martes, 24 de febrero de 2009

Que de follarte en sueños, estoy cansado

Ya llevó días buscando continuación a esto, no la encuentro. Todos, mejor dicho, cualquiera está invitado a continuarla...


Era la espera continuada lo que la mataba día tras día, momento tras momento. Cada uno de los desnudos que mostraba el reloj, cada vuelta del segundero que hacía que el tedio aumentase, proporcional a la disminución de su seguridad. La bombilla se movía indecisa sobre la mesa de metal rasgado, reflejando su luz en las paredes descascarilladas. El lugar era húmedo, casi podía notar como tragaba agua, a grandes bocanadas. No era una sala de interrogatorios, era la única certeza que conservaba

P.D.: El título del post es de una canción de Carlos Chaouen, Piel a tiras.

1 comentario:

  1. , mientras todo lo demás se iba desvaneciendo más y más con cada pulsación.

    El mismo hecho de estar viva se le hacía difícil de creer tras los interminables días que llevaba ahí dentro. El hambre la comía por dentro, y la sed, aún más acuciante por la sensación de estar rodeada de agua, evaporaba su consciencia.

    Su barbilla, hundida en el pecho por el peso del cansancio sobre su nuca, temblaba, ya seca su boca de salivear, y agrietados sus labios de relamidos y mordisqueados.

    Con mirada desenfocada bajo mechones de su desgreñada melena azabache, y sostenida por ojeras profundamente marcadas, buscaba la puerta, incapaz ya de levantarse e intentar forzarla, como había hecho desde que estaba allí...

    Pero escuchar el chirrido de la llave desde fuera, como en ese mismo momento, había sido un sonido esperanzador únicamente la primera vez. Las siguientes, sólo presagiaba dolor... tanto dolor...
    Se alejó de la puerta, cayendo al suelo de cansancio, intentando llegar a la esquina más alejada con expresión horrorizada mientras imágenes de la tortura más cruel a la que se había visto sometida su lucidez regresaban a su cabeza con cada nuevo arañazo que imprimía en los azulejos del suelo, arrastrándose con las piernas inútiles, que sentía de mantequilla, y, extrañamente, de plomo también.

    Oyó el tintineo metálico que se produjo cuando dejó el plato sobre la mesa, y un vistazo se le escapó por el rabillo del ojo, traidor. Allí estaba él.

    Gimió, aterrorizada, mientras a sus fosas nasales llegaba el olor a comida, y notó que babeaba de hambre, aunque logró resistir la tentación, y llegar al rincón mugriento, de donde cada vez había sido arrancada con la misma facilidad.

    (no sé terminarlo)


    Gran principio ^^.

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Miríadas de sendas desde el Abismo