con las manos en el borde y las piernas cruzadas; esperando que las fuerzas la abandonasen y volviese a mirarlo, con esos ojos tormenta húmeda que no se decidían a llover. Una pena. No lo hizo en treinta segundos. Esperó otros sesenta. ––Ven aquí. Le pareció que sus temblores aumentaban. “Joder, hoy está tonta”––pensó mientras daba tres zancadas, que le colocaron a su lado.



P.D.: ¿A qué no sabes quién está en este momento más feliz que un niño con zapatos nuevos de los de antes? YO!

2 comentarios:

  1. mmm esto cada vez se pone mas interesante XDDD.... ale ale a por la continuacion ^^

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  2. Es el mejor plato de legumbres que has comido en tu vida. XD

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Miríadas de sendas desde el Abismo