lunes, 6 de abril de 2009

Crónica de un concierto I



Ante 27 (más o menos)


Bueno, que empiece mi historia.

Tras la recomendación de Vente una noche por parte de Guille y la posterior descarga de toda la discografía de Carlos Chaouen, llevaba a razón de dos meses y medio, casi tres, escuchando sus canciones siempre que pillaba el ordenador encendido, es decir, todas las noches, más de una y dos veces de forma compulsiva. Encuentro algo en su música que me encanta, y a la mayor parte de las letras no les encuentro sentido en conjunto, aunque hay metáforas que me matan. Bueno, pues no sé que más puedo comentar antes de entrar directamente en la temática del concierto.

Entremos.

Un viernes a mediodía iba yo en la parte de atrás del Panda blanco, enfadada o molesta por algo que no recuerdo, cuando vi unos carteles en un lugar por el que paso todos los días mirando hacía delante, donde ponía Carlos Chaouen en mayúsculas, tampoco muy grande. Realmente me alegro de que ir allí en aquel momento, por incómodo que sea. Después de comer me bajé en esa calle para mirar la fecha (que yo creía pasada) y el lugar (que como no fuera en la capital me jodía); hubo suerte y el concierto era el 27 de marzo en el Irish Rover (en ese momento era 27 de febrero). Me fui de allí bastante feliz, cantando a pleno pulmón A medio pulmón, que según creo era la canción de mi momento. Me cercioré en Internet, era cierto, y después de quedar en la muni me llevé a los que habíamos quedado (de fijo Orion) a Tipo, para preguntar por las entradas. El hombre, muy simpático, me dijo que no se las traían hasta una semana antes, pero como veréis más delante eso no me frenó.

Yo quería comprar la entrada cuanto antes para que no pudiese arrepentirme ni dudar, como sucedió con el concierto de Mägo, años ha. El asunto seguía estando ahí, mientras yo seguía escuchando impulsivamente algunas canciones, viendo como culmen el concierto, al que pensaba ir sin pedir permiso ni perdón. Un día se lo comenté a mi madre, para tantear algo y me dijo que no me dejaba ir sola. Yo pasé olímpicamente, pensando ya en posibles 3 14 que me permitirían soslayar la dudosa confianza que mi madre tenía en mí.

A los quince días (tras una serie de catastróficas desdichas de Lem-, quiero decir, Gaia Moridin, tanto naturales como tecnológicas, volví a Tipo, pero todavía no tenía las entradas, como yo ya suponía. Me hacía mucha ilu, era una de las pocas cosas emocionantes que esperaba para ese mes. Estaba comenzando a urdir una 3 14 cojonuda, que tenía visos de éxito, e incluso me permitiría cambiarme de ropa para no oler a tabaco. Yo lo tenía muy claro, clarísimo. Lo peor era que si me pillaban o no, mi conciencia se remordería durante un montón de tiempo. Eso de mentir no me gusta nada, de hecho, es una de las cosas que peor he llevado siempre; y ya no estaría impoluta mi palabra, que no suelo manchar. Si bien también estaba pensando una manera de soslayar la verdad y que no me tocase mentir, y le vi futuro. Pasé el viernes antes y el dependiente de Tipo me dijo que se compraban directamente en el Irish, a sí que todas mis visitas quedaban en nada, pero bueno, ahora sé que el chico es majo XD.

El tiempo corría inexorable y cada vez estaba más cerca, mientras yo no lo deseaba. Por aquel entonces me conformaba con romper el reloj y dormir para siempre. Pero no dormí y el reloj volvió a destruirme. La 3 14 se intentó mejorar en el Peñu con un grupo de cuatro tácticos más, pero no me llevaron a ninguna nueva conclusión que pudiese mejorar mi esbozado plan, “perfecto” (por aquel entonces), dicho sea de paso. Sólo me encontré con la responsabilidad de darle un toque a Moony (memorizad este dato para posteriores crónicas), cuando saliese del concierto.

El miércoles pasó, el jueves, por algún extraño motivo que no recuerdo pasó igual de rápido y sólo pude mejorar mi plan maestro el viernes, aunque por la mañana* las circunstancias hicieron que olvidase más de lo que me hubiera gustado, mi plan de master ya estaba casi en marcha. Aquí tengo que hacer un paréntesis para explicar el problema que había con el plan, que excepto por eso era absolutamente perfecto. El fallo era que no dependía en exclusiva de mí, pero como a veces parezco tonta y doy las cosas por supuestas y confío en una suerte que hace quiebros raros y envolventes y consigue sacarme de quicio la mayor parte del tiempo, pues las cosas se tuercen y toman callejas extrañas.

Llegué a casa sobre las 2 p.m., comí con mi madre, que no parecía sospechar nada**, luego bajé a casa de la vecina a buscar trabajo XD y cuando volví a casa eran las 3:45 y mi madre me estaba metiendo prisa. Metí la ropa para cambiarme en la mochila junto con un montón de cosas más que resultaron ser innecesarias. A las 4:15 llamé a Moony, para comprobar que no habíamos quedado y que ella había quedado a las 8 pm (un crítico en INS me dio a entender pequeñas fisuras en el majestuoso plan), y con Orion a las 18 pm para un largo paseo, que yo, con botines, quería eludir. Otra llamada a Fuego me confirmó las fisuras, que hubiera visto hasta con pifia, y al final decidimos ir las dos con las paseantes por necesidad, así que quedamos en Fátima a las 5:45, má o menó. Yo, ese rato, estuve con los yayos jugando al remi, que es un juego del Caos horrible que siempre pierdo, excepto aquella tarde que gané la última, pero si te tocan los dos monos tiene menos gracia.

Al final dimos un largo paseo, yo con la mochila y la 3 14 completamente arruinada, y parecía que sin posibilidad de solución. Acabamos en el Abundio, donde comenzaron a regurgitar en mi mente peregrinas ideas sobre el posible fracaso que me sumieron en un taciturno estado. Moony se fue en esos momentos de mi apatía (serían las 20pm, sólo quedaban dos horas para el concierto y no había plan, sólo los vestigios de la desmoronada 3 14). Ah, por cierto, en esos momentos me cambié de ropa en el rosado baño del Abundio, más por conservar la única parte conservable del plan que por otra cosa. Tenía que ir a dejar a mochila al taller y había dos, mejor dicho, tres opciones*, a cual peor:

- Que estuviese mi padre en el taller y que me preguntase donde iba.

- Que también estuviese mi madre y me preguntase a dónde coño iba y dónde estaban estos.

- Que el taller estuviese cerrado porque el velatorio fuera antes y me tocase ir al concierto con la mochila de ropa llena de ropa.

Al final la cosa salió mejor de lo esperable (*una 4ª y agradable opción), y mi padre no se fijó en mí y pude meter yo directamente la mochila en el coche.

Entended que en estos momentos mi corazón había subido 10 revoluciones por segundo más y no parecía querer tranquilizarse.



* La posibilidad de que mi madre se acordase de que el cantante que me gustaba era Chaouen era minúscula, pero, ¿y si se acordaba al leer el DGratis? (Con esta paranoia estuve mucho, pero que mucho tiempo) Al final el concierto pareció en portada, pero mi madre no se acordó ^^.

**Los consejos de Almamusa durante la mañana fueron proverbiales: “tú enseña cacha que a las tías nunca os dicen nada” XD



Aquí se queda la primera parte de la crónica del concierto, para no agobiaros mucho y tal.





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