––Asombrarme de tus nalgas tan prietas.
Entonces él la completó fijamente, en todo su esplendor.
––¿Qué haces? Así sólo te veo la verga y los pectorales.
––Déjame un momento, estoy asombrándome de tus voluptuosos pechos.––contestó.
––Bah.––dijo mientras cruzaba los brazos para tapárselos.
Valagiur emprendió la vuelta, contrayendo los músculos del trasero. Hioenoa rió sonoramente y corrió hacia él. Se encaramó a su espalda y apoyó la cabeza en su hombro. Él la sujetó, sonriente.
Regresaron en silencio, con ella aún amarrada a su cuello. En varias ocasiones pensó que se habría quedado dormida, pero no estaba del todo seguro.
Al llegar la agarró por detrás. La cara somnolienta que lució cuando la depositó en el suelo demostró lo que Valagiur ya había pensado.
––Eh, que ya estamos aquí.
––Me he dado cuenta.––dijo mientras unía las manos por encima de la cabeza y se desperezaba.
Él se acercó hasta el petate y recogió ambas capas. Le lanzó una, se envolvió en la suya y buscó la yesca y el pedernal. Hioenoa se arropó y preparó la leña. En unos minutos un vivaracho fuego ardía en el pequeño claro. La mujer extendió su capa en el suelo y se tumbó, haciendo un gesto.
––Espera a que me vista.
––Ya estas vestido. Ven conmigo––él enarcó ambas cejas, y abriendo la capa miró su cuerpo.
––Oh, claro que estoy vestido. Entonces mi madre me trajo al mundo envuelto en seda.
Ella puso una mueca mohína. Valagiur suspiró profundamente y se sentó a su lado, tapándola también. Hioenoa lo empujó para se tendiera y pasó la cabeza por encima de su brazo.
––Tu madre debió ser una gran mujer para lograr eso.––él movió la cabeza con condescendencia.
––Y tú demasiado ocurrente. Si no llevásemos un ciclo alejados de cualquier taberna te acusaría de estar ebria.
––Lo que pasa es que me tienes envidia.––soltó, enseñándole la lengua.
––¿De qué?
––De tener a un hombre tan apuesto a mi lado.
Valagiur bufó.
––¿Qué te hace pensar que miento?
––Aunque no te lo parezca, tengo la impresión de que no mientes.––explicó mientras olía su pelo y deslizaba un dedo por su estómago, hasta llegar al rizado vello del pubis, donde comenzó a trazar círculos cruzados con el dedo índice. ––Disfruto mucha más suerte que tú, dicho sea de paso.
––No negaré eso.––le contestó, susurrando.
Casi instintivamente elevaron la vista al cosmos, donde miles de estrellas blanquecinas brillaban a pesar de la luz de las lunas. Para ambos eran lo único que podían mirar de su hogar, excepto en la memoria. Permanecieron callados, perdidos en los confines insondables que abarca la mente humana.
Finalmente, fue Hioenoa quien rompió el silencio.
––En mis tierras, las cinco estrellas en línea son los maridos de las cinco lunas. Grandes soles que marcharon a la guerra contra la oscuridad, mientras sus esposas los ven desde lejos, sin poder hacer nada por sus heridas y pesares.
––En las mías, las estrellas no tienen nombre. Son almas de héroes que murieron y el Escritor les permitió velar por los mundos del Verso. Mientras alguien los conmemora pueden brillar, pero al olvidarse todo el recuerdo de sus hazañas sucumben a la más espantosa tiniebla. Y sus almas vuelven a ser simple polvo, como fueron antes.
––Nadie puede recordar el infinito.
––Por eso todas las luces se apagan.––acordó.
––Eres sabio si sabes que nada perdura eternamente.
––Lo sé, aunque no pueda creerlo.
––Entonces cuando al fin lo compruebes, te dolerá.––susurró tristemente, alzando la cabeza para mirar sus ojos azulados.
––Por eso no quiero aprenderlo.
––La ignorancia no te salvará del sufrimiento, Valagiur, por mucho que algunos se empeñen en afirmarlo.
El hombre se encogió levemente los hombros, sin parar de acariciarla.
––¿Y dónde has aprendido tú tanto? Tienes varios años menos que yo...
––El Escritor, como tu dices, nos da lo que cree oportuno.
––Sabias palabras.––su tono puso punto final a la conversación.
Hioenoa se acurrucó, cambiando de postura. Al poco, le pareció que dormía, aunque no estaba muy seguro, a fuerza de experiencia. Él alternaba su mirada entre el cielo y ella, bebiendo embelesado de la belleza de ambos. Después de un largo rato, sintió como el cansancio de la jornada volvía. Movió la mano hasta su cadera y se tumbó a su lado. Para su sorpresa, ella abrió un ojo.
––Oye, Arquero, mira las lunas. Hace algunos minutos que empezó tu turno de guardia. Estos bosques parecen esconder muchos peligros.––le susurró cándidamente.
––Pero si...––la miró con estupor.
––No quiero ‘peros’, si yo he hecho mi guardia tu debes hacer la tuya.
––Es que yo también he hecho tu guardia.
––¡Aahh! Nadie te obligó.––dijo sonriente.
Valagiur suspiró y se levantó. Sabía que si no hacía la guardia, la próxima vez ella tampoco querría. No parecía muy convencida de que en los bosques hubiese bandidos, y tampoco la persuadía al idea de acabar con un cuchillo en la garganta en mitad de la noche. Al terminar de vestirse se acercó a Hioenoa y le quitó su capa. Ésta, echa un ovillo, le observó torvamente.
Él la miró con inocencia y le dijo, en otro susurro:
––Lo siento, tengo que hacer guardia y no puedo enfermar en medio del bosque.
La mujer cogió la punta de su capa y se tapó lo mejor que pudo con ella. Él recogió su espada y se alejó, para no despertarla. Tenía la certeza de que se dormiría si se sentaba en una piedra, por lo que comenzó a practicar con el arma.
Al cabo de un rato, se quitó la capa y la camisa, bañado en sudor. Alimentó el fuego y la contempló con cariño. Había ocultado la cabeza y tenía la mitad de las piernas al aire. Leves temblores recorrían su cuerpo. Extendió sus mantas encima de ella y vio como se relajaba. Se arrodilló y depositó un suave beso en su mejilla.
––Duerme, mi salvaje de los bosques.––musitó al retirarse de nuevo donde se encontraba la espada.
––"Algún día debemos entrenar juntos. Esto comienza a ser aburrido.––pensó cuando las lunas se ocultaban. Quedaría menos de media hora para que saliese el sol, pero hasta que no despuntará por encima de los árboles no se echaría a dormir. ––Aunque sólo fuese una hora.” 8/II/08 P.D.: "Esta noche quiero soñar y no despertar, quiero que me abraces por última vez... Necesito que la oscura tranquilidad me haga morir mientras puedo amarte." P.D.2: Pensaba dejar esta entrada el sábado por la mañana, pero no me dio tiempo. P.D.3: Por favor, que alguien me diga si se ve bien!!

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