jueves, 26 de noviembre de 2009

¿Y qué escribo yo sobre la Navidad?



Hoy ha sido un día mejor... Aunque me sienta fatal dormir más de cuatro horas, comienza a ser un hecho consumado... Resultó que el tiempo no se dejaba de caer tanto como yo pensaba. Realmente no sé por qué he escrito eso, si el tiempo no me da nada más que disgustos.



Y dentro de una semana... ¡Diarios en el Alcaraván! (de tanteo)



P.D.: No me gusta que mis asuntos sean de dominio público, y menos de dominio público familiar, pero parece que no dejo (ni dejan) de abrir la boca más de lo necesario.



Como llevo todo el puto día con estos versos en la cabeza pues es lo dejo aquí.

"Y le pasó (a Kafka) lo que a mí,
se separó
fue demasiado lejos en la soledad
y supo -tuvo que saber-
que de allí ya no se vuelve"



Cuando el mundo reza yo recito versos, y me quedo con las mañanas frías que no pasan. Y me espero con muchas ganas el paseo matinal del sábado, y creo que voy a bajarme antes. El problema es María... (aunque a lo mejor me vale Ale, ¿quién sabe?) Pues nada más. Me sentía obligada a postear algo después de lo de ayer, no sea que aparezca alguien nuevo por aquí y no se pueda enamorar de mí porque lea cómo despotrico XD

(loading "invocación"...)


P.D.2: Premio a quién me diga de quién son.

9 comentarios:

  1. Me suena a Juan Ramón Jiménez, pero no recuerdo si tenía algún poema de Kafka...

    Aún así, ¡no escribas sobre la navidad!¡Malo!¡Caca!

    Bueno, ¡me da igual!¡escribe lo que quieras!¡Eres absolutamente IMPOSIBLE! >___<

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  2. Me suena a alguno del 14, o incluso del 98, ¿Antonio Machado, quizá? Arrrgh...

    A ti te gusta mucho Vicente Aleixandre, pero no me lo imagino escribiendo eso, no sé por qué. Vicente Aleixandre es más vanguardista...

    ¿Es de Juan Ramón Jiménez?

    Sabes que voy a estar pensando todo el día en el poemita de los cojones, ¿verdad? ¬¬

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  3. Lo primero que sintió fue un dolor de cabeza como nunca antes había
    sentido. Gruñó, y notó movimiento a su alrededor. Se dio cuenta de que
    no podía moverse, ni siquiera abrir los ojos, y le invadió el pánico.
    ¿Dónde estaba?¿Qué estaba ocurriendo?
    Notó el sudor recorrer su frente, e, incapaz de resistirlo, se orinó
    encima de miedo. Oyó exclamaciones de asombro y voces apagadas
    susurrando.
    - ¿Está sudando? - murmuró una voz infantil y suave con un tono de voz
    que delataba inquietud.
    - ¡Acaba de mearse en los pantalones! - gruñó otra, más ronca y grave,
    con incredulidad.
    - ¿Qué coño es lo que le han hecho? - inquirió una tercera, femenina
    esta vez, con una ferocidad que él jamás había percibido en nadie.
    - Creo que no es Ruphus, que nos hemos equivocado - sentenció la voz
    grave - Es sólo un humano que se le parece. Matémoslo.
    - ¿Te has vuelto loco de pronto, Ígor?¡Pues claro que es Ruphus! Su
    olor es inconfundible, aún con la peste a humano ahí en medio - la
    mujer sonaba autoritaria, ahroa.
    - Su mente también tiene los mismos ecos que la de Ruphus, aunque hayan
    cambiado todo lo demás. Esperad sólo un momento... - la voz infantil le
    pareció estar cerca, muy cerca, y sintió unos dedos cálidos presionar
    sus sienes. El pánico volvió a inundar todo su cuerpo. ¿¡Qué le estaban
    haciendo!? - Está despierto... debo actuar rápido...
    Recibió un latigazo, o algo similar, pero mucho más fuerte, como si
    hubiesen utilizado un camión para golpearle durante un instante, en la
    nuca. El dolor y la sensación de tener media cabeza aplastada le
    llevaron casi a la locura, y gritó, como nunca antes lo había hecho.
    Todo su cuerpo sufrió una corriente eléctrica y se incorporó, abriendo
    los ojos y alzando los puños cerrados con nerviosismo. Sólo entonces
    vio la escena.
    Había cuatro figuras a su alrededor, y, tras un instante de pasmo,
    reconoció a tres de ellas. La mujer de melena castaña, el gigante rubio
    y el joven pálido. La cuarta pertenecía a un hombre de edad media con
    una lacia melena negra peinada hacia atrás y brillante por la gomina,
    con una cicatriz que le partía en dos el labio inferior y bajaba por su
    barbilla, después rodeaba su nuez y se internaba bajo la camiseta negra
    que llevaba puesta. Todos lo observaban fijamente, con el ceño
    fruncido.
    El muchacho alejaba las manos de su cabeza, expectante, y él supo que
    el dolor, y la confusión que le embargaban, eran culpa suya.
    El pánico fue sustituido por la rabia, y saltó sobre el joven
    quinceañero desde lo que parecía ser una cama de piedra, sólo para caer
    al suelo y descubrir que no tenía ningún sentido del equilibrio.
    Todo daba vueltas, y empezó a ver borroso.

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  4. - Qué me habéis hecho - rugió.
    Intentó rugir.
    Sólo balbuceaba, escupiendo sobre el suelo.
    Se encontraban en una estancia circular, de altas paredes de piedra, con un suelo de baldosas y columnas agrietadas llenas de relieves. Una única puerta iluminaba la habitación a oscuras, pero no podría llegar a ella. Apenas era consciente de sus piernas, y el grandullón, ese tal Ígor, ahora que empezaba a recordar, estaba junto a ella.
    Poco a poco, el dolor remitió, y algo nuevo surgió en su mente. Algo fuera de lugar, pero familiar, a la vez. Como si todo lo que le hubiese pasado ese día hubiera estado mal, o sido un sueño, y empezase a despertar.
    No se llamaba Michael McCann. Su nombre era Ruphus, a secas. Eso era todo lo que había cambiado, pero era un cambio radical, y MUY significativo.
    Porque ellos le habían llamado Ruphus.
    Y ya no tenía nada claro.
    El joven, a su lado, cayó de rodillas, y empezó a jadear.
    - ¿Marcus? - la mujer (Selene, se llamaba Selene, su mente lo recordaba, y eso le provocaba vértigo, porque sabía que debía saberlo, que era algo que sabía desde hacía mucho tiempo, pero no recordaba haberla conocido antes de esa noche) parecía preocupada, y se agachó junto al chico - ¿Qué te ocurre?
    - Es... es... difícil... - el muchacho hacía muecas de dolor, y parecía estremecerse de dolor, como él mismo. Vio que lloraba. Oyó un gruñido viniendo del gigantón, y un silbido del hombre de pelo negro. Ambos sonidos expresaban sorpresa. Selene lo observaba con fijeza, con esos ojos castaños suyos que tanto le gustaban... no, que le habían penetrado como espadas horas antes. ¿Qué le ocurría a su mente?¿Qué era real, y qué no?¿Cómo se llamaba? Gimió, de nuevo tembloroso de terror.
    ¿Quién era?
    - Ruphus... - susurró la mujer. Él supo reconocer en su voz el mismo terror que lo embargaba - ¿Qué te han hecho?

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  5. Así me gusta...

    No es de Juan Ramón, y no te acercas para nada con las generaciones, es MUY posterior...

    El IMPOSIBLE eres tú, simpático (con ironía ¬¬)

    Bueno, sigue pensando, de momento eres el que más cerca está del jugoso premio XD

    P.D.: Escribir sobre la Navidad es casi ineludible, de verdad. Encima tengo que escribirlo en plan meloso y sin personajes torturados y muertes y esas cosas... (que tanto nos gustan) XD

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  6. Ya que estamos haciendo trampa, que sea trampa para todos:

    -Es mujer (que no son tan comunes en poesía ¬¬)
    -Es unos 40 años posterior a la Generación del 27.


    P.D.: No he dicho nada más, que conste XD

    P.D.2: William, no había visto tus posteriores comments, como ya he dicho, cuánto tiempo! (XD)

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  7. .. está bien!!!
    no tengo ni idea...
    barajo ciertas posibilidades... pero no encajan del todo con las fechas...

    ( y creo que no sabes que significa que el orgulloso Gildur diga esto)

    y ademas necesito esos...
    diarios del Alcaraván....
    y ya es 1 de diciembre...
    ¿O acaso pensáis mi oscura Dama que no he contado los días?

    ^^
    está bien..
    una última cosa: ¿Que os mantienen alejado del lado maldito del mundo? ¿Que os obliga a cantar a la navidad, la época oscura del año, en tono melindroso?

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  8. Jaaaa!!!!

    ¡Lo encontré! Yo sabía que había leído esos versos pero tu pista me despistó. ¿Cómo pude dudar si quiera que eran de otra? Tan cerca me hablaba. Aquí donde el dolor palpita y la sangre canta al esquivo deseo del dios...

    y es que estoy muy lejos de mis libros...

    .. perdona este olvido que me tiene... Alejandra Alejandra Alejandra...

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  9. Por supuesto que eran de Alejandra, Alejandra Pizarnik, William, ahora ya poseeis el conocimiento. Nunca pensé que no lo averiguaséis, Gildûr.

    En cuanto a los Diarios, aquí una semana sigue teniendo 7 días... XD

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Miríadas de sendas desde el Abismo