jueves, 15 de mayo de 2008

Jueves 15 de mayo de 2008, 15:25

Hola a todos! ¿Qué tal en este nublado día de mayo? La perspectiva para esta tarde no es nada halagüeña. Mañana tengo examen de logaritmos, así que toca estudiar toda la tarde, menos la hora de rigor que pasaré por el Éter. Pero, bueno, me consuela pensar que mañana ya es viernes y la próxima semana sólo tengo clase hasta el miércoles. Hoy tampoco tengo muchas ganas de escribir aquí, además que debo salir pronto de casa y hacer algunas cosillas antes. En cuanto al fragmento de hoy, pues ya llevaba escritas quince reseñas a estos dos y empezaba a echar en falta algún indicio de las putadas amorosas de Hioenoa, así que esta es una de ellas (he de admitir que alguna se le fue devuelta). Bueno, pues nada más por hoy. Os veo =)

“Valagiur comenzaba a quedarse dormido, más ya en el mundo onírico que la vigilia, cuando sintió un peso caer encima de él. Abrió los ojos con sobresalto y se encontró unos ojos grises que le miraban con deseo. Un instante después, estaba devolviéndole uno sus húmedos besos. Le tocaba el pelo y jugueteaba con el cuero en su frente, mientras él intentaba sacar las manos de debajo las mantas. Cuando lo consiguió la agarró por el estómago y la alejó un poco. Hioenoa sonrió y apoyó los codos en su pecho. Para su sorpresa, vio que estaba desnuda.

––¿A qué ha venido eso?––ella sonrió más ampliamente––Y... ¿por qué estas desnuda?–dijo estupefacto.

––Bueno, Arquero, creo que ya te he enseñado lo suficiente como para que no preguntes esas cosas.

Valagiur sintió como un leve sonrojo teñía sus mejillas e Hioenoa también lo vio.

––Oh, mírate, te ruborizas como una doncella la noche de bodas. Si no lo hubiera comprobado antes desconfiaría de tus destrezas.

El guerrero le rió la gracia y se incorporó. Ella retrocedió, esperando que se irguiese por completo. Cuando lo hizo se aproximó contoneando sus caderas de manera sugerente. La luz de las lunas la bañaba por completo, entintando su pálido cuerpo en matices plata y dorado. El pelo caía hasta sus hombros en grandes rizos cobrizos que se movían a cada paso. Nunca había conocido mujer más hermosa, y dudaba hacerlo.

Extendió sus brazos y ella se deslizó entre ellos. Mientras él jugaba con sus cabellos, Hioenoa desató rápida y habilidosamente los nudos de su camisa e intentó sacarla por la cabeza, pero era demasiado alto. Valagiur colocó las manos en sus nalgas y la alzó. Soltó una exclamación ahogada y arrojó la camisa en el montón de mantas. Él besó su pecho izquierdo y succionó ávidamente el pezón hasta que notó como se endurecía aún más. Sintió como se aferraba a sus cabellos y alzaba otro grito. –––Siempre ha sido muy escandalosa––pensó––si hay alguien en un radio de kilómetros sabrá que estamos aquí. Pero no le importó lo suficiente como para detenerse. Hoy tenía toda la pinta de ser una noche memorable.

Después pasó al otro, mordiéndolo con algo de brusquedad. Las manos que tanteaban su cuello pararon un momento y notó como las uñas abrían dos pequeños surcos en los hombros. Continuó igual, sin importar el dolor, pero la levantó un poco clavando los dedos en los muslos. Oyó como jadeaba e hincaba más sus dedos. Al final la depositó en el suelo, temiendo tener cicatrices que los cuellos de la camisa no fueran capaces de ocultar. Ella se puso de rodillas y comenzó a desatar los cordones del pantalón, acariciando su entrepierna levemente. Con una risita comenzó a desatarle las botas, mientras Valagiur volvía a jugar con su pelo, divertido y algo irritado. No sabía que pretendía, pero la conocía bien como para intuir algo inoportuno.

Tiró de ellos hacia abajo, hasta los tobillos y subió besando la parte interior de su muslo, dejando un reguero húmedo. Con ambas manos se aferró a sus nalgas e introdujo el pene erecto en la boca. Se movía adelante y atrás, rozándole con los dientes. Valagiur agarró unos mechones de cabello y le elevó un poco la cabeza. Ella imprimió un ritmo más rápido y era él quien jadeaba ahora. Antes de eyacular y sin darse apenas cuenta, sintió como Hioenoa lo empujaba, se ponía en pie y partía en dirección al bosque. Mientras corría giró la cabeza y, riendo, le gritó:

––Si quieres más tendrás que tomarlo, Valagiur.

Dio un paso hacia ella y por poco cayó al suelo. Mascullando, se sacó las botas y los pantalones y corrió por donde se había marchado. ––Aquí está la parte molesta.––reflexionó. Por un momento creyó que debería abrirse camino entre la maleza, pero encontró un estrecho sendero.

La siguió velozmente. Oyendo de vez en cuando los gritos incomprensibles de Hioenoa entre el silencio nocturno de un bosque.

Tras un rato la encontró subida en una piedra gris, al pie de una laguna y se detuvo. Al verlo llegar, extendió los brazos hacia delante y se sumergió en las aguas, con su esbelto cuerpo completamente extendido. ––Maldita sea, y yo pensando que la carrera por el bosque era suficiente.––sólo pensar como estaría el agua en la madrugada, acaba con sus ganas de estar con ella. Sabía cuanto le molestaba el frío e insistía en hacerle soportarlo. Su cabeza apareció en las aguas plateadas, mientras las hondas tremolaban en la superficie. Agitó los cabellos y le observó con picardía.

––Te estoy esperando, ¿sabes?

Él comenzó a acercarse, mientras buscaba un sitio para entrar.

––Lo mejor es que te tires de golpe, sino no serás capaz.––aconsejó.

––A lo mejor no quiero entrar.––dijo, intentando hacer que su voz sonara lo más dolida posible.

Ella se rió y nadó hasta una de las márgenes.

––Pues tu amiguito no piensa lo mismo.––indicó, señalando su polla con la cabeza. Hacía mucho que no la veía tan juguetona como hoy, y eso que no se caracterizaba por ser tranquila en asuntos amatorios. Terminó por encogerse de hombros y saltar en el mismo lugar que ella, intentando no pensar demasiado.

Se hundió por completo en las gélidas aguas, hasta tocar fondo. Al emerger tomo una bocanada de aire y notó como unas manos aferraban su cuello con ternura. Vio como Hioenoa tiraba de él hacia una de las orillas. Le castañeaban los dientes y el aire entraba frío por su garganta. Cuanto tocó el fango la retuvo junto a él. Miró, divertida, como tiritaba y le besó, más dulce incluso que antes. Valagiur aprovechó que los brazos se ceñían entorno a su cuello para buscar su clítoris.

Comenzó a friccionar su sexo, de la manera que ella le había enseñado. Sentía sus ansias amortiguarse con el prolongado beso, mientras notaba como el pequeño núcleo comenzaba a endurecerse. Hioenoa enganchó con sus piernas las de Valagiur y se pegó a él, pidiéndolo de forma elocuente. Él la agarró de nuevo por las nalgas y la penetró un instante más tarde. Ella comenzó a gemir más profundamente tras la primera embestida. A los segundos, se convirtieron en gritos y alcanzó la culminación poco después.

7/II/08

P.D.: “Mi corazón se levanta con el sol. Con el resonar de las espadas muero al anochecer...” Poema saldaenino.

P.D.2: Esta es la entrada 22 en mi blog, XD

3 comentarios:

  1. Mmm seguro que lo conoces pero lo pondre de todas maneras porque me lo ha recordado tu frase celebre... ultimamente leo demasiado a Catulo ¿sera la primavera?:

    "Odi et amo.quare id faciam, fortasse requiris?/
    Nescio, sed fieri sentio et excrucior."
    (Catullus, Carmina LXXXV)

    Es un epigrama de esos que tanto te gustan ;) y su traducción es mas o menos esta:

    "Odio y amo.¿Cómo es eso posible? quizás me pregunteis/
    no lo sé, pero siento que sucede y me torturo."

    Nunca la soledad tan lejana con versos como estos... Al post tambien le van.. un poco quizas XD
    Hienoa es ... encantadora.

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  2. ¡Dioses! ¡Qué enormidades de posts!
    No olvides incluir en el comienzo de cada uno algo como: "lectio sancti evangeli secundum fulanitum..."

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  3. ¡¿Pero qué es esto?! ¡Entre qué gentes estamos! ¡Qué pone aquí! ¡Anda el decoro por la borda! Si es que....

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Miríadas de sendas desde el Abismo