domingo, 12 de abril de 2009

Se lo voy a decir a...



Si la despedida en la calle de los camisones auguraba tragedia, cuando me abandonaron en el fregadero ya quedaban pocas oportunidades de resurrección. Me intenté echar la siesta, pero no cuajé. La empalmada ha estado bien, triste, pero bien. Mi felicidad, tan poco duradera expiró con ese mundo de cuatro días (aunque realmente hoy no cuenta). Cuando han llegado, expiró en mis brazos, vuelvo al real herida de muerte.

Duele, como un dolor.

Huyendo al sueño, que me he resistido a alcanzar durante días, por miedo a despertar y ver que era un sueño. Ahora que el sueño se ha roto, lo busco de nuevo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Miríadas de sendas desde el Abismo