lunes, 12 de mayo de 2008

Domingo, 11 de mayo de 2008 (18:25)

Hola!! Espero que estéis bien sin necesidad de preguntar. Hoy es un domingo por la tarde la mar de aburrido. Me he despertado pronto sin querer y la mañana tampoco ha dado mucho de sí. Por cierto, he decido que pondré el día que escribo y la hora, así que no os fiéis de la hora de publicación, que los post me los traigo preparados de casita ^^. Bueno, después de estudiar algo y empezar el resumen para literatura, me he puesto a limpiar el teclado tecla por tecla, desmontándolo todo (me estoy cagando en todo porque no he colocado bien la barra espaciadora). Luego he demostrado ser gran maestro en el manejo del Paint al modificar una fotito. Y más o menos es ahora mismo. Tengo buenas noticias si eres de los que te caen bien los acaparadores de mi blog (si te caen mal te jodes y vuelves por aquí en cinco entradas), y es que escribí ayer otra parte. Por cierto, tengo que admitir que estoy completamente de acuerdo con Gildur sólo que en bastante mayor grado, también me detesto. Creo que lo entenderéis en unos pocos días... Bueno, pues nada más. Que los dioses os sonrían.

“Estaban sentados en una mesa pequeña, esperando el estofado con guisantes y la cerveza. El fuego de la chimenea caldeaba la sala común de alto techo. Una muchacha bailaba en un escenario al son de una flauta de madera y un tambor. ––Tiene bonitas caderas––pensó Valagiur, mientras la miraba de reojo. Hioenoa se sentaba a su lado y la contemplaba sin ningún pudor. Posiblemente en un rato comentaría sus virtudes con él, si el tema de conversación no la satisfacía. La posada estaba abarrotada de parroquianos aunque muchos de ellos comenzaban a abandonar sus mesas y subían a las habitaciones. Con seguridad la comida estaría fría, pero no se podía pedir más cuando la pedían tan tarde. Habían cabalgado todo el día esperando llegar al pueblo antes de que anocheciera. Después de dos semanas durmiendo a la intemperie lo que más le apetecía era un colchón y dormir de un tirón, sin necesidad de guardias. Una camarera dejó en la mesa dos platos rebosantes de estofado y sendas jarras.

––Gracias.––le dijo, y ella le contestó con una amplia sonrisa, mientras reía de manera estúpida y se marchaba contoneándose. Eso le sobresaltó, no entendía como podría ocurrírsele hacer tan clara invitación cuando otra mujer se sentaba a su lado. Hioenoa soltó un bufido y comenzó a dar cuenta de la carne. Sino llevase seis días de tan malhumor le habría insinuado que invitase a la muchacha a su habitación.

Más de una y dos veces la encontró en los burdeles de Tirynar buscando alguna muchacha. La primera vez fue de la más embarazosa. Él iba acompañado por Bidk y Nalaos, cuando para su sorpresa en uno de los divanes la encontró semidesnuda con una bonita chica de piel morena y ojos castaños. Después de unos instantes Nlaos y Bidk se acercaron a saludarla, como si de un viejo amigo se tratase. Ella los saludó con completa naturalidad, incluso preguntó por él. En esos momentos Valagiur agradeció la penumbra del local.

Le había causado una fuerte impresión. Y era más bien por la posibilidad de que las inclinaciones sexuales de Hioenoa no tuvieran nada que ver con él. Más tarde se enteró de que tenía mucho que ver en dichas inclinaciones. Hacía casi dos años que comenzaron a frecuentarlos juntos. Era raro encontrar unos amantes que compartieran las chicas en los prostíbulos y a muchas les atraía compartir el lecho con una mujer de las tribus, famosas por sus juegos de cama. De momento no sabía de ninguna que hubiera quedado decepcionada. La verdad es que habían pasado seis otoños desde la primera noche que pasaron juntos y aún conseguía sorprenderlo de cuando en cuando. Sin quererlo recordó la noche en la poza. ––Me importa una mierda que tenga la sangre lunar. Si ella me ‘obligó’ a hacerlo durante su guardia, la tomaré para celebrar que la luna roja está menguante.––decidió.

Terminó el estofado y la miró con fingido cansancio.

––Me subo a la habitación. Estoy agotado. Hazme el favor de tener cuidado cuando entres, no te ‘comas’ de nuevo la pata de la cama.––le sonrió. Hioenoa gruñó y contempló el fondo de su vaso. Buscó con la miraba a la muchacha de antes y se acercó. Ella lo miró y cruzó los brazos en una postura antinatural. ––No tiene ni dieciséis años, sus pechos son pequeñas protuberancias, incluso intentando aparentar más.––pensó. Nunca le habían atraído las niñas. Ésta, con seguridad, sería la hija de algún pueblerino rígido que se opondría a que tuviese relaciones demasiado prematuras.

––Aquí tienes el precio de los estofados y las cervezas.––le dijo en tono neutro, entregándole una moneda de plata y cuatro de bronce. La chica no ocultó su desdicha. Pero a él no le importaba nada, por lo único que lo había echó era para intentar que Hioenoa le entraran algunos celos, pero no parecía haberlo conseguido. Subió las escaleras de madera hasta el largo pasillo con candiles. Abrió la puerta de la pequeña habitación y se sentó en la cama a esperarla. Las velas estaban apagadas y la única iluminación entraba por el ventanuco, alguna de las lunas claras estaría llena, creía recordar que era la pequeña. El dormitorio estaba un poco frío, pero al no haber chimenea era imposible hacer nada. Decidió no desvestirse para no privarla del placer de hacerlo ella.

Era algo tardé cuando oyó sus pasos en el pasillo. Se levantó en silencio y ando hasta la puerta. Cuando entró la sujetó por detrás, con las manos alrededor de su cintura. Ella se sobresaltó, pero a continuación acarició sus manos despacio. Valagiur comprendió, como por ensalmo, que no se comportaba con normalidad desde hacía tres o cuatro ciclos, y que la brusquedad venía como consecuencia. Se maldijo por no haberse dado cuenta antes, después de varios años con ella todavía no era capaz de saber lo que le inquietaba.

––¿Qué te ocurre?

––Nada, no te preocupes.

––¿Cómo no quieres que me preocupe, Hioenoa? Llevas varios ciclos así,...

Ella apoyó la cabeza en su pecho y suspiró. Valagiur la abrazó con dulzura y hundió la cabeza en su pelo. Permanecieron callados durante unos minutos, hasta que Hioenoa se zafó de sus brazos y fue a la cama, hasta que la tocó con las rodillas.

––Echo de menos un hogar.––musitó.

A Valagiur se le encogió el corazón y sintió la imperiosa necesidad de mecerla de nuevo y susurrarle con ternura. Incluso dio un paso pero la razón le obligó a detenerse. Sería mejor escuchar y después consolar, antes que no saberlo.

––Estoy cansada de nuestros vagabundeos sin rumbo. Dormir cada día en lugares distintos... Como ya te dije quiero tener un oeste al que regresar, para poder partir de nuevo.––prosiguió, apenas susurrando.

––Quieres volver con tu gente, ¿verdad?––musitó.

Ella se giró de repente, con los ojos anegados en lágrimas.

––No lo entiendes. No es mi tribu lo que añoro. Ya no sé que en que se supone que debo pensar cuando me acuesto. Hacia dónde conducen nuestros pasos... No lo encuentro, maldita sea. Pero no lo entiendes...

Nunca la había visto llorar y jamás pensó que lo haría. Entonces recordó un dicho de su tierra: “Todas las rocas tienen un lugar por el que rompen.” Decidió que los viejos secretos que ocultaba en el túnel de sus recuerdos debían salir ahora, para bien o para mal. No podía negar que confiaba en ella. Por primera vez en años estaba dispuesto a que alguien supiese el porqué de la desaparición del tan anhelado hogar.

––Sí que te entiendo. Te entiendo mucho mejor de lo que puedas llegar a imaginar.––vio como se enjugaba en rostro y le escuchaba con atención–– No tengo que regresar porque no puedo. Aunque a veces lo necesite de veras. Me gustaría mostrarte las montañas nevadas y los bosques dorados en otoño, que vieses como el cielo azul se refleja en las aguas cristalinas de los lagos. Pero no puedo, por mucho que lidien la Luz y la Oscuridad.––lo dijo con una voz apasionada que pocas veces le había oído. Hioenoa tuvo un presentimiento.

––¿Te desterraron?––le preguntó, dubitativa.

Valagiur la miró, y recuperó la sonrisa, que, sin embargo, tenía un matiz de tristeza.

––Más bien es un exilio involuntario.”

6/II/08

P.D.: “¿Conoces el lugar entre el sueño y la vigilia, ese lugar donde aún recuerdas los sueños? Allí es donde siempre te querré, Peter Pan.” Campanilla

P.D.: Con mono de Rel ^^

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Miríadas de sendas desde el Abismo