domingo, 10 de mayo de 2009

Romanticismo



El otro día, cuando volvía al cole, me acordé de los recreos del primer trimestre. Los recuerdo mucho mejores que los de ahora, yo iba toda feliz a postear y entrar rápidamente en todos los blogs. Si había algún texto interesante que no me daba tiempo a leer lo imprimía y me iba contenta. Ah, y también saludaba a la gente que estaba en gmail. No sé, eran diferentes. De hecho, me acuerdo de un día soleado que estaba en el ordenador de la entrada, ya casi terminando mi visita cuando me saludó Fuego y me dijo que había entrado sólo para verme.

No sé de donde viene este pesimismo que me invade, por el cual siento que todo tiempo pasado fue mejor. Incluso recuerdo con añoranza mi curso de 2º de la Eso, con mucha más añoranza de la que de verdad le corresponde. He cometido un fallo que creo irremediable, ya para siempre; y aunque una de mis máximas es “no te arrepientas de lo que no puedes cambiar”, no puedo evitar arrepentirme de eso, pese a los buenos momentos. Creo que lo único que he hecho desde febrero ha sido un parón para dejar de pensar, que ahora vuelve de nuevo. Pero bueno, que le voy a hacer, es todo una gran castaña pilonga (y cuando digo todo, es TODO).

Ayer, mientras estaba en la cama, intentando escribir algo, me salió que estaba enfadada con el mundo, por irse. Luego me di cuenta de que realmente estaba enfadada con más de un mundo, también por irse. Ahora, la conclusión es que estoy enfadada con todo el Verso y punto pelota (bueno, la primera conmigo misma).

También ayer por la tarde, alguien me preguntó que cuando iba a abrir el Abismo, y también me dijo que tenía mono de mí. Gracias a esa persona por el cumplido, del que no me pienso merecedora, pero todo esto viene porque me hizo pensar.

Es inútil decir que yo no tengo mono de algunas personas (yo digo enchochar, pero también me sirve), de hecho, generalmente es lo único de lo que suelo tener ganas (si esto os ha llevado al campo sexual, salid de ahí ya). Ahora mismo no me pasa, o por lo menos no de alguien de quien pueda permitírmelo, quizá un leve estado apetitivo creciente es el único medianamente tolerable. Lo que me apetece es algo, y no alguien, algo que no tiene rostro ni nombre, pero que sé existente.

[...]

Me voy a la cama, esto esta tomando un cariz que no me gusta. Un beso.


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Miríadas de sendas desde el Abismo