Como temía, tras cerrar los ojos no quedó ni una mísera brisa que llevase en sus hombros ni siquiera un vestigio, un instante suspendido.
Vagaba por mi mundo, que se había convertido en algo desconocido.
Sin embargo, no tardó en conocerme de nuevo, obscenamente, con violencia, riéndose de mi pudor.
De noche

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Miríadas de sendas desde el Abismo