Y la prisa nos urge al ver las heridas, que estando no tendrían que estar, pero ignoramos, y la prisa por palabras incomprensibles que desatan la carrera. Catedrales oscuras, inacabadas e inacabables socavan sus entrañas por puertas secretas y ruidos silenciosos. Y el mal presentimiento se ahoga en la compañía, en la imposibilidad de la caída, en la inexperiencia. Los dados ya están lanzados. Y teniendo más posibilidad, caigo antes, en la huida imposible de nadie, oscuro callejón. Corazón que se sorprende por vez primera y tiembla en el café, deseoso de seguir. Venenos confundidos que aciertan incomprensiblemente; madera que apaga el reloj y paraliza el segundero. Nuevos enemigos, conocidos ya, se hacen visibles entre las sombras. ¿Por qué extrañeza?
Y el cementerio se persona. Antigua cripta sellada con sangre de inmortal. Y se confunde el cuchillo y acierta, por segunda vez. Pero falla la tercera y cambia de rojo otra vez, sólo encaja el gris. Bajo mundo. Y comienza el mecanismo, otra vez giran las ruedas del reloj de sol. Y renace entre las sombras, sin que nadie lo impida, sin que nadie se decida a arreglar el mal pasado, y su decisión consiga algo. Tareas sin finalizar. Sonidos de bienvenida y viejos encuentros. Y se marcha, camino hacia la luz, llevándose consigo a la luna, sin permiso. Y oriente y occidente le acompañan. Y el sanador se retrasa y vuelve a dar cuerda al reloj ruso, disculpa antes de abandonar. El movimiento se preserva y regresa a lo inmóvil, que busca herido el camino de vuelta.
Y retornan otras noches, de vuelta al principio donde nada queda en su sitio, se inunda con aguas de mil grifos. Se escurre entre las paredes y rompe hogar desconocido, libros mojados con olor a humedad, sin sentirlo hasta más tarde. Y quedan en cirílico primeros pensamientos, y se aqueja de dolor la calle abarrotada y él que huye, de vuelta a casa.
Y no duermo, y me aqueja el sueño, por primera vez, y sin dormir me levanto sola por última vez. Y vivo de expectativas y nuevos amores que ya no son tan viejos, y me acompañan. Y queda el resto, de un segundo y medio que se evapora en diez. El azar devuelve favores, y Barcelona atardece de nuevo.
Dos años ha, SF
P.S.: Y el tiempo sigue pasando, y si me prohíbes temer su habitual discurrir, ¿qué haré entonces con mi memoria?
P.S.2: Como es obvio que no esperaba tal aluvión de comentarios, y este post lo he escrito esta noche, ya os contestaré esta tarde. [No sabéis como me emociona ver nuevos comments. Gracias.]

Mi Dama, mi Oscura-Luminosa Dama, yo haría preciosas piedras de dorado ámbar para sellarla para siempre, y así dar constelaciones a Los Perdidos...
ResponderEliminarSoy el Anonimo II y esta es mi pista:
ResponderEliminarQue dolor de antepeúltimo párrafo.
(sin contar las P.D)
Señor bibliothekario Gildûr Elheazar, si hacéis lo que deseáis hacer, yo me quedaría para siempre encerrada en esas piedras, sin posibilidad de olvido o guía. Permitidme dudar de que Los Perdidos puedan encontrar placentero camino en ella, ya que yo no hago otra cosa que transcurrir sin delicadeza.
ResponderEliminarAnónimo II, lo primero, he de decir que he leído este comment después de contestar al otro. Lo segundo, me tienes totalmente perdida. ¿No te ha gustado mi antepenúltimo párrafo? (De ahí que digas que es un dolor, ¿quizá?)
Eso, o eres V, no lo sé. Pero sigue con las pistas, si no te es mucha molestia, que tendré que pillar alguna (alguna vez... ¿A lo mejor conoces mi legendaria perspicacia?)
Solo dire: "Gracias"
ResponderEliminarSeñora del Mundo, vos no tenéis nada que agradecer...
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