Ay, dioses, de los que arrebatan la vida; ay, tiempo, el que me deja sin sentir lo que haría de ser fantasma. ¿Y si en verdad existiese un lugar donde morar y ser morada? Porque morada de nosotros vago sin lugar, sin casa secada al sol del mediodía, de una medianoche entre sábanas sucias que me duele recordar, de la que mi mente me protege con deleznable premeditación. ¿Quieres que te busque? ¿Quieres que me quede, o que te siga, dejándolo todo atrás?
Sólo puedo suplicarte una respuesta.
Secándome al sol de tus lágrimas

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Miríadas de sendas desde el Abismo