P.D.: “Me invento personajes que me quieran porque a quién amé maté con esas manos de tijera.” Shinoflow P.D.2: "Tú creas un personaje que pueda hace magia, volar, o cualquier mandanguilla de esas y luego le impides utilizarlos." Heli Gordi
viernes, 2 de enero de 2009
Sea más allá de ti
P.D.: “Me invento personajes que me quieran porque a quién amé maté con esas manos de tijera.” Shinoflow P.D.2: "Tú creas un personaje que pueda hace magia, volar, o cualquier mandanguilla de esas y luego le impides utilizarlos." Heli Gordi
jueves, 1 de enero de 2009
Natillas con canela
martes, 30 de diciembre de 2008
Luchadores de sumo I
sábado, 27 de diciembre de 2008
El despertar de las piedras
jueves, 11 de diciembre de 2008
Vaya par de setos...
lunes, 8 de diciembre de 2008
Twilight
––¿El qué?
––Sangrar
Enarqué una ceja, divertida
––No sé, es lo que hacen los humanos, cuando tienen una herida, sangran. ¿Acaso no lo haces tú?
Él asintió, con inseguridad.
––Pero a mí me sale sangre cuando me caigo y me duele y no me gusta.
Se me presentó una disyuntiva al mirar fijamente esos ojos de azulada inocencia que me miraban con brillante fijación. Cómo explicar lo inexplicable, eso que ni siquiera yo entendía, a un niño de apenas cuatro años. Me encogí de hombros, para demostrar a esa otra parte de mí que no importaba, ella asintió. Supongo que ese era el precio de dejarse descubrir cuchilla en mano. La guardé en el bolso y chupé la sangre que goteaba por mi antebrazo. Después hice un gesto con la mano en el banco, indicando al niño que se sentase a mi lado. Él obedeció, sin dejar de mirarme.
––¿Cómo te llamas?
––Alejandro.
––Yo soy Casandra.––le contesté, tendiéndole mi mano, que estrechó con una sonrisa llena de dientes de leche. ––Te voy a contar una cosa, Alejandro, una cosa de niños mayores, ¿vale?
Él contestó con un asentimiento. Siempre me han impresionado los niños pequeños, cargados de esa plenitud de felicidad que vas tirando en el camino para cargar con los años. Borré de mi rostro una lágrima tardía con el dorso de la mano y miré a mi interlocutor, que continuaba igual de impaciente.
––Veras, cuando te caes y te haces sangre en la pierna te duele, ¿no? Y lo mismo te pasa en el brazo y en la mano, y en cualquier parte de tu cuerpo.
Me hubiese sorprendido si hubiera respondido de otra manera que no fuese el leve asentimiento al que tan fácilmente me había acostumbrado.
––Bueno, pues hay veces que no te duele nada físico, del cuerpo. Es cuando te duele aquí dentro y no puedes poner ninguna tirita, ni puedes ir al médico para que te dé un jarabe o te ponga una inyección.––puse un dedo sobre su pecho, en el corazón. ––Me estas entendiendo, ¿a qué sí?
––Sí.
––Pues en esos momentos hay gente que prefiere que le duela algo del cuerpo, algo que puedan ver curar, y por eso se hacen sangre, como yo.––pasé olímpicamente de decirle que de ahí a que ni siquiera el dolor autoinfringido te consolase quedaba un paso, y de eso al suicidio incluso menos; tampoco quería echarle un jarro de agua helada. Ya era demasiado que me tocase explicarle toda esta estupidez, pero nunca he sido partidaria de mentir a los niños, y menos en cosas que terminarían por comprender por sí mismos. Alzó su manita, envuelta en unos guantes de lana rojos, y me tocó en el pecho.
––¿Y a ti te duele aquí?
No sé exactamente que fue lo que trajo de nuevo las lágrimas a mis ojos; tal vez fuesen los suyos, tal vez el límpido sonido de su voz o el hecho de que entre tantas personas que conocía hubiese de ser un niño desconocido con nombre de príncipe desgraciado el que intentase parar los desaforazos latidos de mi decadente corazón. Parpadeé varias veces con el fin de detenerlas, y asentí, ante aquella mirada interrogante.
––A mamá también le pasa, yo lo sé.––parecía contarme un secreto. ––A veces por la noche la oigo llorar y cuando le preguntó que le duele, me dice que le duele un recuerdo, ¿a ti también te duele un recuerdo?
Mi autocontrol se hizo pedazos. Desvié la mirada mientras me secaba ambas mejillas con los puños del jersey. Resultó que los dioses no se habían apiadado de mí, sino que también elegían inocentes criaturas para torturarme aún más. Me sobresalté al sentir sus pequeños brazos rodeando mi cuello, y depositando un húmedo beso en mis mojadas mejillas. Sonreí mientras le devolvía el brazo. Demasiado pronto se separó de mí, aunque tampoco tuve el valor de retenerlo más.
––Hugo me ha dicho que cuando a mamá le duela el alma yo le dé un abrazo.
––Gracias.––le contesté, tras sorber los mocos. Parecía yo la niña y él el responsable adulto capaz de reconfortarme.
Se quedó mirándome, como si estuviese buscando algo en mi rostro, hasta que vi como se iluminaba el suyo.
––Oye, ¿y tú sabes como se cura un recuerdo?
Asentí. Sí, muy a mi pesar conocía lo que sería bálsamo de mi alma errática.
––Tienes que hacer que el recuerdo deje de serlo, que vuelva a estar vivo.
––¿Cómo haces eso?
––Pues tienes que saber que recuerdo le duele a t-
––Ya lo sé, ya lo sé. Lo que le duele es papá.
Sonreí. No sabía que los niños de esta generación fuesen tan inteligentes, o tal vez sólo fuese él, pero estaba siendo gratamente sorprendida.
––Entonces tienen que volver a estar juntos.
¿Cómo es posible que un rostro tan luminoso se ensombreciese sin cambiar un ápice su expresión?
––Mamá dice que papá está en el cielo, pero yo sé que esta muerto.
No pude dejar de mirarlo una expresión vacía en mi rostro, intentando discernir en que maldito momento se me había ocurrido comenzar a hablar con él.
––¿Y cómo lo hago?––su voz me arrancó en espacio gris donde me había refugiado.
Carraspeé con inquietud a la vez que miraba alrededor, buscando una posible salida inexistente. De repente, la voz aterciopelada que apenas me hablaba surgió de lo más ignoto de mi mente, exigiendo una respuesta a la pregunta formulada; esa respuesta que yo atesoraba desde hacía varias semanas y no quería creer. Y, como siempre ocurría, me rendí a ella:
––No puedes curar a tu mamá, porque tu padre está esperándola. Lo único que puede cerrar un recuerdo es el olvido, aunque a veces la certeza que eso produce es aún más dol-
––¿Qué es una certeza?––me preguntó.
Sonreí de nuevo.
––Una certeza... Es cuando... Cuando estás muy seguro de algo y nadie te puede hacer cambiar de opinión.
––Como cuando tu sabes que no te gustan las berzas y la abuela te dice que no las has probado.
Asentí de nuevo, repetidas veces.
––Sí, es eso.
Oí como una voz de mujer repetía el nombre del niño varias veces. Una mujer agitaba el brazo en alto a la entrada del parque, mientras se acercaba a nosotros. Alejandro alzó la mano y le contestó el saludo.
––Mira, esa es mi mamá. Ven, que te la presento.––se había puesto de pie y tiraba de la manga de mi jersey, rozando la herida abierta, lo que me hizo apretar los dientes.
––Eh, no creo que sea buena idea, Alejandro. Corre y dale un abrazo a tu madre, que estará preocupada.
Me devolvió una mirada vacilante.
––Venga, vete, ha sido un placer conocerte.––acompañé mis palabras con un empujoncito en la espalda.
––Vale. Adiós.
Vi como se alejaba de mí, corriendo, y temí que cayese en cualquier momento, pero no, se lanzó a los brazos de su madre, que le recogió del suelo y le dio dos vueltas en el aire. Después lo dejó en el suelo y le agarró la mano, mientras salían del parque.
Agité la cabeza con condescendencia. Me levanté, cogí el bolso y salí del parque. Otro sitio más que me estaba vedado. Sería ese mi sino.
8/XII/08 P.D.: "Aburrirse es besar a la muerte." Ramón Gómez de la Serna P.D.2: "Te llamas Pilar como mi abuela" (x6 ó 7)
martes, 2 de diciembre de 2008
Dormir es el regalo de no sentir el tiempo
martes, 25 de noviembre de 2008
25 de noviembre
martes, 18 de noviembre de 2008
Sagrada Familia
viernes, 14 de noviembre de 2008
*didn't recognised
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Crepúsculo nictálope
lunes, 10 de noviembre de 2008
Carisma de verdades
- ¿Tiempo perdido? Es aquel en el cual no nos entusiasma ya nada, ni disfrutamos tampoco de nada, ni amamos a nadie.
- ¿Tiempo perdido? Aquel en el cual cruzamos por un lugar o un momento, sin tener plenamente conciencia de ello por estar siempre añorando al otro tiempo: al ya muerto, o preocupándonos por aquel que aún no ha nacido.
- ¿Tiempo perdido? Aquel en el cual no se aprende ya nada, ni damos nada, ni esperamos nada de nadie; aquel que construimos con mil esperanzas amortajadas o tan sólo un intento fallido.
- ¿Tiempo perdido? Aquel en el cual nos culpamos de todo, odiamos a todos y sufrimos de todo, permitiendo que un estúpido miedo o un abrupto enojo nos conviertan en un individuo vencido.
- ¿Tiempo perdido? Aquel que, de repente y sin darnos cuenta, ya se ha ido por guardar avariciosamente una espontánea sonrisa, un dulce “te quiero”, un esperado perdón o un olvido.
- ¿Tiempo perdido? Aquel en el cual nunca nos atrevimos a hacer ya nada por miedo a perderlo todo o para evitar esa burla de pretender cambiar lo que es inmutable o prohibido.
- ¿Tiempo perdido? Aquel que se aparece en el umbral de nuestra muerte y al cual le echamos la culpa de todo lo que fallamos o de la mala suerte, o incluso de las decisiones que perdimos en cada encrucijada del camino.
- ¿Tiempo perdido? Aquel que, tú y yo, permitimos que siga fluyendo sin mayor conciencia, amor o esfuerzo, evitando de esa forma que nuestro ser puede vivirlo al cien por cien.
Buenos días, el 7 de noviembre de 2008
viernes, 7 de noviembre de 2008
Caeteris Paribus
lunes, 20 de octubre de 2008
Otoñales delirios
viernes, 17 de octubre de 2008
"...si el Atador así lo desea."
Alzó la hoja y comenzó a cortar una a una las puntadas de la túnica corta, deteniéndose para clavar la arista sin llegar a cortar, lo que provocaba leves sacudidas en el de negros cabellos. Finalmente, la prenda cayó al suelo con un susurro, descubriendo un cuerpo fibroso y torneado, repleto de costras y cicatrices rosáceas. Con la punta comenzó a recorrer antiguas heridas, dibujando extraños símbolos cabalísticos sobre la pálida piel, ignorante del esfuerzo que le suponía al adepto permanecer inmóvil con la mirada fija en la nada. Sin previo aviso hundió el cuchillo en una zona intermedia entre el corazón y el hombro, donde la espesa sangre acudió sin demora. Un grito ahogado se elevó en la estancia, causando una momentánea vacilación en la imperturbable mente del sabio. Llevó las manos a su cintura, sin preocuparse de la hoja, mientras se inclinaba y detenía con la punta de la lengua el plasma que comenzaba a descender por el pectoral izquierdo. Después de lamer la piel adyacente se centró en la herida, de donde bebió hasta saciarse. Durante los minutos que se había prolongado la consagración de su maestro, se había mantenido hierático, con los puños en los costados y dos lágrimas recorriendo lentamente sus mejillas; intentando mantener la superficie de su mente como un estanque, eludiendo las sensaciones que pugnaban por embargarle. A duras penas contuvo un suspiro de alivio cuando él volvió a mirarle, con sangre en los labios, mostrando un brillo codicioso y hambriento.
La daga cayó al suelo con un tintineo, rozando en su descenso el gemelo del joven, que dobló la rodilla ante el imprevisto dolor. Con sorprendente indulgencia, el clérigo tiró de él y hundió ambas manos en el abundante pelo azabache, atrayéndolo hacia sí. El beso fue violento y rápido. El sabor metálico les impregnaba las fosas nasales, y por las comisuras de sus labios corrían sendos regueros escarlatas, pues en un indeterminado momento el sacerdote lo había provisto de la sangre de ambos. Instantes después de ese momento indefinido, el muchacho se había aferrado a sus nalgas cubiertas de terciopelo y, al no encontrar oposición, continuó envolviéndole apasionadamente.
Se separó de él perezosamente sosteniéndole de nuevo la mirada, en la que se intuía anhelo y temor a partes equivalentes por lo que habría de ocurrir. Con la mano derecha tomó la verga erecta del adepto y empezó a acariciar la punta con los dedos índice y pulgar sin dejar de escrutar aquellas sombrías pupilas, que no parecían ser capaces de concretar los sentimientos que le inspiraba.
Dejó que el líquido blanquecino tiñese toda la mano, antes de indicarle con un leve gesto que le subiese la túnica y se la recogiese con el ceñidor, cosa que hizo no tan prestamente como debería. Untó su propio pene rápidamente, mientras notaba como la respiración del joven se volvía más jadeante.
––A cuatro patas.––ordenó fríamente.
Él se apresuró a obedecer, cayendo de rodillas en el suelo desnudo para luego girar hasta darle la espalda a su señor. Los brazos comenzaron a temblarle al sentir como también se arrodillaba entre sus piernas abiertas y el roce del terciopelo en la piel.
martes, 14 de octubre de 2008
Brisa de cadencias
(...) Aquí había un gran párrafo que creo oportuno borrar para asegurar la larga y sana vida de Ever... A buen entendedor, pocas palabras.
lunes, 6 de octubre de 2008
Benditos recuerdos
2 de octubre de 2008, 23:49
Bueno, pues después de un mesecito sin postear nada ya va siendo hora. Se supone que ahora debería estar estudiando un examen de inglés que tengo mañana, pero tras la desilusión del anterior no me apetece nada. En cambio estoy escribiendo esto y una descripción “que te cagas”, porque ese es el sintagma adjetival que mejor la define (la verdad es que me la estoy tomando muy en serio). Por lo demás, no hay ninguna novedad, lo que tiene su punto inquietante. No sé, en un momento te pones a pensar cómo empezar una frase y al siguiente ya te has ido un par de mundos más arriba. Es básicamente lo que me acaba de pasar, pero no me gusta que me pille por sorpresa. Ay, que le voy a hacer...
Y ahora, volviendo a temas más trascendentales, os habéis dado cuenta de que el la archiconocida canción de Carmina Burana dicen “O fortuna” al principio. Yo lo hice el otro día^^. Voy a ir acabando porque esto se esta convirtiendo en un sinsentido de lo peor, u horrible, según se mire. Alé, a vivir lo más libres que nos deje el mundo.
Beberé la hiel de tus labios
Después de tanto tiempo sin pensar lo que en realidad deseo, me he dado cuenta (quizá demasiado tarde) de que disfruto con tu simple compañía. De que me gustan tus ojos, y tu manera de sonreír. Segura estoy que si mi doncellez perdiese contigo me arrepentiría en cuanto tuviera tiempo de pensar. Ni aún sabiendo que tú me amas no sé si sería capaz de amarte yo. Sinceramente, encuentro ese sentimiento un poco esquivo, y tal vez sea mejor. Me pensaré varias veces la posibilidad de que puedas leer esto, y aún no sé si sólo me pertenece a mí o nos permanecerá a ambos. Quien quiera entender que lo haga, no son desconocidos mis etéreos amantes, que incluso abrazo en confusión cuando duermo contigo. Puedo inventar un pasado, futuro y presente, sobretodo cuando escucho el rasgar de tus melodías. Aún recuerdo esa mañana recién levantada, tu torneado cuerpo durmiendo junto a mí, con ganas de abrazarte y darte un beso en tus voluptuosos labios, como tantas veces hicimos, tal vez esperando más morbo del que nunca existió. ¡Ay, si el Tiempo perdonase! Ahora sólo queda el triste recuerdo, o el aun más triste olvido. Es quererte en mi memoria, y significar la indiferencia en mi vida. Perdóname por lo que hice, sabes que era una niña sin nada con que llenar mi corazón. Ni tuya fue la culpa ni mía la capacidad de que me perdones. Supongo que aunque no lo parezca continúo echándote de menos, a ti y a tus caricias. A ti y a tus besos robados entre blancas sábanas. A ti y a las conversaciones sobre el devenir de las olas, entre el devenir de las olas. Si yo fui de luna y tú de sol, amor mío, aun te quiero. Si alguna vez, quieran los dioses, que de tu cuerpo desnudo vuelva a disfrutar, para acariciar cada rincón de ti, ahora que ya se como hacerlo. Es imposible negar lo mucho que apareces en mis sueños, con caras e historias diferentes. Pero dejaré ya de hablar de ti, pues no quiero más dolor del que ahora ya siento por otros pasados. Pondré fin a esta historia como hice con tantas otras, pues ninguna tendrá ocaso hasta que olvide...
21/IX/08
P.D.: "De los despojos de la rueda".
P.D.2: "Ya no persigo sueños rotos, los he cosido con el hilo de tus ojos y te he cantado al son de acordes aún no inventados". Los Secretos.
P.D.3: Me olvidadé el documento en casa, asi lo pongo hoy en vez del viernes.
viernes, 29 de agosto de 2008
Entre hilos de pereza
jueves, 21 de agosto de 2008
Un mar de estrellas
Esta es una de mis canciones favoritas, ya no solo de WarCry, sino en general. Siguiendo la costumbre que he adquirido aqui diré que es horriblemente horrible, y me encanta cantarla de noche, cuando se ven las estrellas en el mirador. Hoy he venido en el coche desde Ksar el Kebir viendo un montonazo de estrellas como no veia desde aquel viaje en el Holandes camino a Olite. Aunque hoy me he soñado (gracias a Fuego no es soniado)que estaba con gente en la playa y se veian claramente las constelaciones, Orion la que mas. No estoy segura de con quien estaba, bueno, si, Fuego y Orion de fijo, pero los demas estan borrosos (quejas a Sandman). Tambien me he soñado con mas cosas guays del paraguay, que ahora recuerdo mas bien mal. Por cierto, hay luciernagas encima de la ventana de mi habitacion en el hotel, son supermegasguays chachis pelotillas (no se porque pero hoy mi humor es estupendo).
Me gustaria a ver puesto una foto de mi propia cosecha, pero ante la imposibilidad de descargarla de la camara tendreis que conformaros con esto.
Un Mar De Estrellas, WarCry
Amanece y sentado junto al mar la mirada fija en la inmensidad
esbozando una sonrisa
imaginando no despertar
hubo un tiempo en el que el hombre fue feliz
disfrutando cada dia su existir
ella era toda su vida
su principio y su fin
Y aunque el mar se la llevo,
él aun oye su voz
susurrandole frases de amor
cada dia se le ve, sentado al amanecer
esperando verla volver
Un deseo cada amanecer
y un lamento cada atardecer
esperando, deseando que la muerte
venga pronto a por él
Mas un dia, ya no aparecio
en la playa ya no se le vio
ya por fin esta contento
la muerte se lo llevo
Y en el cielo se les ve
casi hasta el amanecer
por fin juntos otra vez
se reflejan sobre el mar
al llegar la oscuridad
y las lagrimas ya no volveran.
Dejo un link a youtube por si la quereis escuchar:
Un mar de estrellas
P.D.: El nuevo apartado a la derecha es cosa de mi estupida hermanita pequeña =)
P.D.2: "La melancolia es un licor bien caro, no te has dado cuenta y ya te ha emborrachado" Amaral
miércoles, 20 de agosto de 2008
Historia de un viaje I
viernes, 27 de junio de 2008
Día del Orgullo Friki 08
“El día del orgullo Friki o día del friki es una iniciativa popular que intenta reivindicar el derecho a ser Friki de cualquier persona que lo desee. Este día se celebra el 25 de mayo desde 2006 en conmemoración al estreno oficial de Star Wars-A New Hope. Además, esta fecha coincide con el Día de la toalla.”
Sé que todos sabíamos porque eligieron ese día, pero estoy casi segura de que nadie sabía que era el Día de la Toalla. Bueno, más cosas, la foto la encontré en el 2006 en una web y me encantó, ya que mi primer Día también me manifesté en mi habitación, aunque sin el sable láser ni las gafas de pasta. Para ser más exactos, terminé El Ciclo de la Puerta de la Muerte en esa tarde, que buenos recuerdos... El año pasado fue algo más social: me hice una camiseta de la Rueda del Tiempo que lucí frente a todo mi colegio, me mojé en compañía de mi familia ¿? y, después, salí con mis friki-amigos. Este año ha sido bastante más tedioso, únicamente felicité a KuroSam y creé dos personajes nuevos. Días más tarde me felicitaron a mí^^.
Por cierto, mientras buscaba por ahí alguna información para que no me tocase escribir tanto en este post (cosa que, obviamente, no he encontrado) di con esto. Un par de ellas me hicieron gracia, así que lo dejo:
¿Sabías que...
* ...si das vueltas rápidamente alrededor del tronco de un almendro, te das tu mismo por el culo?
* ...los espárragos son posiblemente la especie más inteligente del mundo?
* ...tienes el 3% de probabilidades de haber nacido hombre o mujer y que el 97% restante es la probabilidad de haber nacido tortuga?
* ...los sueños de Bill Gates se ven interrumpidos constantemente por pantallazos azules?
Lo de darse a sí mismo por el culo habría que remitírselo a ciertas personas, menos a Gimel, que es demasiado uke incluso para eso XD (que conste que esto es para que Orion se digne a dejar algún comentario).
Alé, pues sólo quedan dos cosas, la primera:
Este es el test friki que llevo haciendo durante años. Al principio me salían “Tendencias frikis”, y las dos últimas “Friki” (la verdad es que sólo lo he hecho 3 veces).
http://club.telepolis.com/docz/frikitest.htm
La segunda y última, quiero dedicar este post a mis tres frikis de armario favoritos. Sabemos lo que sois así que cuanto antes lo admitáis, antes podréis curaros. No, espera, esto no tiene cura.
Un beso
miércoles, 25 de junio de 2008
viernes, 6 de junio de 2008
Jueves 5 de junio de 2008, 22:45
Hola! Hoy no me enrollaré. Siento no haber dejado alguna entrada antes, pero no he encontrado tiempo. Sé que tengo que dejar una entrada por el Día del Orgullo Friki, pero lo haré más o menos el 25 de este mes, por celebrar el aniversario un mes después. Por cierto, la entrada anterior fue la número 25, también.
En cuanto al texto, es el epílogo. Espero que os guste y poder dejar algo más antes del día veinte =/. Un beso.
Alzó la vista del libro. Sus ojos se nublaron durante un instante, sin percibir la oscuridad sin estrellas que se extendía más allá del alto ventanal que tenía frente a sí. Con un leve suspiro dejó la pluma en un lado del gran escritorio, cerró cuidadosamente el tintero y apartó hacia delante el libro de pastas verdes en el que había estado escribiendo.
Se levantó de la silla de alto respaldo forrado en terciopelo y apagó todas las velas del candelabro de plata. La anterior penumbra transmutó en la misma oscuridad que gobernaba el exterior, pero el ser no titubeó al escoger el camino. Ascendió innumerables pisos por la escalera de piedra, mientras su mente discurría la manera de solucionar el entuerto. No es que le importara mucho esperar, pero a buen seguro ellos deseaban que sucediese pronto. Habían hecho un trato, y aunque tuviera que relegar otras tareas, lo arreglaría. Al llegar a una puerta de madera pulida, giró el picaporte dorado. Esa sala estaba levemente iluminada por dos focos de luz anaranjada que flotaban en lo alto del techo. La única forma de saberlo era que allá arriba podía ver el final de las estanterías. Se encontraba ante una de sus más logradas salas, en cuanto a mobiliario, claro estaba. Todos los estantes eran de madera de roble pulida, con algún tallado de volutas de vez en cuando. Los suelos eran de mármol gris con vetas blanquecinas.
Sin dudar se encaminó a la derecha y, llegado el momento, torció a la izquierda, adentrándose en un estrecho pasillo de no más de dos pasos de ancho. Lo rodeaban los altos estantes; elevándose tanto que, si uno levantaba la vista parecían unirse al final, pero él no lo hizo. Se detuvo y alzó una mano hacía los libros. Si alguien hubiese estado allí para verlo, habría observado como el ente desaparecía y reaparecía un centenar de pasos más arriba, aparentemente, flotando en el aire. Pasó cariñosamente la mano por los libros que se encontraban a su altura. Se paró en uno con las pastas de tela azul oscuro, casi negras. Lo tomó con cuidado, acariciando con sosiego el lomo. Pese a que nada lo indicaba, conocía perfectamente cada una de las palabras que contenía. Casi automáticamente también cogió el libro contiguo, encuadernado en cuero negro. Después alzó una mano hacía el siguiente libro, pero se paró a mitad del recorrido, dubitativo. Finalmente, tomó el libro rojizo, con otro suspiro apesadumbrado. Nunca le había gustado, pero algunas veces era necesario, y ni siquiera él podía cambiarlo. Esa sería la primera medida, pero aun quedaban muchas más, demasiadas. Antes de marcharse miró significativamente los otros dos libros que quedaban en el estante. “Posiblemente también perezcan.”––pensó con incertidumbre. Sin darse cuenta regresó al suelo y comenzó a deambular entre las estanterías de nuevo, con los manuscritos bajo el brazo. Cualquier otro se hubiese perdido, pero no él, jamás ni en el pasado ni en el futuro se perdería en su propia biblioteca.
Cuando regresó a las escaleras comenzó el descenso. Pasó junto a la puerta del estudio y continúo bajando. Abrió una puerta que daba a un pequeño cuarto. Frente a él había una chimenea donde un vivaracho fuego ardía sin ningún combustible. A su izquierda un camastro adosado a la pared. Sin pensarlo más de una vez se acercó al fuego y arrojó el libro de tomo rojizo. No se demoró un instante para ver como las llamas lo consumían, ya era suficiente tener que hacerlo. Cerró la puerta a sus espaldas y retornó a la habitación.
Se acomodó en la silla antes de abrir el libro azul. Hojeó las páginas deteniéndose para releer algunos párrafos, pese a conocerlos de memoria. Al llegar a un determinado punto, abrió el bote y mojó la pluma. Trazó una línea con tinta negra, pero él sólo se limitó a marcarla, pues la línea ya estaba allí. Pasó las siguientes páginas escritas, todas ellas, hasta la primera en blanco, que debería de haber sido el final.
Comenzó a escribir con trazos finos, mientras el sepulcral silencio le dictaba, viéndose roto por le rasgar de la pluma. En un punto hizo una pausa y su semblante se ensombreció. “Muchacha estúpida...”––pensó antes de reanudar su tarea.
4/V/08
P.D.: “––Oye, no piensas que ese es un poco mayor para estar estudiando.
––No, está leyendo el periódico.
––No, joer, ese no.”
P.D.2:"--Es que,... No sé, es la única manera...
--De tener sueños
--Sí."
