viernes, 2 de enero de 2009

Sea más allá de ti

Viernes, 2 de enero de 2009, 2:25

Buenas noches! Este es una especie de cuento que empecé hace un mes y acabé ayer, como es largo lo divido en partes, cuatro para ser exactos. Espero que os guste. Carpe diem.

La esposa, la esclava y el guardián I

“Siempre. Le parecía una palabra vacía desde que la pronunciaron sus labios, delineados con carmín negro. No quería que su amistad siempre fuese eso, necesitaba algo que no tenía; lo sabía en cada momento que evocaba sus azulados ojos, en cada momento que los veía sonreír al verse reflejado en sus marinas pupilas. Sin embargo, ahora esos ojos no le miraban, sólo en el recuerdo y este estaba demasiado gastado; no en aquel antro con perenne olor a tabaco y grandes nubes de humo gris que invadían el hediondo cielo, ocultando los soles de blanquecina luz. Estaban más ocupados cerrados, mientras sus boca se entrelazaba con otra boca, que muy a su pesar era la de un amigo, no podía odiarle por algo que él no decidió, tampoco a ella. Se acomodó más en el sofá, dio un largo sorbo a su cerveza y evaluó el paquete de Lucky que estaba sobre la mesa. Incluso le pareció que él también estaba siendo evaluado. Mostró para sí una sonrisa torcida, y esquivó la contemplación de los cigarrillos para encontrarse con otra más aciaga. El instinto le obligó a apartar la mirada, dolido, y dejar que vagase por todo el lugar.

El bar abarrotado, si bien sabía que sólo era un efecto acusado por la estrechez del lugar, pues, en realidad, no había más de veinte personas. Todas eran conocidas por sus ojos, más de la mitad, por su lengua, cinco o seis, por su mente y sólo una por su corazón.

El ambiente, idéntico al de cualquier garito heavy de pueblo que se precie un viernes por la noche. El murmullo moría donde empezaba la música y la música nacía junto a tu tímpano; el rasgueo de una guitarra acoplado a una enronquecida voz en ingles que era imposible de entender; martirizando oídos. La gente, los habituales; formando pequeños grupos en los cuales dos o tres tocaban una guitarra o una batería imaginaria, moviendo sus melenas al ritmo de la música. Rara era la vez en la cual entraban caras nuevas, casi siempre acompañado por algún conocido; primos, amigas de verano, de pueblos vecinos...

Tal vez fuese sea la razón, en la cual pensaba en esos momentos, lo que le llamó la atención de una figura que acababa de traspasar el umbral, sola. La vio avanzar, deslizándose entre la gente, sin que ninguno levantase la vista para echarle una ojeada, inconscientes a su presencia. Se estiró un poco para no dejar de mirarla. Caminaba directa a la barra, no había buscado a nadie, ni titubeaba; simplemente se sentó en un taburete y pidió algo al camarero. Dejó caer una mochila al suelo, de la que colgaba un saco de dormir, se quitó la cazadora oscura y unos guantes, que guardó en los bolsillos y lo dejó todo sobre la bolsa. Tras esto se giró y le dio por completo la espalda.

Vestía unos vaqueros grises y gastados, que no marcaban su trasero y parecían quedarle grandes; unas deportivas negras llenas de barro jugaban en la pata del taburete, colocándose una encima de otra. La sudadera de rayas negras y de otro color que no supo determinar era de esas con capucha duende, que le colgaba hasta la parte baja de la espalda. Tenía corto el pelo oscuro, y despeinado. Era miope, pero no usaba gafas por olvidadizo, pese a tenerlas desde hacía un par de meses; aún no se había acostumbrado a ellas, y sólo las utilizaba en el instituto, por lo que no podía determinar más rasgos desde su actual posición de observador en la sombra, así comenzó a germinar una idea en su mente. Vio como el camarero dejaba el vaso a su lado, pequeño, lleno de un líquido que no reconoció. Miró a su alrededor para comprobar si alguien se percataba de su observación, por si alguno también la miraba a ella, por si alguien la conocía, pero no; nadie le miraba, ni la miraba, ni quería mirarla.

Tras quince absurdos minutos de sopesar los inconvenientes y perderse en absurdas reflexiones metafísicas sobre el color del cariño, se levantó y ando hacia ella, no sin antes vislumbrar por el rabillo del ojo que sus amigos continuaban con los arrumacos. Se acodó en la barra con la excusa de pedir otra cerveza, sólo para mirar su aspecto más de cerca. No le fue difícil observarla de reojo sin que se diera cuenta, pues tenía la mirada fija en el fondo del vaso, que parecía contener absenta verde, por la mitad. A simple vista no parecía ser mayor de veinte años, nunca fue muy bueno adivinando edades. El pelo era negro, una trenza de cuero marrón hasta la mitad de su espalda, y lo que en un principio pensó que era negro en su sudadera, resultó morado, y naranja. Sus manos aferraban la bebida, cubriendo el vaso por completo. Tenía la piel sonrosada alrededor de las uñas, largas; se mordía los pellejos. Sonrió de lado, él también lo hacía, pero además él se mordía las uñas.

El camarero le sonrió al percatarse del escrutinio que estaba llevando a cabo. Se sintió ruborizarse mientras le sacaba el dedo. También él rió y se fue a por la cerveza. Un vistazo a la mesa le dio a entender que sus amigos no le echaban de menos, por lo que optó tomar asiento y continuar la observación, en algún momento tendría que moverse para poder verle el rostro. Con sinceridad no la encontraba atractiva: vestía como un chico, parecía un chico. Le gustaban las féminas que se vestían como tal, con corsé y faldas, preferiblemente, los ojos delineados... Era la curiosidad lo que le había hecho levantarse y acudir hasta allí, y decidió que la saciaría en la medida de sus posibilidades. De hacerlo, tendría que ser ahora, se dijo. Respiró hondo y contó hasta dos y medio, antes de dar un trago a su botellín y girarse. Carraspeó, y no pareció oírlo. Repitió dos veces más, aumentando el volumen hasta que ella sacudió la cabeza y fruncía el ceño mientras clavaba en él una mirada entre sangrienta y tormentosa. Sangrienta, porque parecía tener conjuntivitis; tormentosa, porque era gris y húmeda. También la enmarcaban unas oscuras ojeras que jamás creyó existentes sin la ayuda de sombra de ojos, sobre una piel de lividez sepulcral. Esto le sorprendió, y lo primero que pensó fue en el amor fracasado, y sintió una terrible empatía. La expresión de sus ojos cambió, de vacua a interrogante; a la vez que la suya, de filósofo a amigo, aunque fuese desconocido.

––Buenas noches,––saludó––me llam-

Ella le chistó para que callase mientras estrechaba su mano. Tenía una llaga en el labio inferior, manchada de sangre.

––¿Acaso importa? No serás para mí más que otro nombre, por lo que te insto a que seas el primer desconocido que conozco.––su voz, suave, algo rota, con un matiz indefinible, hablando como lo había hecho, le cautivó.

No pudo menos que sonreír.

––Entonces, debo intuir que tampoco conoceré tu nombre.

Asintió. Él se encogió de hombros. Dio otro sorbo, mientras sentía como sus ojos le observaban, captando cada leve parpadeo.

––Inventa una historia que contarme,––hizo una pausa, dando a entender que en ese espacio habría colocado su nombre––veamos tus dotes como bardo.

Una parte de su mente se alarmó por el comportamiento de aquella mujer, la otra decidió seguirle el juego. De todas formas no tengo nada mejor que hacer, se excusó, desviando la mirada a la mesa, ahora vacía. Un suspiro de abatimiento surgió de lo más hondo de su pecho, antes de poder evitarlo. Ella no dijo nada, y le miraba, expectante, esperando el comienzo de su cuento.

––¿Qué tipo de historia prefieres? ¿Triste, alegre, mágica, ordinaria...?

––Alguna sobre la vida, y a no ser que hayas vivido toda tu vida en una burbuja, sabrás que debe tener de todo eso, y bastante más.

Volvió a asentir, mientras su imaginación comenzaba a ordenar ideas, improvisando un principio, el final llegaría solo. Terminó la cerveza. Y carraspeó de nuevo. Ella cogió el vaso entre las manos y se giró para mirarle, sus rodillas se tocaron.

––Bueno, pues vamos a ver que sale de esto. Aunque eso quite prestigio a mi recital, he de decir que mis servicios como juglar tienen un precio, hermosa dama.––se llevó la diestra a la cabeza, simulando hacer una reverencia mientras se quitaba el sombrero.

Fue la primera vez que la vio sonreír, no ampliamente, pero una sonrisa al fin y al cabo.

––Poned un precio, maese juglar, y decidiré si vuestra historia lo merece.

A eso no puso contestar de repente, qué podría pedirle a una mujer que no conocía de nada y a la que tampoco conocería más adelante. Salió por la tangente:

––Hagamos una cosa, escúchame y paga lo que valga mi relato.

––Sea pues.––dijo, haciendo un gesto condescendiente con la cabeza.

Se aclaró la garganta y colocó las manos, simulando que sostenía un arpa.

––Clin, clin, clin––esto también la hizo sonreír. Concluyó que empezaría como cualquier trovador––. Érase una vez...”





P.D.: “Me invento personajes que me quieran porque a quién amé maté con esas manos de tijera.” Shinoflow

P.D.2: "Tú creas un personaje que pueda hace magia, volar, o cualquier mandanguilla de esas y luego le impides utilizarlos." Heli Gordi

jueves, 1 de enero de 2009

Natillas con canela

Jueves, 1 de enero de 2009, 17:15.

"Hoy es el momento de dejar de pensar, de acabar con la oscura oscuridad, con el moribundo día. Desterrar al tiempo, matar al espacio, al sueño. Cualquier realidad sucumbirá a mi odio, a mi miedo a otro crepúsculo, y a la perenne soledad del lecho vacío. ¿Por qué será que sé que nada más allá del desconsuelo manifiesto me producirán las lágrimas? Sabiendo como sé la gran sequía de lluvia y los latidos desacompasados de liso cardiograma, conociendo como conozco el límite de mis fuerzas, la frontera a lo imposible ante la cual muero cada instante. La puerta que me guía, que me levanta cada mañana con aletargados pensamientos haciendo que viva una vida que no quiero vivir; hasta que llega el tiempo de la vigilia, cuando el ensueño muere, y sea como fuere, vuelvo a la materia, a participar de una farsa y llevar la muerte bajo el brazo. Esa muerte con la que me encontré en aquel lugar, con sus ojos bañados en lágrimas, con aquellos labios carnosos dispuestos a besarme, y en ese momento sólo pude sonreír. Por el pronto final, por el inolvidable reloj de arena que caía el cristal, del cual renegué cada segundo que estaba despierto. Viendo ya la luz, el principio del camino, la estela decadente de aquel lucero, la muerte me dio vida, negándome el postrero roce que me sepultaría al firmamento."

Fernando Rodríguez

P.D.: "La muerte como final del tiempo que se vive sólo puede causar pavor a quien no sabe llenar el tiempo que le es dado a vivir." Viktor Frankl.

P.D.2: "Intentó recordar, pero la memoria me falla; las tardes que pasé, pero las lágrimas invaden mi cara." Furia Animal.

P.D.3: "El tiempo pasado muere en tu mente, el olvido siembra desdicha o paz, el tiempo que se vive perece después de haberse vivido."

P.D.4: "La respuesta, amigo mío, late en el viento." Bob Dylan

P.D.5: "Una vez juré, Rhiman Han, que permanecería fiel a nuestro Círculo. Yo no quebranto mis juramentos, pues no los presto a la ligera. Recuérdalo bien, pues ahora voy a prestar otro. Si alguna vez tengo que utilizar los poderes que retengo, serás el primero en comprender lo que es ser un juguete del Caos!" Tarod.

P.D.6: "Si el fotolog se llama flog, el blog es botolog." Heli Gordi

P.D.7: "Soñar que me siento en el balcón de la luna a esperar que pase el sol." William Hackford.

P.D.8: "Víctor sale por la ventana."

P.D.9: "Por este mundo nunca deseado/ por un futuro siempre aborrecido/ por el presente a cada momento amado."Gildûr Elhealzar.

P.D.10: "Nautae stellas spectant nam stellae viam monstrant."

P.D.11: "Entre jirones de oro, expiró. Y, por fin, el inmortal besó a la muerte."

P.D.12: "Marchitaré mi vida para que ella posea mi muerte." CRMO

martes, 30 de diciembre de 2008

Luchadores de sumo I

Triste y decadente perdón

El sol brillaba más leve que en eras anteriores. Las nubes ya no danzaban los días de lluvia, ni la lluvia danzaba los días nublados. La canción de la vida está extinta desde hace eones y ninguno de los vivos recuerda como despertarla. Tal vez algún difunto fuese capaz de cantarla de nuevo, pero todos los que restan saben que los muertos no tienen voz. En una playa remota y desierta, a la que un desconocido poeta dedicó su poesía, una ola rompió en la arena. Era una ola de tonos grises y azules, que deambulaba desde su nacimiento, apenas segundos antes. Aunque muriese en instantes no podía dejar de existir, pues la sinfonía que la mar componía en esa mañana de verano hubiese perdido su sentido. Simplemente se limitó a cumplir el papel que debía, yendo para regresar en su lecho de muerte. Pero no pudo evitar que un pulido material blanquecino, que ya formaba parte del océano, quedase postrado en la arena.

Sintió su dolor. Lo mecía en su pecho, intentando clamar los desaforados movimientos de su cuerpo muerto. No era bello, simplemente algo más oscuro que el resto del océano. Quería cantar con él la canción de los inertes, pero no a riesgo de morir para convertirse en el miasma que era ahora la tierra. Se le ocurrió, que tal vez, se fusionaría con ese cuerpo si le enseñaba la danza de las olas, formar parte de un mismo ente. Unido para siempre a sus recuerdos, aquellos que gritaban tristeza y desolación. Decidido ya, lo recogió con cariño de las profundidades, y lo alzó hasta la luz, donde pudiese ser algo más que olvido en los infiernos.

Antes cayó una gota, también salada en el salado océano. Su superficie tremoló en un dulce gemido, parecido al primer beso de unos amantes. Se comenzaba a extender acompasada, incorporada ya a la armoniosa melodía que sólo el mar sabía interpretar... El golpe fue brutal, los cielos se desplomaron cruelmente sobre él y la postrera luz del día le dirigió una mirada despectiva. Agujas de hielo candente horadaron su piel, y sin pretenderlo, el último de todos los pensamientos que tuvo y tendría, fue, que tal vez, el océano no le acogería tan bien como a las lágrimas.

Contempló el esplendor del atardecer. Los rayos dorados se filtraban entre las nubes, que se movían a un compás que el viento marcaba. La luz cristalina que reflejaba en el mar, cegando sus ojos grisáceos. Le dolía el color del mar porque era el color de sus pupilas, le dolía el color de las nubes porque era el dorado de sus cabellos, le dolía el susurro del viento porque era igual a sus susurros... Nada podía cambiar el pasado, ni el presente, y muy a su pesar, tampoco nadie cambiaría el futuro. Cerrando los ojos se entregó por completo a la danza de las nubes y los rayos del sol, con un suspiro de sorprendente alivio.

El corazón latía desaforado en su pecho. Lentamente su ritmo fue disminuyendo hasta parar por completo. Se hallaba en medio del hayedo, quieto en medio de una trocha de animales. El bosque hablaba de tiempos pasados, con sus hojas agitándose por el color del verano. Nada haría que el bosque muriese hoy, pero tampoco nada haría que no resucitase en el mañana; esos árboles eran la esencia del mundo, los únicos que aun muertos seguirían cantando los esplendores de épocas pasadas. Uno de sus latidos resonó con más fuerza en su pecho, y reverberó entre los árboles; siendo partícipe, también él, por un segundo, del canto de las hadas.

Ascendía corriendo por el pedregal. Los pequeños cantos se deslizaban bajo sus pies, amenazando con frenar su carrera hasta pararla por completo. Se agarraba también con las manos, luchando por cada nuevo paso que lo acercaba a la cima de aquella colina. Las lágrimas se acumulaban en sus retinas, nublando su visión con húmedas caricias. Una parte de él escuchó el silencio que manaba de las rocas como si de un torrente se tratase... Algo le decía que las rocas no hablaban, pero sabía que si lo hubiesen hecho cantarían la creación del mundo. Ellas eran los cimientos de aquella farsa, pero sólo lo consideraban su obra maestra en conjunto. Haciéndose el sordo ante la lánguida cadencia de las rocas, deseó que la cima no estuviese tan lejos, ni el mar tan oscuro y frío.

Tomó con descarada rapidez la curva del camino de arena. Unas tristes lágrimas se deslizaban por sus mejillas, añorando compañía. La música hacía vibrar con violencia sus tímpanos. Gritaba la letra de la canción, pero no alcanzaba a oír su voz entre los rasgueos de la guitarra. En cuanto encontró el final, giró la llave y se hizo el silencio. Un segundo más tarde continuaba escuchando la música. Hubieron de pasar varios minutos hasta que el recuerdo en su cabeza se convirtiese en un suave zumbido. Desabrochó el cinturón, salió del coche y cerró la puerta. Lentamente al principio, y corriendo después, la distancia que lo separaba de la colina pedregosa iba disminuyendo.

Cerró la puerta de madera tras él, con suavidad. Prorrogó su partida durante unos instantes, deseando que la realidad fluctuase hasta convertirse en la pesadilla que estaba viviendo. Quizás, si algún dios en el que no creía se apiadase de él... Tras unos momentos de paganas oraciones ningún ente mostró ayuda divina. Comenzó a andar por el camino asfaltado, sorteando los parterres llenos de flores blancas y moradas. Rebuscó en el bolsillo de los vaqueros, mientras se acercaba al Ford Orion aparcado en la esquina. Abrió la puerta y se dejó caer en el asiento. Con el cinturón de seguridad en la mano, miró anhelante la puerta, pero ésta siguió igual de solitaria y fría, con su pintura blanca descascarillada y el picaporte de latón medio caído. Después metió la llave de contacto y puso la música. Ya tenía un destino. Ya sabía donde pertenecía, por fin, desde que tenía uso de razón... Una media sonrisa de dibujó en su rostro, a la vez que la primera lágrima brotaba de lo más profundo de sus grises pupilas.

14/V/08

P.D.: "Oye, tú, jodido cerdo asqueroso; en este puto pueblo sólo yo tengo derecho a eso." Lisbeth Salander

P.D.2: "La verdad es tan relativa" Orion

P.D.3: --Eh, Gaia./ --¿Qué?/ --¿Qué opinas sobre la macroeconomía?

sábado, 27 de diciembre de 2008

El despertar de las piedras

Sangre. Para mí, en ese lugar solo existía el bello color de la sangre. Únicamente una gota que captaba tristes reflejos irrisorios en mis pupilas. Un color que me recordaba todo, haciendo que olvidase. Era suave como el papel, pero no olía como tal. Olía a primavera y otoño, a soledad y compañía, a todo y nada. Triste. Tal vez oliese a triste, una sonrisa desecha y abandonada en la mayor multitud. Me gustaría besar unos labios tan ligeros. Que puedo hacer, si la sangre no se puede besar. No hay nada tal lastimero como esos labios invisibles que pugnan por tocar los míos. Oh, dolor, solo por tenerlos y a la vez no. Malditos por los dioses que nunca olvidan y recuerdan eternamente algo que solamente ellos conocen. Y un castigo, solamente amar. Y sollozar para siempre por la dicha que me fue antaño negada. Escribo por no pensar, pues cuando lo hago mi mente es demasiado compleja para entenderla. Nadie. Tal vez esa la razón de mi existencia. ¿Por qué debería retraer mis pensamientos, si solo con pensarlo ya puedo creer que no es cierto? No contesto preguntas ni formulo respuestas, pues me son del todo conocidas. El recuerdo se desvanece tranquilamente en un mar de incertidumbre que parece recrearse en mis sentidos. Y si no lo conozco, puedo preguntar extasiado en mi mente. Y el color de la sangre, es lo único que me desconcierta. Bendito, por los demonios al reflejar lo que otros solo pueden ignorar. Pero, ¿por qué hacerlo? Si solamente con desearlo no existe, y si traicionas tus hegemonías puedes descubrir que nada tiene más sentido del que eres capaz de darle. La vida sigue, sino no lo podría comprobar. Me pierdo en el Tiempo, a la vez que lo reconozco como caminos insondables ya recorridos. ¿Tengo miedo? Tampoco eso lo sé. No soy capaz de sentir nada, pero las emociones se clavan en mí irremisiblemente. Ideas. No las comprendo. Como soy capaz de ver no que nunca conocí. Me enamoro de loa antagonistas de mis pesadillas. Pero no se si los odio. Pensamientos incoherentes. Tal vez sea lo único que expresan mis ojos. Perdidos en la inmensidad de un punto blanco en un albo universo. El mar. Esa inmensidad de nada. Te quiero. Susurro que las olas no comprenden de un ser como yo. No puedo amar. El mundo me niega ese placer, pero yo lo ansío. Por no pertenecerme lo rebatiré. Adorados los bosques que desconocen de mi existencia. No. No puedo negar eso. Pero, entonces, ¿qué soy yo? Reniego de la existencia, pero no por ello se me permite dejar de existir. Quiero volar, tal vez pueda hacerlo, pero tampoco tengo alas para ello. No quiero que un sonido claro sea heraldo de mi final. No existo, pero mi existencia será rota el oír las campanas de cristal de mi alma. Poesía. La aborrezco a la vez que la deseo cual mujer los abrazos de su amante. Jamás seguiré por este camino de lisas piedras amarillas. ¿Y si no soy yo el que amo desde fuera? No te quiero nada, ni te deseo algo que nunca podrás conseguir. No te entiendo. ¿Quién eres? El escarlata te sigue. No quiero besar el color del fuego. Y la sangre,... Todo vuelve a reducirse a la sangre. No quiero pensar el porqué de mis ilusiones, si ya no se pueden cumplir. El recorrer del tiempo en un reloj de arena, que únicamente refleja la luz en su cristal, ya vacío como el corazón de una doncella. No necesito nada y nada me necesita. Tú. Marchaste de mi vida como las estrellas abandonan a la luna en la mitad de la noche. No ver cuando mire por detrás de mi hombro sombras incandescentes en la noche iluminada. No, y tal vez, sí. Que importancia pueden tener dos palabras en el corazón de una persona. No, no soy persona. Ninguna persona anhela la vida por besar una flor que ya nada puede valer en un mundo marchito. Otra vez el color de la sangre. Ya no quiero nada, y ambiciono todo.

14/IX/07

P.D.: "Olvidar es morir." Vicente Aleixandre

jueves, 11 de diciembre de 2008

Vaya par de setos...

Jueves, 11 de diciembre de 2008, 00.57

Buenas noches a todos! Estoy per-cansada así que no me enrollaré mucho. Esto es lo más pareció a una historia de vamp-, quiero decir, infantil (mi mente se extravía a la menor, y más cuando estoy en este estado de salud mental, que tendría que recuperar próximamente (cómo se puede perder tanta en tan poco tiempo?).) Fue hace más de un año, pero no he querido cambiarla mucho a nivel semántico, por eso de aprender de mis errores y tal^^. Es un poco larga, así que ruego paciencia. Y ya sin más dilación... (Me hubiese gustado contar alguna cosa más, pero mi cuerpo no da pa' na más, y yo sé que lo siente XD)

"Subí corriendo las escaleras que conducían al gran vestíbulo de piedra. Una gruesa capa de polvo se amontonaba en el suelo, sin huellas aparentes de presencia humana. El castillo devolvió el eco de mis pisadas; cuando haciendo un esfuerzo sobrehumano abrí las puertas que antaño conducían a la magnifica habitación. Ahora, únicamente podía imaginar lo que había sido mirando los ajados y descoloridos tapices que recubrían cada pared del salón. Miles de cristales crujieron bajo mis pies, algunos devolviendo el reflejo de la antorcha que portaba. Descubrí una escalera de mármol blanco que se elevaba a las estancias superiores desde un lateral. Las remonte rápidamente, deseando dar ya con el objeto de mi búsqueda. Este piso era aun más impresionante que el salón del trono, pues cientos de detalles contribuían a la perfección de aquellos pasillos; ni por asomo tan vastos como la fría piedra inferior. Comencé a abriendo cada puerta que me encontraba, pero las volvía a cerrar al no encontrar lo que intentaba hallar. Mi corazón se encogió al comprobar que también allí la alfombra de polvo era continua. No se durante cuanto tiempo vagué, pues todo era demasiado infinito. Corrí y andé indistintamente, pero mi búsqueda fue infructuosa. Solamente una vez me detuve por completo.

Acababa de girar una esquina cuando me encontré con el término del pasillo. Unas labradas puertas de roble eran la única salida. No me costo esfuerzo alguno abrirlas, aunque chirriaron los goznes de cobre. La habitación estaba iluminada por el suave resplandor de la Luna menguante, que acariciaba finamente los objetos que allí se encontraban. Una gran cama con dosel ocupaba la mitad de una pared. Los cortinajes parecían seda y oro, y caían como una cascada hasta el suelo. Desconcertado comprobé como cientos de huellas se espacian sin orden por la habitación. Agudicé el oído, pero los únicos sonidos eran mi respiración y la tea al consumirse. Me acerque despacio y retire con suavidad las telas que recubrían el lecho.

No espere encontrarme aquellos cadáveres; echados unos junto al otro. Ya apenas quedaban los huesos bajo las magnificas ropas que antaño llevaron. Sobre sus cráneos brillantes coronas de oro con gemas incrustadas. Me retire lentamente, pues sentía vergüenza por haber perturbado el eterno descanso de los monarcas. Cuando me dirigía al mirador, por donde entraba la luz de las estrellas, vi un resplandor a mi izquierda. Me gire prestamente con la mano en el pomo de la espada, mas nada peligroso acechaba. Solamente era mi imagen, fragmentada en pedazos, que se reflejaba en un descascarillado espejo. Desde la balconada se contemplaban todos los campos circundantes a la fortaleza; e, incluso, una negrura al oeste delimitaba el mar. Los restos encarnados del dragón también brillaban débilmente. Había sido un honorable enemigo y perdió la vida en un combate justo y noble; como él mismo dijo antes de partir. He de admitir que jamás pensé que las criaturas a las que me habían enseñado a odiar, tuvieran en tan alto el concepto de su honra. Y, por eso, los conocimientos que aprendí sobre ellos también estaban ahora puestos en duda.

Me apoyé sobre la barandilla de piedra a la vez que suspiraba. Durante unos momentos simplemente sentí la brisa en mi rostro, y esperé tranquilo mirando las estrellas fugaces que desaparecían justo después de formarse. La antorcha hacia rato que se había apagado. Notaba mi cuerpo cansado, casi al borde del colapso, pero no flaqueé. Decidí quitarme la armadura, pues estaba seguro de no necesitarla más. Y mientras la colocaba contra la pared descubra una puerta de madera. Era sencilla y pequeña, pero rompía completamente con la armonía del lugar. Cedió a mi empujón, transportándome a un pasillo totalmente oscuro. Seguí adelante, pues no tenía miedo de la oscuridad más absoluta. El tiempo pasó, no obstante aquel lugar continuaba inexpugnable.

Luego aparecieron las escaleras. Subí y subí, pero el final no parecía próximo. Creo que en algún momento de mi ascenso los escalones comenzaron a girar sobre sí mismos hasta que volví a encontrarme con otra puerta. Más pequeña que la anterior, puesto que para cruzarla tuve que agachar la cabeza.

Entrecerré los al resplandor plateado que me dio de lleno al traspasar el umbral. Cuando pude abrirlos examiné detenidamente la alcoba circular. Otro lecho adoselado ocupaba la mitad de la pequeña estancia; una gran chimenea de ónice absorbía el color de la luna, que entraba a raudales por un enorme ventanal de cristal. A través de las cortinas vi una figura indiscutiblemente humana. Noté como el corazón se desbocaba en mi pecho, a la vez, que conteniendo la respiración, me acercaba lentamente a la cama. Allí estaba ella, con ese brillo en sus cabellos pelirrojos; apagado brevemente por las telas que se interponían entre nosotros. Quise contemplarla eternamente, pero una suave brisa agitó la blanca seda, sacándome de mi momentánea ensoñación. Las aparté, deseando admirarla mientras dormía. Su cara era tersa y pálida; unos labios carnosos y rosados, demasiado níveos, pedían ser besados, semiabiertos. La cascada cobriza y ondulada reposaba sobre sus hombros y algunos hilos rozaban los turgentes pechos, cubiertos en el corsé verde bordado en oro. Sus cándidas manos reposaban sobre un manto de terciopelo rojo que cubría toda la cama. Inspire su olor por primera vez, fresco y embriagador me invadió por completo. Olía como los bosques que visite hacia tanto tiempo y cuya fragancia creí haber olvidado: palisandro. “Esta tan hermosa, iluminada por las caricias de la Luna. Tiene una belleza tan inhumana.”.- pensé.

Cuando empecé a descender sobre ella, me percaté de la existencia de una gota sobre su mejilla, como un minúsculo diamante perdido allí por algún dios pagano. Levanté un dedo para secarla, pero justo antes de tocar su cara me sentía cometer un sacrilegio. Deje que mi mano volviese a caer y continué hasta que mis labios tocaron los suyos.

Saboreé un momento eterno y demasiado efímero. Tantas batallas y esfuerzos habían merecido la pena. Por ese beso, porque pudiésemos estar juntos de nuevo, para disfrutar de nuestra compañía solamente antes soñada. Me retiré un momento, en mi cabeza martilleaba un pensamiento pero no era capaz de abrazarlo o, tal vez, no quería hacerlo. La realidad me sepultó cuando comprobé sus pechos inmóviles, sus labios y sus ojos cerrados. Di un paso atrás, conmocionado. Mis pies tocaron algo metálico. Me gire y encontré en el suelo una daga plata y brillante. Mi mano tembló cuando la agarré por la empuñadura, comprobando como unas manchas marrones ocupaban la mayor parte de la afilada hoja. No recuerdo nada de lo que pasó por mi mente en esos instantes, mientras mi vista se movía alternativamente entre ella y el cuchillo ensangrentado. Caí de rodillas frente a su lecho, todavía esperando que abriese los ojos y me sonriera dulcemente. Al apoyar la cabeza en el manto, me di cuenta de que algunas lágrimas silenciosas también empezaban a correr por mi cara. Mi frente tocó el terciopelo, anormalmente áspero. Volví a levantar la cabeza y pase repetidas veces la mano por él. Comencé a palpar frenéticamente toda la tela, pero llegó un momento en el que volvió a ser cálida y suave.

Por fin, la realidad se hizo tan obvia que ni mi corazón ni mi mente pudieron eludirla más. Oí un grito profundo y desgarrador en el aire, que se acopló a los de la noche de forma natural. Mi visión distorsionada por las lágrimas no pudo ver al ser del que provenía, pero no importaba ya que sufría un dolor tal intenso como el mío. Me derrumbe sin querer sobre la cama, pues mis rodillas dejaron de sostenerme. Ahora todo lo veía bajo un velo acuoso, no podía entenderlo. La inexactitud del hecho me desconcertaba, estaba demasiado lejos de mi comprensión humana. Todo se derrumbó a mi alrededor y solo quedó la única certeza de que ella ya no estaba. Ni siquiera cuando la tenía a mi lado, como tanto imaginé; seguía sin estar presente. Todo giraba alrededor de su cuerpo inerte e inmaculado sobre la cama. El todo era imposible de distinguir pues rotaba demasiado rápido. Una vorágine de contradicciones complementarias era todo el universo que quedaba para mí, a parte de esa muchacha.

Caos y orden; luz y oscuridad; todo y nada; amor y odio; nunca y siempre,... eran parte de aquel mosaico neutro en el que, inmóvil, giraba. El tiempo transcurrió sin velocidad aparente, como si quisiera recrearse en el dolor que sentía. Pero cuando alcé la cabeza, la claridad propia del amanecer comenzaba a ocupar la estancia.

Ya había tomado mi decisión.

Cogí de nuevo la daga y la deposité en la mesa auxiliar al lado del cabecero. Me aparté y dejé que los cortinajes volvieran a caer, blancos, sobre la cama. Desenvainé mi espada. Contemplé su filo plateado, la cruz y la empuñadura; era tan fríamente hermosa. La única dama con la que me había desposado ahora también apagada. El arma de mis ancestros, poseedora de una llama capaz de derrocar demonios. Su hoja ya no era luz, solamente el filo tan normal como cualquier otro sobre la faz de la Tierra. Besé el mortal acero como los suspiros de un amante, prometiendo que en la próxima noche volvería a su lado. La sangre la bañó cuando corté mis labios en su filo, y también lágrimas cayeron en ella. La deposité suavemente en el lecho. Mi único sueño junto con mi único medio para conseguirlo, yacían juntos, derrotados en la misma cama.

- Os he fallado, perdonadme.- susurré, con una voz quebrada y antinatural, mientras las miraba a ambas por última vez.

Abrí la pequeña puerta y corrí por el estrecho pasadizo. Tropecé y caí incontables veces, no tenía miedo. Lo único es que estaba solo. De regreso a la gran balconada el Sol comenzaba a despuntar por el este. Anduve hasta colocarme frente a él, volví la cabeza y saludé a la Luna inclinando la cabeza, justo antes de que desapareciese.

Me puse en pie sobre la baranda. Por un instante dudé, esto iba en contra de todo cuanto me habían enseñado. Sonreí a la vez que daba un paso al infinito. “Para esto también hace falta valor”.- me dije mientras volaba entre jirones de oro.

***

No muy lejos de allí, un ángel negro se sonrió a la vez que sujetaba el cuerpo del hombre, un centímetro antes de que tocara el suelo. Él abrió los ojos justo para ver como una mujer lo sujetaba entre nubes.

- Te quiero.- la oyó decir en voz muy baja, a la vez que depositaba un beso sobre sus sangrantes labios. Y para él, ese beso fue más dulce y placentero que todos los anteriormente dados y recibidos en vida.

Y este es el final del maravilloso cuento de hadas que ningún niño escuchó jamás. Mas la princesa continúa esperando. Sus restos eternamente jóvenes fruto de una muerte prematura. Pero había un mensaje para el hombre que consiguiese llegar hasta ella. En un tocador, un papel amarillento y raído todavía allí espera. Se puede leer en una lengua hace mucho desaparecida, escrito con sangre como tinta:

“A mi príncipe: llegaste demasiado tarde. Te quiere, Tu princesa.”

12/VIII/07

P.D.: "La vida es un desliz, después te mueres."

P.D.2: "No hay grabaciones de que..."

lunes, 8 de diciembre de 2008

Twilight

––¿Por qué haces eso?

––¿El qué?

––Sangrar

Enarqué una ceja, divertida

––No sé, es lo que hacen los humanos, cuando tienen una herida, sangran. ¿Acaso no lo haces tú?

Él asintió, con inseguridad.

––Pero a mí me sale sangre cuando me caigo y me duele y no me gusta.

Se me presentó una disyuntiva al mirar fijamente esos ojos de azulada inocencia que me miraban con brillante fijación. Cómo explicar lo inexplicable, eso que ni siquiera yo entendía, a un niño de apenas cuatro años. Me encogí de hombros, para demostrar a esa otra parte de mí que no importaba, ella asintió. Supongo que ese era el precio de dejarse descubrir cuchilla en mano. La guardé en el bolso y chupé la sangre que goteaba por mi antebrazo. Después hice un gesto con la mano en el banco, indicando al niño que se sentase a mi lado. Él obedeció, sin dejar de mirarme.

––¿Cómo te llamas?

––Alejandro.

––Yo soy Casandra.––le contesté, tendiéndole mi mano, que estrechó con una sonrisa llena de dientes de leche. ––Te voy a contar una cosa, Alejandro, una cosa de niños mayores, ¿vale?

Él contestó con un asentimiento. Siempre me han impresionado los niños pequeños, cargados de esa plenitud de felicidad que vas tirando en el camino para cargar con los años. Borré de mi rostro una lágrima tardía con el dorso de la mano y miré a mi interlocutor, que continuaba igual de impaciente.

––Veras, cuando te caes y te haces sangre en la pierna te duele, ¿no? Y lo mismo te pasa en el brazo y en la mano, y en cualquier parte de tu cuerpo.

Me hubiese sorprendido si hubiera respondido de otra manera que no fuese el leve asentimiento al que tan fácilmente me había acostumbrado.

––Bueno, pues hay veces que no te duele nada físico, del cuerpo. Es cuando te duele aquí dentro y no puedes poner ninguna tirita, ni puedes ir al médico para que te dé un jarabe o te ponga una inyección.––puse un dedo sobre su pecho, en el corazón. ––Me estas entendiendo, ¿a qué sí?

––Sí.

––Pues en esos momentos hay gente que prefiere que le duela algo del cuerpo, algo que puedan ver curar, y por eso se hacen sangre, como yo.––pasé olímpicamente de decirle que de ahí a que ni siquiera el dolor autoinfringido te consolase quedaba un paso, y de eso al suicidio incluso menos; tampoco quería echarle un jarro de agua helada. Ya era demasiado que me tocase explicarle toda esta estupidez, pero nunca he sido partidaria de mentir a los niños, y menos en cosas que terminarían por comprender por sí mismos. Alzó su manita, envuelta en unos guantes de lana rojos, y me tocó en el pecho.

––¿Y a ti te duele aquí?

No sé exactamente que fue lo que trajo de nuevo las lágrimas a mis ojos; tal vez fuesen los suyos, tal vez el límpido sonido de su voz o el hecho de que entre tantas personas que conocía hubiese de ser un niño desconocido con nombre de príncipe desgraciado el que intentase parar los desaforazos latidos de mi decadente corazón. Parpadeé varias veces con el fin de detenerlas, y asentí, ante aquella mirada interrogante.

––A mamá también le pasa, yo lo sé.––parecía contarme un secreto. ––A veces por la noche la oigo llorar y cuando le preguntó que le duele, me dice que le duele un recuerdo, ¿a ti también te duele un recuerdo?

Mi autocontrol se hizo pedazos. Desvié la mirada mientras me secaba ambas mejillas con los puños del jersey. Resultó que los dioses no se habían apiadado de mí, sino que también elegían inocentes criaturas para torturarme aún más. Me sobresalté al sentir sus pequeños brazos rodeando mi cuello, y depositando un húmedo beso en mis mojadas mejillas. Sonreí mientras le devolvía el brazo. Demasiado pronto se separó de mí, aunque tampoco tuve el valor de retenerlo más.

––Hugo me ha dicho que cuando a mamá le duela el alma yo le dé un abrazo.

––Gracias.––le contesté, tras sorber los mocos. Parecía yo la niña y él el responsable adulto capaz de reconfortarme.

Se quedó mirándome, como si estuviese buscando algo en mi rostro, hasta que vi como se iluminaba el suyo.

––Oye, ¿y tú sabes como se cura un recuerdo?

Asentí. Sí, muy a mi pesar conocía lo que sería bálsamo de mi alma errática.

––Tienes que hacer que el recuerdo deje de serlo, que vuelva a estar vivo.

––¿Cómo haces eso?

––Pues tienes que saber que recuerdo le duele a t-

––Ya lo sé, ya lo sé. Lo que le duele es papá.

Sonreí. No sabía que los niños de esta generación fuesen tan inteligentes, o tal vez sólo fuese él, pero estaba siendo gratamente sorprendida.

––Entonces tienen que volver a estar juntos.

¿Cómo es posible que un rostro tan luminoso se ensombreciese sin cambiar un ápice su expresión?

––Mamá dice que papá está en el cielo, pero yo sé que esta muerto.

No pude dejar de mirarlo una expresión vacía en mi rostro, intentando discernir en que maldito momento se me había ocurrido comenzar a hablar con él.

––¿Y cómo lo hago?––su voz me arrancó en espacio gris donde me había refugiado.

Carraspeé con inquietud a la vez que miraba alrededor, buscando una posible salida inexistente. De repente, la voz aterciopelada que apenas me hablaba surgió de lo más ignoto de mi mente, exigiendo una respuesta a la pregunta formulada; esa respuesta que yo atesoraba desde hacía varias semanas y no quería creer. Y, como siempre ocurría, me rendí a ella:

––No puedes curar a tu mamá, porque tu padre está esperándola. Lo único que puede cerrar un recuerdo es el olvido, aunque a veces la certeza que eso produce es aún más dol-

––¿Qué es una certeza?––me preguntó.

Sonreí de nuevo.

––Una certeza... Es cuando... Cuando estás muy seguro de algo y nadie te puede hacer cambiar de opinión.

––Como cuando tu sabes que no te gustan las berzas y la abuela te dice que no las has probado.

Asentí de nuevo, repetidas veces.

––Sí, es eso.

Oí como una voz de mujer repetía el nombre del niño varias veces. Una mujer agitaba el brazo en alto a la entrada del parque, mientras se acercaba a nosotros. Alejandro alzó la mano y le contestó el saludo.

––Mira, esa es mi mamá. Ven, que te la presento.––se había puesto de pie y tiraba de la manga de mi jersey, rozando la herida abierta, lo que me hizo apretar los dientes.

––Eh, no creo que sea buena idea, Alejandro. Corre y dale un abrazo a tu madre, que estará preocupada.

Me devolvió una mirada vacilante.

––Venga, vete, ha sido un placer conocerte.––acompañé mis palabras con un empujoncito en la espalda.

––Vale. Adiós.

Vi como se alejaba de mí, corriendo, y temí que cayese en cualquier momento, pero no, se lanzó a los brazos de su madre, que le recogió del suelo y le dio dos vueltas en el aire. Después lo dejó en el suelo y le agarró la mano, mientras salían del parque.

Agité la cabeza con condescendencia. Me levanté, cogí el bolso y salí del parque. Otro sitio más que me estaba vedado. Sería ese mi sino.

8/XII/08

P.D.: "Aburrirse es besar a la muerte." Ramón Gómez de la Serna

P.D.2: "Te llamas Pilar como mi abuela" (x6 ó 7)

martes, 2 de diciembre de 2008

Dormir es el regalo de no sentir el tiempo

Ella sea, eterna e insondable, perenne compañera, destructora de mentes, creadora de vida, más allá del espacio vacío, del tétrico olvido. ¿Por qué siento que sucumbó a mí, en cada momento, traspasado el tiempo?

martes, 25 de noviembre de 2008

25 de noviembre

Martes, 25 de noviembre de 2008, 15:35

Buenas tardes a todos! El primer punto en la orden del día es anunciar que abandonaré el Abismo durante unos diez días, hay otros asuntos que me reclaman en otras partes del Verso. Espero que me tengáis, y tenerme, pronto de vuelta. Segundo punto, hoy es veinticinco de noviembre (fun, fun, fun). Puede pareceron un día normal, pero no. Tengo la estúpida percepción de que hoy es mi día favorito del año, y por eso tengo la tendencia de hacer coincidir algunas fechas especiales en mis relatos con hoy (y ya van tres "hoy"); aunque, como estoy segura ya sabéis, no suelen ser momentos felices. Este post debería hacer un repaso por esas personas, pero como son muchas y variadas, y tampoco tengo tiempo, pues me limitó a recordarlos así, tan tristemente (mis Alejandros^^). Esto me lleva al cuarto punto, que hoy tengo dentista (tercer punto). Al principio me apetecía cambiarlo, si bien hay una parte de mi bastante legal que se negó a ello. Y cuarto punto: esta es aquella descripción que "te cagas" de la que hable hace mucho. Hoy me parece un día estupendo para colarosla, sin que se note. Alé, pues nada más. Un beso y un poco del gélido viento que hay hoy (creo que ya es el quinto); que sí que es cierzo, y no el de Olite. 

Otoño
"Es una fémina alta, esbelta y grácil. Viste una túnica escarlata de satén, con mangas largas y caídas, que casi llegan al suelo. El escote curvo deja ver parte de sus hombros e insinúa el inicio de sus delicados senos. Una gema de colores cambiantes con aspecto de lágrima cuelga en su cuello de un cordón de cuero y, aparentemente, absorbe, desvía e irradia luz cada instante que transcurre. Un cinturón de oro y plata realza sus cadenas, que no parecen proyectadas para alumbrar ningún ente.

Sus manos son delgadas y suaves, largos dedos, uñas redondeadas. En la izquierda porta, con despreocupación, una rama de abedul, con delgadas bifurcaciones desprovistas de hojas, que se asemeja a un cetro, si alguna vez hubiese existido un báculo de tan extraordinaria simpleza.
A primera vista recuerda a una joven, si bien al fijarnos en sus ojos captamos las casi invisibles arrugas que los circundan, y el gran peso que soporta sobre sus invictos, aunque frágiles, hombros. 
En su rostro, ligeramente bronceado, predominaban las formas ovaladas, los rasgos suaves, excepto quizás los pómulos, que resaltan en sus mejillas. Nariz pequeña y respingona. Sus labios, encarnados y bien definidos, muestran el esbozo de una media sonrisa, que nunca es alegre. Ojos almendrados, de color canela y marrón oscuro. Tiene unas pestañas largas y curvas, que le dan un aspecto seductor no correspondido con la realidad. Las cejas forman dos arcos de vello claro. Su mirada es inquisitiva y penetrante, aunque por el cariz de inquietud que reflejan sus pupilas no parece esperar nada del mundo. Conocedora de las verdades más profundas del tiempo, ocultas tras un velo carmesí.
Tiene una larga melena caoba y ondulada que le cae en cascada por la espalda, formando algunos bucles, en la que se saltean pequeños brillos cobrizos, castaños y dorados a la luz crepuscular. Una corona de oro trenzado y pequeñas hojas de hiedra color rojizo se ciñe a sus sienes.
Pasos lentos, pero inexorables. Escucha el sutil frufrú de sus faldas, que recuerda al temprano cierzo entre las hojas de una fronda caduca."

(Momento indeterminado desde principios de Octubre, desde que alguien recordó que no sabía describir.)

P.D.: "Aquellos que tengan un porqué para vivir, pese a la adversidad, resistirán." Friederich Nietzche

P.D.2: Cada 40 segundos...

lunes, 24 de noviembre de 2008

Hoy quiero la respuesta de mi gran por qué

martes, 18 de noviembre de 2008

Sagrada Familia

Martes, 18 de noviembre de 2008, 1:25

Lo primero es agradeceros, maestro bibliothekario, la deferencia que habéis tenido conmigo; en ningún momento he puesto precio tan alto a mi amabilidad, si bien estoy profundamente emocionada. La opinión que tengo de vos dista mucho de ser la que creéis, no obstante debéis entender mi postura, que he fundamentado en mis propios conocimientos y en los proporcionados por personas cercanas a vos, la cual no desearía que interfiriese en la relación que hemos entablado en nuestras mutuas visitas. Entiendo a la perfección vuestro comportamiento en la Bibliotheka, y no seré yo quien censure vuestra actitud para con los peregrinos del Verso que hallamos en vuestra morada un lugar de reposo y sosiego, aunque quizá alguna vez haya sobrepasado el límite de lo cortés; por lo cual os pido mis más sinceras y humildes disculpas.

Y ahora, tras haber contestado a tales puntos, he de decir que no he encontrado nada digno de responder a ellas entre los legajos de conocimiento que poseo en la eterna actualidad. Sólo he podido disponer este pequeño párrafo, el cual me complacería enormemente que aceptaseis como muestra de mi inequívoca gratitud hacia vuestra persona; aun sabiendo que no es inédito ni de gran calidad.

Ondas del celeste lago

“Abandonada al cuerpo la palabra, movimiento que no corta el aire, guardiana del silencio por su indecible forma, por cada signo caído, derrotado, sólo tres veces, una por pasado, y otra por presente, aun también sabe futuro que podrá desterrarla. Huye y se refugia en las nubes del amanecer, en las moribundas estrellas y en las decadentes aguas de un arroyo estival. Pero quién puede explicar las infinitas danzas, el continuo vagabundeo de las huellas de un felino en las arenas del mar, o el rectilíneo vuelo del halcón hiriendo un atardecer, saciándose con su dulce sangre en los primeros brillos de Venus. Porque un pensador puede pensar que sea crepúsculo mismo el culpable de su dolor, tiñendo de naranja Edimburgo, donde miles de chimeneas elevan los restos de un hogar calcinado; donde padre y nornas protegen a los desheredados de la bella y virtud, de la lealtad entre el charco y la gota. Perezoso es el septiembre que vivimos, duchando nuestras almas con prematuras lluvias y templados heraldos de la muerte vegetal, entonando con sinuosas voces el batir de una libélula perdida en el humo otoñal, en las doce campanadas que anuncian el equinoccio de una perecedera circunferencia. Por qué para conocer el final de algo es necesaria la destrucción de los últimos azahares sobre la hierba creciente, o de los postreros momentos de un sábado baldío, donde conseguimos detener las manecillas en las seis y cuarto, y vivir aquella sempiterna hora intranscurrida, cuando nuestros latidos se paraban en cada silencio, cuando nos cubría una capa de empatía que nos acercaba como nunca antes, cuando el tacto melódico de un oud glorioso capaz, incluso, de destruir cada palabra del hermético, dándoles inconcebibles significados; allá en el oscuro océano, donde las torres ya perecieron y aún son iluminadas desde la sombra de la luna. Si bien, sólo podemos ver lo sensible a la vista, lo que somos capaces de bosquejar tiene que tener un trazo en nuestra mente, antes de acariciar el papel con grafito, y marcar los límites de un país que no es tal, cuyas fronteras son el espacio y el tiempo, el hierro y el firmamento.”

18/XI/08

P.D.: “Aunque el mar sobrepase nuestras torres, pisaremos tierra firme en luna llena.” (Aníbal Núñez, "del himno de los locos mesetarios")

viernes, 14 de noviembre de 2008

*didn't recognised

Viernes, 14 de noviembre de 2008, 1:21

¿Qué tal? Hoy si que me estoy durmiendo en el teclado, de verdad. Llevo toda la puta semana con el mismo horario y ya se nota bastante. Aunque la parte buena es que estoy escribiendo más ahora que desde hace meses, no me sentía así desde Valagiur, en los comienzos. Ayer si que me di el baño de mi vida, os lo juro, fue maravilloso. Jamás una acaricia fue tan fría ni suave, ains, otra cosa que la hice sola y es irrecuperable, pero me encantó. De hecho, creo que no hubiese sido lo mismo en compañía, sólo nosotras dos (bueno, todo en general, allí no entraba nadie más =) La excusa de la longitud de este post ya ha sido dicha, y como no rigo bien me voy a la cama echando ostias, ya estaré con Verónica durante todo el fin de semana. Un saludo.

Esperad, que no he explicado el siguiente fragmento. Lo escribí en verano para clases y se me fue la pinza y quedó esto (William E. se merece algo más de lo que tengo escrito, asi que con un poco de suerte os terminareis enterando); la profe no lo entendió, una pena. Alé, se que no es muy bueno, pero por algo se empieza.

The house was empty but I could see that someone has been there and had only just left. I looked at William, worried. He seemed lost in that place and didn’t realise that someone had been in the room a few minutes before we arrived. Suddenly he stared at me, with surprise. When he talked, his voice sounded too exhausted: “What can you feel? Can you smell this perfume?,” he asked me. “No, I can’t smell it. What’s it like?,” I answered, whispering. He walked to the shelves and touched the ancient books. His middle finger was dusty when he showed it to me. Afterwards, he smelled the air very slowly. “Maybe I can smell a broken dream, it was forgotten in the time twist. But now it is living here, together with a delirium. Actually, it is a dark perfume, however, I can’t dislike it, I don’t know why...” I approached him, and put my hand on his shoulder, with love. “You needn’t worry about that, Will. We have come here for a reason.” He carried on looking at the books. “I cannot remember anything,” he said sadly. “Nothing about my other life.”

P.D.: "Media Verónica lamenta que el tiempo se consume y lo demás no cuenta" Amaral.

P.D.2: "Da igual que no le preguntemos, va a contestar de todas formas."^^

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Crepúsculo nictálope

Miércoles, 12 de noviembre de 2008, 1:22

Buenas madrugadas! Estoy aquí dejándome la vista frente al ordenador, con bastante poco sueño y después de haberme dado la ducha de mi vida. El agua salía a chorro calentita, y con presión, encima no hacía frío al salir, y ahora estoy en sujetador más a gusto que "el bombas" (no sé si esto sólo se dice en mi casa). Vamos, que es la ostia. De hecho, creo que voy a ducharme a las 00:15 para los restos, porque me he emocionado un montón^^. Bueno, aunque no vaya a acostarme aún, ando con cosas entre manos y no puedo entretenerme mucho con esto. Pues el tema que nos ocupa hoy es la siguiente ¿composición?, que esta escrita para y con motivo del bibliothekario, Gildûr Elheazar. Los motivos son obvios y si los desconoceis únicamente teneis que pasaros por la bibliotheka o leer todos los comments de mi blog, aunque debo presentar mis más sinceras disculpas a tan ilustre personaje por la tardanza, para la cual no hay excusa alguna que me exima de culpa; sin embargo, ya se sabe, entre nuestras largas vidas, por no decir sempiternas, y mis "supuestas e innumerables" responsabiblidades pues lo he ido retrasando hasta el día de hoy, mejor dicho ayer. Mi consejo es que leáis antes en la bibliotheka "Do ut des", ya que esto es un intento barato de respuesta. Y ya, sin más dilación, y deseando hundirme en los sueños, os dejo. Que tengais dulces sueños.

Numquam mutuum est

“Tal vez no sea sólo el olvido la importancia que le concedemos, sino el mero hecho de conocer su existencia y continuar amándola. La cruel certeza vista en nuestra mente, en nuestros sueños, y que no podemos alcanzar. Si bien quizá no nos pertenezca en este día la elección del encuentro y del olvido, o solamente la que produce la búsqueda, el mero hecho de errar lejos del hogar incorpóreo, de la utópica patria antes únicamente soñada. El castigo de los dioses, inmerecido deambular por el inhóspito yermo, el cual recubre cada arena del transparente espejo. Pero, quién, castigador, no anhela liberarse de un tormento y tocar la tierra de sus ancestros. Es todo un gran círculo de fuego, de estrellas a veces brillantes, el que marca el destino de los mortales, y se marca su propio sino. No obstante, debió existir un ser libre, ajeno, que esclavizase antes, que crease yugo y cadenas, al que rogar no debemos por ser contrario a nuestra causa. Y aunque vaguemos ciegos, añorando la luz crepuscular, aunque ni los luceros nos acompañen, siempre la oscuridad muestra matices que antes nos eran desconocidos. Entonces, yo clamaré al cielo que ninguna maldición es más poderosa que mis versos y si las lágrimas corren sangre, entonces lloraremos juntos, por el hogar perdido, por los antiguos delirios y por los amores sólo imaginados. Entonces, seamos noctívagos en esta noche que es la vida, y besemos sin querer lo que resta del recuerdo.”

11/XI/08

P.D.: "Igualitos que las bolas de dragón" O_O

P.D.2: "Lo que los hombres llaman galantería y los dioses adulterio, es mucho más común donde el clima es sofocante." Lord Byron.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Carisma de verdades

Lunes, 10 de noviembre de 2008, 0:57.

Pese a estar muriéndome de cansancio y de ganas por volver al Reino de Morfeo, estoy escribiendo esto. El texto de hoy, que no es mío, requiere una pequeña explicación que esforzaré en dar en pocas líneas. En mi colegio católico tienen la extraña costumbre de rezar cada mañana y leer algunas cosas de esas que te hacen reflexionar sobr tu vida y esas cosas. Unas veces hablan de curiosidades que sólo sirven para aumentar tu cultura general; otras te sueltan el rollo del amor al prójimo y cosas en plan testigos de Jehová (que generalmente aprovecho para regresar a mi amado Sueño, o por lo menos intentarlo); y algunas, las más escasas, escriben cosas como la del viernes pasado. Dio la casualidad de que me tocó salir a leerlo a mi, por lo que seguramente sea esa la razón por la que me impresionó tanto (sino, con la capacidad lectora de niño de seis años no creo que me hubiese enterado). Yo me limito a dejarlo (así pongo una entrada sin necesidad de corregir lo mío XD) Un beso.

¿A qué llamas perder el tiempo?

- ¿Tiempo perdido? Es aquel en el cual no nos entusiasma ya nada, ni disfrutamos tampoco de nada, ni amamos a nadie.

- ¿Tiempo perdido? Aquel en el cual cruzamos por un lugar o un momento, sin tener plenamente conciencia de ello por estar siempre añorando al otro tiempo: al ya muerto, o preocupándonos por aquel que aún no ha nacido.

- ¿Tiempo perdido? Aquel en el cual no se aprende ya nada, ni damos nada, ni esperamos nada de nadie; aquel que construimos con mil esperanzas amortajadas o tan sólo un intento fallido.

- ¿Tiempo perdido? Aquel en el cual nos culpamos de todo, odiamos a todos y sufrimos de todo, permitiendo que un estúpido miedo o un abrupto enojo nos conviertan en un individuo vencido.

- ¿Tiempo perdido? Aquel que, de repente y sin darnos cuenta, ya se ha ido por guardar avariciosamente una espontánea sonrisa, un dulce “te quiero”, un esperado perdón o un olvido.

- ¿Tiempo perdido? Aquel en el cual nunca nos atrevimos a hacer ya nada por miedo a perderlo todo o para evitar esa burla de pretender cambiar lo que es inmutable o prohibido.

- ¿Tiempo perdido? Aquel que se aparece en el umbral de nuestra muerte y al cual le echamos la culpa de todo lo que fallamos o de la mala suerte, o incluso de las decisiones que perdimos en cada encrucijada del camino.

- ¿Tiempo perdido? Aquel que, tú y yo, permitimos que siga fluyendo sin mayor conciencia, amor o esfuerzo, evitando de esa forma que nuestro ser puede vivirlo al cien por cien.

Buenos días, el 7 de noviembre de 2008

P.D.: "Nunca te acuestes enfadado, por la mañana levantate y lucha."

P.D.2: La que esta en cursiva es la que más me gusta. Me gustaría conocer vuestras opiniones...^^

viernes, 7 de noviembre de 2008

Caeteris Paribus

Viernes, 7 de noviembre de 2008, 0:55

Buenas, ¿qué tal tras estas vacaciones indeseadas que me he tomado? Sinceramente me hubiese gustado postear algo antes, pero entre unas cosas y otras pues no ha salido como yo deseaba. Ahora entiendo esa afición por dejar post a altas horas de la noche, esta bastante guay estar en casa con la música, todo el mundo durmiendo menos tú que pierdes tiempo de sueño entre todo y nada. Últimamente me siento bastante extraña, me noto cambiada en más de un sentido, pero no sé si para mejor o peor (creo que a mejor). No sé la causa exacta de este cambio, si bien tengo una ligerísima teoría, que me lleva a pensar en lo distintas que pueden ser las personas y los cambios que pueden producir en ti, depende de con quien hables o de quien te enamores. Sinceramente no sé cuanto va a durarme esta historia, pero la experiencia me obliga a pensar que no mucho, tiendo al mímimo esfuerzo^^. Aunque me gustaría pensar que esto puede ser un punto de inflexión, de no volver a la misma historia anterior (que, sin lugar a dudas, y ya para enlazar con economía, estaba en crisis <--viva mi profe de economierda!) Tal vez sea la edad del pavo que me viene con retraso, término que nunca he terminado de entender, o cualquier otra gilipichez que no viene al caso. Lo único es que voy a aprovecharme de mi misma lo que dure, y cuanto dure, y ahora más que nunca: Carpe Diem (esta vez sin interrogante, es una orden XD)

Las gotitas en el cristal

Caía acompasadamente sobre sus cadáveres de leyenda. De colores brillantes y algo tristes parecía llorar por no haber llegado a tiempo. Se ilumina de amarillo y azul, con la ciudad de los Suspiros. Lo baña todo con su manto protector, olvidando que no puede ser parte de la tierra. El mar sonríe al notarla, por sus soldaditos aventureros vuelven a casa. Han visitado el cielo de los dioses y han pasado por la tierra donde habitan los hombres, regresan al océano con miles de historias de aventuras en lo largo de su vida. Porque debes saber que las gotas de lluvia no mueren en el mar, que siempre ha sido el hogar de sus ancestros. Por eso las lágrimas saben a sal, porque se perdieron entre las estrellas y no encuentran el camino de regreso. Incluso la lluvia sabe llorar, aunque no tenga corazón. Seguro que alguna vez has sentido caer una gota en tu mejilla, es fría y lenta, incómoda. Casi instantáneamente, otra cae en el mismo lugar. Esta es más suave y cariñosa, y parece darte un beso mientras se desliza por tu mentón. La primera, es la gota llorona, que esta triste. La siguiente, la gota somnolienta, que hace la vez de su lágrima. Las gotas de lluvia son eternas, y a la vez, efímeras, porque caen en un instante, pero siempre habrá otra para reemplazarla. Alguien debería enamorarse de ellas, porque son libres y los libres necesitan amor. Pero nadie es capaz de amar a mi gotita de lluvia, sólo yo. No fui capaz de guardarla en una botella, por lo que todas las gotas de lluvia son la gotita de lluvia que perdí, cuando la borré del cristal con el limpiaparabrisas de mi coche.

17/XII/07

P.D.: "Nunca dejes de sonreír, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quién se puede enamorar de tu sonrisa." Gabriel García Márquez.

P.D.2: "A fallo-error, a fallo-error..." (bis) XD

lunes, 20 de octubre de 2008

Otoñales delirios

Lunes, 20 de octubre de 2008, 00:38

Esto son unas descripciones que tuve que hacer para clase de Lengua y Literatura, y que en un intento de complicarme la vida lo hice la mar de subjetivo y ambos bastante oscuros (Otoño), por lo que opté por hacer otra que se ajustase más a lo que me pedían (Rubíes). Ahora y para aprovechar que tenía que corregirlos y que ya estaban en el ordenador los cuelgo aquí =). También es mi homenaje a la época del año que más me gusta.

Otoño

- Es áureo, rojizo, castaño. Huele a melancolía y tristeza, a pérdida de fuerza, a los postreros alientos de un año que sólo permanecerá mutable en nuestros versos. Es tiempo de lloros dulces y crecientes oscuridades, de velas que cada vez se encienden antes. De vida muerta y de muerte viva, reptando tras cada esquina, viviendo en tempestades. De ruinas de ilusión y encuentro de esperanzas. De nuevo soñar con un conocimiento que sólo lo ignoto puede brindar. Es mostrar una media sonrisa cargada de añoranza.

Es abandono de lo pasado, miradas de resignación hacia un futuro que se resiste a acontecer. Empuñar unos recuerdos que forman ya parte de lo que para siempre perdimos. Cientos de horas de oscuro silencio esperan para envolvernos. Y éste, caminante, es sólo el comienzo. Lugares mojados y amaneceres tempranos, sonrisas fingidas y noches de engaños. Pero, dioses del mundo, no desesperéis, sabed que volveréis a meceros en las brisas del verano.

Rubíes

- Eres capaz de apagar los diamantes y el oro blanco que circundan la exquisita forma de tu cuerpo. Es tu brillo, y no el de ellos, el que levanta corazones y hace palidecer amaneceres. Es el tuyo el color de la victoria. Cuando el Sol se cuela en tu interior y un millar de sangrientos reflejos tocan la lechosa piel de una mujer, pestañeos de gloria y poder que sobre su cuello eclipsan la luz de sus pupilas.

No puedo negar que eres hermoso; frío, distante y cruel, pero también repleto de belleza. Para mí tus curvas sólo reflejan lujuria, el dolor que miles de personas tuvieron que sufrir para que las consiguieses. Tus miradas colman de ira mi corazón, por ser fruto de la esclavitud de los hombres. Impotencia siento al saber tu origen, cómo, viniendo de la Tierra vales más que ella.

29/IX/08

P.D.: "Si hubieses dicho "vete", habría enterrado la esperanza, pero jamás te habría abandonado" Martyn Tallanvor

Editando: Y el frío que hace en esta ciudad olvidada por los dioses es lo que peor llevo, pero tiene su atractivo si puedes abrazarte a alguien XD

viernes, 17 de octubre de 2008

"...si el Atador así lo desea."

Viernes, 17 de octubre de 2008, 01:51

¡Buenas madrugadas! La razón por la que sigo despierta es muy clara, mañana tengo examen de inglés y ya veis... Me he puesto a escribir y he pasado de estudiar como de la mierda XD. El texto en cuestión es el siguiente que espero que disfruteis leyéndolo tanto como yo no he disfrutado escribiéndolo ("cojo un personaje, lo creo torturado...", todos sabemos que en el fondo no puedo evitarlo, el único (masc) que acaba ma o menos bien es Valagiur, y ya sabéis como acaba =). Pero bueno, dejando esto aparte ya había ganas de escribir una escena como esta, que se le haya tocado a este personaje es fruto de la casualidad, ¿para que crear nuevos cuando tienes un montón que admiten nuevas desgracias? Se estaba rifando entre Alejandro y Reihven, and the winner is... Alé, pues ya dejo que juzgueis por nosotros mismos, lo único que me gustaría avisar a Daos de que este fragmento tal vez hiera su sensibilidad, para que luego diga que no lo señalo antes.

Sus miradas habían quedado entrelazadas. Los iris anaranjados reflejaban con tranquilidad diluida en deseo unos ojos oscuros que brillaban desazonados, intentando desvelar los pensamientos que poblaban la mente de su maestro. Tras pasar unos instantes de angustiosa calma, en mitad de la gran alcoba repleta de manuscritos y polvo, el clérigo desenfundó una daga de plata con deliberada lentitud. El sonido del acero se fundió con la entrecortada respiración del joven, ya casi un hombre, que pese al tiempo transcurrido continuaba temiendo aquellos ojos. De un paso se colocó a un palmo de su cara mientras esbozaba una media sonrisa cargada de significado, haciendo que un escalofrío recorriese la espalda del discípulo, quien no pudo parar a tiempo los pensamientos anhelantes que afloraron en su mente. Como única respuesta el sacerdote frunció el ceño, disgustado quizás por el desliz cometido por el muchacho, aunque interiormente le complaciesen aquellos lujuriantes bosquejos.

Alzó la hoja y comenzó a cortar una a una las puntadas de la túnica corta, deteniéndose para clavar la arista sin llegar a cortar, lo que provocaba leves sacudidas en el de negros cabellos. Finalmente, la prenda cayó al suelo con un susurro, descubriendo un cuerpo fibroso y torneado, repleto de costras y cicatrices rosáceas. Con la punta comenzó a recorrer antiguas heridas, dibujando extraños símbolos cabalísticos sobre la pálida piel, ignorante del esfuerzo que le suponía al adepto permanecer inmóvil con la mirada fija en la nada. Sin previo aviso hundió el cuchillo en una zona intermedia entre el corazón y el hombro, donde la espesa sangre acudió sin demora. Un grito ahogado se elevó en la estancia, causando una momentánea vacilación en la imperturbable mente del sabio. Llevó las manos a su cintura, sin preocuparse de la hoja, mientras se inclinaba y detenía con la punta de la lengua el plasma que comenzaba a descender por el pectoral izquierdo. Después de lamer la piel adyacente se centró en la herida, de donde bebió hasta saciarse. Durante los minutos que se había prolongado la consagración de su maestro, se había mantenido hierático, con los puños en los costados y dos lágrimas recorriendo lentamente sus mejillas; intentando mantener la superficie de su mente como un estanque, eludiendo las sensaciones que pugnaban por embargarle. A duras penas contuvo un suspiro de alivio cuando él volvió a mirarle, con sangre en los labios, mostrando un brillo codicioso y hambriento.

La daga cayó al suelo con un tintineo, rozando en su descenso el gemelo del joven, que dobló la rodilla ante el imprevisto dolor. Con sorprendente indulgencia, el clérigo tiró de él y hundió ambas manos en el abundante pelo azabache, atrayéndolo hacia sí. El beso fue violento y rápido. El sabor metálico les impregnaba las fosas nasales, y por las comisuras de sus labios corrían sendos regueros escarlatas, pues en un indeterminado momento el sacerdote lo había provisto de la sangre de ambos. Instantes después de ese momento indefinido, el muchacho se había aferrado a sus nalgas cubiertas de terciopelo y, al no encontrar oposición, continuó envolviéndole apasionadamente.

Se separó de él perezosamente sosteniéndole de nuevo la mirada, en la que se intuía anhelo y temor a partes equivalentes por lo que habría de ocurrir. Con la mano derecha tomó la verga erecta del adepto y empezó a acariciar la punta con los dedos índice y pulgar sin dejar de escrutar aquellas sombrías pupilas, que no parecían ser capaces de concretar los sentimientos que le inspiraba.

Dejó que el líquido blanquecino tiñese toda la mano, antes de indicarle con un leve gesto que le subiese la túnica y se la recogiese con el ceñidor, cosa que hizo no tan prestamente como debería. Untó su propio pene rápidamente, mientras notaba como la respiración del joven se volvía más jadeante.

––A cuatro patas.––ordenó fríamente.

Él se apresuró a obedecer, cayendo de rodillas en el suelo desnudo para luego girar hasta darle la espalda a su señor. Los brazos comenzaron a temblarle al sentir como también se arrodillaba entre sus piernas abiertas y el roce del terciopelo en la piel.

17/X/08

P.D.: "Pero lo prometido es deuda, y las promesas hay que cumplirlas." L. Frank Baum, El mago de Oz.

martes, 14 de octubre de 2008

Brisa de cadencias

Lunes, 13 de octubre de 2008 21:42

¡Buenas noches! Hoy ha sido un día de dejar todo para dentro de un rato por lo que ahora tengo un montón de cosas por hacer y siguen acumulándose. He perdido por un rato largo y bastante angustioso una carpeta donde guardo algunos de mis escritos, y todo por hacer el gamba y darle a "Ocultar carpeta" cuando sé que mi hermana no leería algo mío ni aunque le pagase en metálico. Luego está el problema de mis troyanos, aunque realmente no entiendo porque se llaman así, que ya han creado unas productivas colonias en todos los PC que utilizo normalmente. Lo mejor es que los muy hijos de puta no aparecen cuando pongo "Mostrar ficheros ocultos". Voy a intentar quitarmelos de en medio con un antivirus, pero sino se van capitularé. Y no es por nada, pero me jode que mi bonito ordenador negro sin nombre este plagado de cosas como esas sin ni siquiera conexión a Internet. Es horrible en cada una de sus formas, snif, snif...

(...) Aquí había un gran párrafo que creo oportuno borrar para asegurar la larga y sana vida de Ever... A buen entendedor, pocas palabras.

Y ahora, dejo esto que escribí hace casi un añito. Espero que lo disfrutéis =)

"Cascadas de humo azul que lo cubren todo a su paso. Nosotros las seguimos como el camino solitario que desaparece en el mapa que perdimos. Y continuamos. Uno cae, y dos, y el tercero se abandona a la tierra que lo vio nacer. Sólo quedamos tú y yo, mi pequeña. Me abrazas con fuerza en lo rojo del espíritu. Te sigo, sólo juntos y separados a la vez por la fuerza que nos impone la carne. El dolor de nuestra visión, el cielo gris que nos contempla caminar por el erial de sus lágrimas. Y desfalleces. Y continúo. Las estatuas que dejamos atrás regresan a los campos de amapolas de los cuentos que infancias nos contaron. Las luces alumbran mi solitario caminar en el nuevo mundo que tu despedida creó para mi. Y dios me mira, y yo me río de él. Sus ojos cambiantes me odian y mortifican y llorando me arrastro y suplico perdón. Ya no desearé las lágrimas de mis ancestros en la cara, y los descendientes morirían en mi vientre antes de nacer. Poseída de lluvia y colores apagados me pierdo en las otoñales calles de piedra, de una ciudad de piedra, en un país de piedra, en el muerto mundo."

P.D.: "Podéis poseerme si lo deseáis". XD

lunes, 6 de octubre de 2008

Benditos recuerdos

2 de octubre de 2008, 23:49

Bueno, pues después de un mesecito sin postear nada ya va siendo hora. Se supone que ahora debería estar estudiando un examen de inglés que tengo mañana, pero tras la desilusión del anterior no me apetece nada. En cambio estoy escribiendo esto y una descripción “que te cagas”, porque ese es el sintagma adjetival que mejor la define (la verdad es que me la estoy tomando muy en serio). Por lo demás, no hay ninguna novedad, lo que tiene su punto inquietante. No sé, en un momento te pones a pensar cómo empezar una frase y al siguiente ya te has ido un par de mundos más arriba. Es básicamente lo que me acaba de pasar, pero no me gusta que me pille por sorpresa. Ay, que le voy a hacer... Y ahora, volviendo a temas más trascendentales, os habéis dado cuenta de que el la archiconocida canción de Carmina Burana dicen “O fortuna” al principio. Yo lo hice el otro día^^. Voy a ir acabando porque esto se esta convirtiendo en un sinsentido de lo peor, u horrible, según se mire. Alé, a vivir lo más libres que nos deje el mundo.

Beberé la hiel de tus labios

Después de tanto tiempo sin pensar lo que en realidad deseo, me he dado cuenta (quizá demasiado tarde) de que disfruto con tu simple compañía. De que me gustan tus ojos, y tu manera de sonreír. Segura estoy que si mi doncellez perdiese contigo me arrepentiría en cuanto tuviera tiempo de pensar. Ni aún sabiendo que tú me amas no sé si sería capaz de amarte yo. Sinceramente, encuentro ese sentimiento un poco esquivo, y tal vez sea mejor. Me pensaré varias veces la posibilidad de que puedas leer esto, y aún no sé si sólo me pertenece a mí o nos permanecerá a ambos. Quien quiera entender que lo haga, no son desconocidos mis etéreos amantes, que incluso abrazo en confusión cuando duermo contigo. Puedo inventar un pasado, futuro y presente, sobretodo cuando escucho el rasgar de tus melodías. Aún recuerdo esa mañana recién levantada, tu torneado cuerpo durmiendo junto a mí, con ganas de abrazarte y darte un beso en tus voluptuosos labios, como tantas veces hicimos, tal vez esperando más morbo del que nunca existió. ¡Ay, si el Tiempo perdonase! Ahora sólo queda el triste recuerdo, o el aun más triste olvido. Es quererte en mi memoria, y significar la indiferencia en mi vida. Perdóname por lo que hice, sabes que era una niña sin nada con que llenar mi corazón. Ni tuya fue la culpa ni mía la capacidad de que me perdones. Supongo que aunque no lo parezca continúo echándote de menos, a ti y a tus caricias. A ti y a tus besos robados entre blancas sábanas. A ti y a las conversaciones sobre el devenir de las olas, entre el devenir de las olas. Si yo fui de luna y tú de sol, amor mío, aun te quiero. Si alguna vez, quieran los dioses, que de tu cuerpo desnudo vuelva a disfrutar, para acariciar cada rincón de ti, ahora que ya se como hacerlo. Es imposible negar lo mucho que apareces en mis sueños, con caras e historias diferentes. Pero dejaré ya de hablar de ti, pues no quiero más dolor del que ahora ya siento por otros pasados. Pondré fin a esta historia como hice con tantas otras, pues ninguna tendrá ocaso hasta que olvide...

21/IX/08

P.D.: "De los despojos de la rueda".

P.D.2: "Ya no persigo sueños rotos, los he cosido con el hilo de tus ojos y te he cantado al son de acordes aún no inventados". Los Secretos.

P.D.3: Me olvidadé el documento en casa, asi lo pongo hoy en vez del viernes.

viernes, 29 de agosto de 2008

Entre hilos de pereza

Viernes 29 de agosto de 2008, 0:12

Buenas noches! Estamos de nuevo por aquí en esta agradable noche de verano, que de buen gusto habría pasado en la calle. La película del Caballero Oscuro no tiene desperdicio, si alguien de los que leen este blog todavía no la ha visto es completamente recomendable, y vale los 4,50 de la entrada. Y ahora dejando de lado temas tan irrelevantes quiero hacer eco de una reflexión de Fuego, que sorprendería al mismísimo Aeoris del Orden. El Señor Blanco ya mencionado recalca en su encuentro con Tarod, Señor del Tiempo, que la única misericordia del Orden es la justicia. Y si tal como dice Joker, el Caos es justo, esto queda en: misericordia del Orden= justicia; lo justo, y por ende, la juscia= Caos; misericordia del Orden= Caos. La gracia de todo esto esta en que Fuego dijo que el ente que hiciese esa afirmación debería de ser del Caos, por lo que no soy la única criatura caótica XD (mi reflexión es demasiado pobre). Y después de este importante anuncio, paso a comentar un poco el origen del texto y después me iré al Reino de Morfeo. No tiene fecha porque tengo la mala costumbre de ponersela cuando termino el texto y este, en un principio, no esta terminado (finalmente lo voy a dejar así, paso de torturar personajes). Aunque creo que lo escribí todo el 13 de marzo, por lo que es la fecha que le pondré oficialmente. Los extras (con algún que otro cameo), son gente real que había por la calle la Rua y Anaya el 13 de marzo, sobre las once y media de la noche, cuando salí del Alcaraván y me apetecía dar un paseito. La verdad es que de noche esas calles cambian mucho, sobretodo en día de diario. El título sale de juntar las palabras Oscuro + Profundo, que aunque me gustan, no pienso añadir a la lista.

Oscuro profundo

Sus pasos le eran completamente desconocidos. Un ritmo atenuado por la piedra desnuda y los sonidos tumultuosos de la iluminada noche. Pocas veces tenía la ocasión de pasear como ésta, sin voces que la distrajeran, excepto los agobiantes gritos de su cabeza. La gente pasaba ajena a su alrededor, cada cual con su propia historia que jamás conocería. Miraba a cada uno de ellos, deseando una vez más, que se sumaba irremediablemente a todas las anteriores, encontrar entre ellos una sonrisa diferente, una lágrima propia, un pozo oscuro donde al perderse no tuviera miedo de no regresar. Buscaba una mente amiga, sin dolorosos prejuicios e impuestas reflexiones. Deseaba que la juzgaran por como era, y no por lo que fingía ser. La capa de las mentiras era ya demasiado cómoda, pero también pesada. Sus ya castaños ojos se habían oscurecido aún más de lo que recordaba. Al mirarse a un espejo ni siquiera ella misma era capaz de penetrar el miasma que recubría el fondo de sus pupilas. Debía reconocer que temía perderse sin rumbo en un mar de pensamientos, como antaño tanto hacía. Ahora le horrorizaba la posibilidad de despertar los viejos fantasmas y los recuerdos que evocaban. La seguridad que entregaba la superficialidad era extrañamente agridulce. Sentir que la puerta estaba cerrada bajo siete sellos la hacían suspirar con alivio y añoranza. Le hubiera gustado que alguien se olvidara de sus falsedades y la apreciara por lo que en realidad la llenaba por dentro, pero claro, también sabía que ningunos ojos serían capaces de mirar más allá.

Era una noche fresca, con una leve brisa cortante que nada parecía poder aplacar. El abrigo no bastaba para cubrir su cuello por completo. Le gustaban las calles de esa ciudad, sobretodo en invierno. La piedra era indiferente a todo cuanto le rodeaba, y los antiguos edificios miraban vanidosos desde las alturas. Eran hermosos, con aquella piedra color arena y sus formas majestuosas. Las luces que los iluminaban en tonos dorados le aportaban aún más esplendor, pero también se lo restaban a la sempiterna noche, que perdía sus pequeños diamantes. El cinturón estaba apagado y el lucero del alba ni siquiera se veía. “––Una verdadera lástima que desaparezcan tan a menudo––pensó con tristeza.” Aburrido ya de los siempre recurrentes pensamientos en una noche pasada en solitario comenzó a observar con detenimiento a las personas que se cruzaban con él. Escuchaba sus palabras desde una treintena de pasos, sin detenerse demasiado, sólo para pasar el rato. Dos jóvenes hablaban sobre política, otras dos chicas sentadas en un banco de piedra sobre las clases y laboratorio. Un hombre con aspecto cansado miraba la hierba mientras su perro olisqueaba unos setos. Una mujer paseaba con la melodía de una canción en sus labios. Una pareja hablaban a la sombra de un edificio, y otra caminaba junta y besándose de cuando en cuando. Una muchacha con las manos en los bolsillos de su abrigo vagaba despacio, sin rumbo, murmurando algo que no fue capaz de oír. Un grupo de chicos hablaban rápidamente en francés, casi a gritos... La vida continuaba como en todos los siglos anteriores...

Podía intuir sin demasiado esfuerzo sus días venideros, bastaba sólo con mirar los días pasados. Y el único momento que hacía que su vida mereciera ser vivida duraba el segundo en el que las luces se apagaban por completo y sentía como todo el peso de la realidad se evaporaba durante un instante. A menudo se preguntaba si sería capaz de permanecer para siempre en el mundo onírico, si con un gran sacrificio conseguiría la venia de su rey para morar allí eternamente. Era obvio, no lograría su deseo más que para unas horas, llenas de etéreas realidades que apenas era capaz de recordar. Si alguien fuese lo suficiente poderoso para sumirla en la oscuridad que tanto anhelaba, conseguir que el tiempo no pasara a cada vuelta del reloj, que no la despertara tan cruelmente cada amanecer...

P.D.: "No te tomes la vida tan en serio, total, no vas a salir vivo de ella."

P.D.2: "Le habían robado el bolso a una vieja con un gato muerto dentro, que llevaba al cementerio a enterrar:"

jueves, 21 de agosto de 2008

Un mar de estrellas

Esta es una de mis canciones favoritas, ya no solo de WarCry, sino en general. Siguiendo la costumbre que he adquirido aqui diré que es horriblemente horrible, y me encanta cantarla de noche, cuando se ven las estrellas en el mirador. Hoy he venido en el coche desde Ksar el Kebir viendo un montonazo de estrellas como no veia desde aquel viaje en el Holandes camino a Olite. Aunque hoy me he soñado (gracias a Fuego no es soniado)que estaba con gente en la playa y se veian claramente las constelaciones, Orion la que mas. No estoy segura de con quien estaba, bueno, si, Fuego y Orion de fijo, pero los demas estan borrosos (quejas a Sandman). Tambien me he soñado con mas cosas guays del paraguay, que ahora recuerdo mas bien mal. Por cierto, hay luciernagas encima de la ventana de mi habitacion en el hotel, son supermegasguays chachis pelotillas (no se porque pero hoy mi humor es estupendo).

Me gustaria a ver puesto una foto de mi propia cosecha, pero ante la imposibilidad de descargarla de la camara tendreis que conformaros con esto.

Un Mar De Estrellas, WarCry

Amanece y sentado junto al mar

la mirada fija en la inmensidad

esbozando una sonrisa

imaginando no despertar

hubo un tiempo en el que el hombre fue feliz

disfrutando cada dia su existir

ella era toda su vida

su principio y su fin

Y aunque el mar se la llevo,

él aun oye su voz

susurrandole frases de amor

cada dia se le ve, sentado al amanecer

esperando verla volver

Un deseo cada amanecer

y un lamento cada atardecer

esperando, deseando que la muerte

venga pronto a por él

Mas un dia, ya no aparecio

en la playa ya no se le vio

ya por fin esta contento

la muerte se lo llevo

Y en el cielo se les ve

casi hasta el amanecer

por fin juntos otra vez

se reflejan sobre el mar

al llegar la oscuridad

y las lagrimas ya no volveran.



Dejo un link a youtube por si la quereis escuchar: Un mar de estrellas

P.D.: El nuevo apartado a la derecha es cosa de mi estupida hermanita pequeña =)

P.D.2: "La melancolia es un licor bien caro, no te has dado cuenta y ya te ha emborrachado" Amaral

miércoles, 20 de agosto de 2008

Historia de un viaje I

Hola!! Que tal estamos pasando el veranito? Yo ahora estoy en un ciber marroqui pasando cada noche las horas muertas. Estoy en gmail, por si alguien quiere apiadarse de mi y pasar un ratejo; la unica que esta siempre haciendo las cosas del hogar es mama Orion (que raro me suena llamarte asi). No se exactamente que contar, estaba pensando hacer una cronica sobre el dia de ayer que fue lo mas interesante, pero como ya la tengo empezada en el cuaderno amarillo pues ya la colgare cuando termine de escribirla por completo. Pero perfectamente puedo empezar el relato del dia de hoy que ha sido completamente horrible (en el sentido mas amplio de la palabra, que estoy empezando a sacar de contexto).

Miércoles 20 de agosto de 2008

Los hijos de p*** que habitan en el dormitorio contiguo al mio me despertaron a las cinco o seis de la madrugada dando palmadas a la pared y dejando correr el agua del grifo. Esto me molesto en sobre manera ya que esa noche las pasaba putas cada vez que me rozaba la sabana (el sol de aqui calienta demasiado para lo que puede soportar mi palida piel de bibliotecaria). Me desperto mi mama llamando por telefono, en realidad lo hizo la cancion The Soulforged XD. Me vesti sin ganas ante la imposibilidad de salir desnuda a la calle (solo de pensar en un rayo de sol me entra dolor de cabeza) No se en que momento me di cuenta de que habia soñado con Valagiur e Hioenoa. La verdad es que aunque solo sea por los sueños que estoy teniendo, el viaje ha merecido la pena, Morfeo cada vez se lo monta mejor^^. Desayuno por partes y clase de ingles. Despues nos hemos ido mis padres y yo a ver las ruinas romanas de Lixus que hay en Larache. Me he dedicado a sacar fotos de cada piedra que pareciera colocada con un poco de tino (la verdad es que estan muy mal conservadas) y coger alguna que otra piedra. Lo mejor ha llegado cuando he encontrado un trozo de arcilla, que cogi, y minutos mas tarde, una piedra blanca con forma (ya hare fotos y las colgare aqui). No se de que sera, pero me encanta, estoy muy emocionada. Despues a comer a la playa y deleitarnos con el camarero, que no paraba de liarse cigarros mas gordos que mi dedo meñique; aunque nos atendio mojadito y desnudo de cintura para arriba. Mas tarde playa hasta las 8 y media, con paseo incluido (me encontre en la playa a la pareja del zoco de la otra noche, mi mama es un lince). Tome varias fotos, pero en mi familia son unos rilaos y les entro frio, por lo que no nos quedamos a ver atardecer. Ducha en el hotel y risas con mi hermana sobre cosas que ahora no recuerdo. Bajamos a cenar al zoco y me volvi a encontrar con la pareja; pufff, la verdad es que él tiene un pelo que me encanta. Estoy hasta el culo de que la gente me diga que alguien a quien quiero mucho es estupido (y que me lo diga mi hermana me jode mas), pero la verdad es que sabe como llamar mi atencion^^. Luego nos han dejado en el ciber, que es un cagadul porque no me carga el gmail ni nada de nada. No se como acabara hoy, pero hasta aqui puedo contar.

Alé, pues estas son mis cronicas. Las gracias internas adornan bastante, pero no se pueden contar aqui (es la politica interna de la empresa, sino quiero ver un fotolog lleno de todas las bobabas que puedo llegar a soltar a lo largo del dia, que, como todos sabemos, pueden ser incuantificables) Creo que voy a ir terminando porque no se que mas contar. Prometo colgar algunas fotos cuando vuelva a Salamanca. Un saludo a todos los que continuais pasando por aqui tras casi dos meses de sequia.

P.D.: Pido disculpas por las posibles faltas de ortografia u oraciones mal construidas pero no se le pueden pedir peras al olmo en esta epoca con los teclados tan malos que hay aqui.

P.D.2: A lo mejor hay un museo arqueologico en Larache, y me acabo de enterar O_O

viernes, 27 de junio de 2008

Día del Orgullo Friki 08

Hola a todos! Tal y como prometí, y aunque con algo de retraso, aquí esta la entrada dedicada al Día del Orgullo Friki. Para empezar una breve reseña para poder citar a la Wikipedia en esta entrada. Este es el primer párrafo de un “extenso” artículo:



“El día del orgullo Friki o día del friki es una iniciativa popular que intenta reivindicar el derecho a ser Friki de cualquier persona que lo desee. Este día se celebra el 25 de mayo desde 2006 en conmemoración al estreno oficial de Star Wars-A New Hope. Además, esta fecha coincide con el Día de la toalla.”




Sé que todos sabíamos porque eligieron ese día, pero estoy casi segura de que nadie sabía que era el Día de la Toalla. Bueno, más cosas, la foto la encontré en el 2006 en una web y me encantó, ya que mi primer Día también me manifesté en mi habitación, aunque sin el sable láser ni las gafas de pasta. Para ser más exactos, terminé El Ciclo de la Puerta de la Muerte en esa tarde, que buenos recuerdos... El año pasado fue algo más social: me hice una camiseta de la Rueda del Tiempo que lucí frente a todo mi colegio, me mojé en compañía de mi familia ¿? y, después, salí con mis friki-amigos. Este año ha sido bastante más tedioso, únicamente felicité a KuroSam y creé dos personajes nuevos. Días más tarde me felicitaron a mí^^.



Por cierto, mientras buscaba por ahí alguna información para que no me tocase escribir tanto en este post (cosa que, obviamente, no he encontrado) di con esto. Un par de ellas me hicieron gracia, así que lo dejo:
¿Sabías que...
* ...si das vueltas rápidamente alrededor del tronco de un almendro, te das tu mismo por el culo?
* ...los espárragos son posiblemente la especie más inteligente del mundo?
* ...tienes el 3% de probabilidades de haber nacido hombre o mujer y que el 97% restante es la probabilidad de haber nacido tortuga?
* ...los sueños de Bill Gates se ven interrumpidos constantemente por pantallazos azules?




Lo de darse a sí mismo por el culo habría que remitírselo a ciertas personas, menos a Gimel, que es demasiado uke incluso para eso XD (que conste que esto es para que Orion se digne a dejar algún comentario).

Alé, pues sólo quedan dos cosas, la primera:

Este es el test friki que llevo haciendo durante años. Al principio me salían “Tendencias frikis”, y las dos últimas “Friki” (la verdad es que sólo lo he hecho 3 veces).

http://club.telepolis.com/docz/frikitest.htm

La segunda y última, quiero dedicar este post a mis tres frikis de armario favoritos. Sabemos lo que sois así que cuanto antes lo admitáis, antes podréis curaros. No, espera, esto no tiene cura.

Un beso

miércoles, 25 de junio de 2008

Hola!!! En un tonto intento de acordarme de preparar la entrada, se me ha olvidado por completo. Vease, que con toda mi buena intencion, no me he traido la foto de casa, asi que la entrada que debo desde hace un mes quedara pospuesta hasta mañana (o cuando me de la gana)Bueno, pues nada más. Un beso




viernes, 6 de junio de 2008

Jueves 5 de junio de 2008, 22:45



Hola! Hoy no me enrollaré. Siento no haber dejado alguna entrada antes, pero no he encontrado tiempo. Sé que tengo que dejar una entrada por el Día del Orgullo Friki, pero lo haré más o menos el 25 de este mes, por celebrar el aniversario un mes después. Por cierto, la entrada anterior fue la número 25, también.
En cuanto al texto, es el epílogo. Espero que os guste y poder dejar algo más antes del día veinte =/. Un beso.




Alzó la vista del libro. Sus ojos se nublaron durante un instante, sin percibir la oscuridad sin estrellas que se extendía más allá del alto ventanal que tenía frente a sí. Con un leve suspiro dejó la pluma en un lado del gran escritorio, cerró cuidadosamente el tintero y apartó hacia delante el libro de pastas verdes en el que había estado escribiendo.

Se levantó de la silla de alto respaldo forrado en terciopelo y apagó todas las velas del candelabro de plata. La anterior penumbra transmutó en la misma oscuridad que gobernaba el exterior, pero el ser no titubeó al escoger el camino. Ascendió innumerables pisos por la escalera de piedra, mientras su mente discurría la manera de solucionar el entuerto. No es que le importara mucho esperar, pero a buen seguro ellos deseaban que sucediese pronto. Habían hecho un trato, y aunque tuviera que relegar otras tareas, lo arreglaría. Al llegar a una puerta de madera pulida, giró el picaporte dorado. Esa sala estaba levemente iluminada por dos focos de luz anaranjada que flotaban en lo alto del techo. La única forma de saberlo era que allá arriba podía ver el final de las estanterías. Se encontraba ante una de sus más logradas salas, en cuanto a mobiliario, claro estaba. Todos los estantes eran de madera de roble pulida, con algún tallado de volutas de vez en cuando. Los suelos eran de mármol gris con vetas blanquecinas.

Sin dudar se encaminó a la derecha y, llegado el momento, torció a la izquierda, adentrándose en un estrecho pasillo de no más de dos pasos de ancho. Lo rodeaban los altos estantes; elevándose tanto que, si uno levantaba la vista parecían unirse al final, pero él no lo hizo. Se detuvo y alzó una mano hacía los libros. Si alguien hubiese estado allí para verlo, habría observado como el ente desaparecía y reaparecía un centenar de pasos más arriba, aparentemente, flotando en el aire. Pasó cariñosamente la mano por los libros que se encontraban a su altura. Se paró en uno con las pastas de tela azul oscuro, casi negras. Lo tomó con cuidado, acariciando con sosiego el lomo. Pese a que nada lo indicaba, conocía perfectamente cada una de las palabras que contenía. Casi automáticamente también cogió el libro contiguo, encuadernado en cuero negro. Después alzó una mano hacía el siguiente libro, pero se paró a mitad del recorrido, dubitativo. Finalmente, tomó el libro rojizo, con otro suspiro apesadumbrado. Nunca le había gustado, pero algunas veces era necesario, y ni siquiera él podía cambiarlo. Esa sería la primera medida, pero aun quedaban muchas más, demasiadas. Antes de marcharse miró significativamente los otros dos libros que quedaban en el estante. “Posiblemente también perezcan.”––pensó con incertidumbre. Sin darse cuenta regresó al suelo y comenzó a deambular entre las estanterías de nuevo, con los manuscritos bajo el brazo. Cualquier otro se hubiese perdido, pero no él, jamás ni en el pasado ni en el futuro se perdería en su propia biblioteca.

Cuando regresó a las escaleras comenzó el descenso. Pasó junto a la puerta del estudio y continúo bajando. Abrió una puerta que daba a un pequeño cuarto. Frente a él había una chimenea donde un vivaracho fuego ardía sin ningún combustible. A su izquierda un camastro adosado a la pared. Sin pensarlo más de una vez se acercó al fuego y arrojó el libro de tomo rojizo. No se demoró un instante para ver como las llamas lo consumían, ya era suficiente tener que hacerlo. Cerró la puerta a sus espaldas y retornó a la habitación.
Se acomodó en la silla antes de abrir el libro azul. Hojeó las páginas deteniéndose para releer algunos párrafos, pese a conocerlos de memoria. Al llegar a un determinado punto, abrió el bote y mojó la pluma. Trazó una línea con tinta negra, pero él sólo se limitó a marcarla, pues la línea ya estaba allí. Pasó las siguientes páginas escritas, todas ellas, hasta la primera en blanco, que debería de haber sido el final.
Comenzó a escribir con trazos finos, mientras el sepulcral silencio le dictaba, viéndose roto por le rasgar de la pluma. En un punto hizo una pausa y su semblante se ensombreció. “Muchacha estúpida...”––pensó antes de reanudar su tarea.



4/V/08



P.D.: “––Oye, no piensas que ese es un poco mayor para estar estudiando.
––No, está leyendo el periódico.
––No, joer, ese no.”


P.D.2:"--Es que,... No sé, es la única manera...
--De tener sueños
--Sí."