Invierno. Caminábamos juntos por una calle mojada, mientras empezaba a llover con más fuerza. Era una calle bonita, por la que ya hemos paseado juntos sin lluvia. Entramos en los soportales, casi vacíos, mientras me contabas cualquier irrelevancia que me hacia sonreír. Miré como arreciaba en la plaza, que también se había quedado vacía. Estuve tentada a tirarte de la mano para que saliésemos bajo aquellas aguas frías con las que tanto había soñado. Tú seguías hablando, andando con la mano sobre mis hombros, inconsciente, tal vez imaginando mis mismos pensamientos sin permitir que aflorasen en el brillo de tus ojos, donde sin lugar a dudas yo los hubiera encontrado. A cambio, retrasé mis sexuales instintos de desnudarte sobre el pavimento y hacer el amor tan salvajemente como ya lo habíamos hecho en aquel balcón. A cambio, volví a mirarte lento, a sonreírte entre la gente, para que nunca me perdieses. Y llegamos a nuestro destino, que no estaba y teníamos que esperar bajo la lluvia, ¿para qué paraguas? Corre detrás de él, nos llevaran a casa; pero pasa, sin que el agua chorreando en sus cristales le deje observar otra pareja enamorada. Espera. Corre, esta vez nos verán, ellos ya no están tan enamorados. Mamá, ¿puede...? Monta, vamos a casa. (Allí te follaré el amor bajo mil lluvias, pero no lo digo, lo pienso y te lo suelto a escondidas.) Dame la mano, no quiero que te vayas. No puedes, estás conmigo. No había espacio para mí, sólo para ti. No sonrías, me harás sonreír. Te quiero, pero no te lo digo, te lo pienso. Cuando quedamos no llovía. No era invierno. En qué momento cambió de estación el mundo. Yo te quiero en otoño. Lástima. No importa, estás aquí. Me río mientras pregunto. Ahora no te veo, pero te siento en el asiento de adelante. Ahora te veo. Mirar a través del cristal. Vamos a casa. A mi casa. A tu casa. No tiene importancia, tú eres mi casa. Pero vamos a comer a casa. Estás conmigo. No me lo creo. Pero estás, eres verdad. Es cierto. Somos de verdad. No importa. En mi cama se está calentito. No me hables, si me hablas no le veo. Estoy feliz.
Cuando alcé la mirada otro me miraba desde las alturas y me encontraba dolorosamente sola.
Me gustaría que alguien más contestase a la pregunta formulada en la entrada anterior, así que si no lo has hecho y piensas hacerlo, te lo agradezco.
P.D.: Esta entrada la escribí el domingo por la mañana, pero ayer me fue totalmente imposible colgarla.
P.D.2: Lo mío con el de la biblioteca ya pasa de castaño oscuro. También pasa de castaño oscuro que siempre tenga que aparecer alguien de la familia para jodernos nuestros momentos.
... yo también los odio...
ResponderEliminar... pero me ha sido tan dulce viajar por el tuyo...
Saber que estás ahí, sin sentir tu presencia... Pensaba que era un loco soñador, que mi imaginación volaba demasiado alto y que el día menos pensado caería en picado sin nunca alcanzar el fondo. Pero me equivocaba. Tu estabas allí, dándole alas a mis pensamientos, manteniéndolos en el aire sin apenas esfuerzo. Tú eres quien a veces me sorprende, otras me sobrecoge, algunas haces que sonría de tal manera que es vana cualquier resistencia.
ResponderEliminarAlgo que nunca pensé que ocurriría pasó...y me pilló desprevenido. Nadie me advirtió que me sentiría tan bien, y sin embargo sé que puedo llegar aún más lejos...y sentir lo que nadie alcanzó.
Escrito una medianoche de otoño, dejandome llevar...
No creo que más dulce de lo que fue para mí. Supongo que salir de él no te habrá dejado el mismo gusto a corrompida melancolía en el fondo del estómago con el que desperté yo. Me alegra que viajar por mis pesadillas te sea placentero.
ResponderEliminarHermosas palabras con las que has honrado mi hogar, KuroSam. Eso de que hayas vuelto tras tanto tiempo y dejes estas cosas casi parece un lujazo XD. Me alegro que cuando te “dejas llevar” salgan pensamientos tan luminosos, las medianoches a veces son fructíferas... Gracias de nuevo, me han encantado tus palabras.