martes, 6 de mayo de 2008

Hola a todos después de tanto tiempo. Hoy el texto es corto (de hecho, es un texto de relleno, como los capítulos de las series y libros, para que no se diga), a si que espero enredarme con esto. Lo primero decir que Londres me pareció fantástica, al igual que Oxford, y que deseo volver pronto, quieran los dioses que en mejor compañía, incluso en soledad estaría mejor, creo. Pues visité el British, la National y el Museo de Historia natural. Del Bristish salí, bueno, pues salí, que no fue poco (no fue una buena salida, la verdad). La National no me dio tiempo a verla entera, pero babee todo lo que quise frente a los grandes: Turner, Constable, Friedich, Claude Lorrain... y muchos más que podría nombrar. El Museo de Historia Natural esta todo lo bien que quieras y más, con cosas muy impresionantes, pero sin duda me quedo con el edificio que lo alberga. Cómo me pudo gustar tanto no me lo explico, de verdad. He tomado valiosas ideas de él, bwahahaha... Realmente he tomado un montón de ideas de todo el viaje en general, desde posibilidades arquitectónicas para Xujekyo y aledaños hasta ropa para Huine, que seguro no utilizará demasiado.

También he aprendido a moverme yo solita en metro (me importa una mierda que sea fácil, me enorgullezco de ello). Fui a Forbidden Planet dando un rodeo de una hora por no seguir el mapa desde el principio. Pero la cosa no fue tan mal, ya que establecí contacto con los autóctonos de la zona (Covent Garden, para más exactitud) y practiqué mi inglés... y conseguí llegar, por lo que, no puedo quejarme. Allí compré un tomo de porno (que importe de manera ilegal, como me dijeron nada más regresar a tierras castellanas) y supplies for roleplay (véase, dados). También me saqué unas fotos con unos troopers muy simpáticos que estaban a la puerta, mira que eran simpáticos y el hombre de la puerta lo mismo. En otros lugares me pillé algunos libros en inglés que no creo que lea hasta tiempo después.

En Oxford disfrute mucho, y hay también hay que volver, aunque sea para tomar un café en The Eagle and Child (la única foto que hice salió mal). Cabe señalar que la primera vez que monté en avión estuvo muy bien, y que también he sacado ideas de ahí. Por lo demás no se me ocurre nada digno de mención, además de lo dicho. Comunico que se echó de menos a gente que se quedó en Salamanca, como bien consta en las crónicas que hice del viaje.

Nada más por hoy, aunque tal vez halla algo para dentro de algunos días. Un beso muy fuerte para todos.

Caminaba entre los puestos del mercado, sorteando a los transeúntes mientras miraba con atención todos los puestos de hierbas. Las matronas gritaban sus mercancías, en una algarabía que le molestaba los tímpanos. Phiglún era un lugar interesante para el comercio, un pueblo fronterizo entre Tirynar y Niozlar. Podrías encontrar los productos más inverosímiles si sabías buscar entre las callejas que lo componían. Aunque no lo conociese, la planta que necesitaba procedía de los Bajíos del Nacinie. Sólo le quedaban unos polvos de la mezcla y la tihnel era el ingrediente esencial. Se acercó a una vieja delgada que estaba sentada en una esquina, con un montón de cestas y barriles a su alrededor. Al verla llegar sonrió, mostrando una dentadura amarillenta y con huecos.

––Hola, señorita. ¿En qué puedo ayudarte? Seguro que quieres alguna de mis maravillosas hierbas para engatusar a un apuesto y galán joven. Tengo cañas frescas de noca traídas por los mercaderes tirynarii, de más alejado del desierto. O tal vez prefieras flores de antil, los salvajes del oriente creen que son mágicas...––Hioenoa suspiró por la ignorancia de las gentes de los Ríos. ––¿Desde cuando las flores antil son mágicas?––pensó, sintiéndose tentada a replicar a la mujer. No era buena idea enfadarla, y que el precio de la hierba se encareciese. Se limitó a sonreír y esperar a que acabase la retahíla de sus mejores productos.

––Pues la verdad es que estoy buscando tihnel.––le dijo cuando terminó.

La mujer volvió a sonreírle, esta vez pícaramente.

––Aham, así que ya habéis encontrado galán.––apuntó, ocurrentemente.

Hioenoa asintió.

––Pues tenéis suerte, porque conservo un puñado de la estación anterior.––le susurró confidente, mientras de agachaba en uno de los fardeles y rebuscaba a tientas. Hioenoa aprovechó para mirar a su alrededor. La gente parecía haberse multiplicado, y se movían rápidamente, cada cual a sus asuntos.

––Aquí la tengo.––dijo, alzando un ramillete seco atado con una cuerda y sonriendo triunfante. ––¿Cuánto quieres?

––Depende del precio.

––Bueno, eso es importante. Te dejo el ramo por dos monedas de plata.

Hioenoa fingió alarma. Sabía que en (Tierra del Agua) se utilizaba la hierba fresca, y creían que era de peor calidad si estaba seca. En las tribus se utilizaba marchita, mezclada con otras dos, y aunque sabía asquerosamente mal, tenía menos probabilidades de que la fecundarán. Pero esto eran cuestión de tradiciones de las matronas, y ella seguiría las de su tribu. De repente se acordó de otras dos hierbas. La mapc era un antídoto medianamente bueno, y la ascelias ayudaba a la cicatrización de las heridas.

––Bueno, me parece demasiado alto... Además no tiene las mismas propiedades que si estuviese reciente. Te daré diez monedas de cobre.

Después de un largo rato de agotador regateo, Hioenoa pagó una moneda de plata y quince de cobre por la tihnel y un manojo de los frutos de la ascelias, aunque también marchitos. No había conseguido un buen acuerdo, pero tampoco era mucha pérdida. Siguió mirando entre los puestos, esperando a que la estrella roja ascendiese más. Había quedado con Valagiur en la fonda, cuando estuviese en el cenit. Seguramente le pagarían algo menos por el retraso en la misión, pero cinco mil monedas de plata continuaban siendo mucho.

2/II/08

P.D.: “Todos son Amigos Siniestros, ¿no es así? ¿Y por qué yo, Moraine? ¿Por qué yo? ¡Rand es el maldito Dragón Renacido!” Perrin Aybara, yéndose de la lengua cuando no debía.

1 comentario:

  1. Me caen tan bien que te detesto un poco... aunque.. supongo que no soy quien para hablar...

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Miríadas de sendas desde el Abismo