martes, 25 de noviembre de 2008

25 de noviembre

Martes, 25 de noviembre de 2008, 15:35

Buenas tardes a todos! El primer punto en la orden del día es anunciar que abandonaré el Abismo durante unos diez días, hay otros asuntos que me reclaman en otras partes del Verso. Espero que me tengáis, y tenerme, pronto de vuelta. Segundo punto, hoy es veinticinco de noviembre (fun, fun, fun). Puede pareceron un día normal, pero no. Tengo la estúpida percepción de que hoy es mi día favorito del año, y por eso tengo la tendencia de hacer coincidir algunas fechas especiales en mis relatos con hoy (y ya van tres "hoy"); aunque, como estoy segura ya sabéis, no suelen ser momentos felices. Este post debería hacer un repaso por esas personas, pero como son muchas y variadas, y tampoco tengo tiempo, pues me limitó a recordarlos así, tan tristemente (mis Alejandros^^). Esto me lleva al cuarto punto, que hoy tengo dentista (tercer punto). Al principio me apetecía cambiarlo, si bien hay una parte de mi bastante legal que se negó a ello. Y cuarto punto: esta es aquella descripción que "te cagas" de la que hable hace mucho. Hoy me parece un día estupendo para colarosla, sin que se note. Alé, pues nada más. Un beso y un poco del gélido viento que hay hoy (creo que ya es el quinto); que sí que es cierzo, y no el de Olite. 

Otoño
"Es una fémina alta, esbelta y grácil. Viste una túnica escarlata de satén, con mangas largas y caídas, que casi llegan al suelo. El escote curvo deja ver parte de sus hombros e insinúa el inicio de sus delicados senos. Una gema de colores cambiantes con aspecto de lágrima cuelga en su cuello de un cordón de cuero y, aparentemente, absorbe, desvía e irradia luz cada instante que transcurre. Un cinturón de oro y plata realza sus cadenas, que no parecen proyectadas para alumbrar ningún ente.

Sus manos son delgadas y suaves, largos dedos, uñas redondeadas. En la izquierda porta, con despreocupación, una rama de abedul, con delgadas bifurcaciones desprovistas de hojas, que se asemeja a un cetro, si alguna vez hubiese existido un báculo de tan extraordinaria simpleza.
A primera vista recuerda a una joven, si bien al fijarnos en sus ojos captamos las casi invisibles arrugas que los circundan, y el gran peso que soporta sobre sus invictos, aunque frágiles, hombros. 
En su rostro, ligeramente bronceado, predominaban las formas ovaladas, los rasgos suaves, excepto quizás los pómulos, que resaltan en sus mejillas. Nariz pequeña y respingona. Sus labios, encarnados y bien definidos, muestran el esbozo de una media sonrisa, que nunca es alegre. Ojos almendrados, de color canela y marrón oscuro. Tiene unas pestañas largas y curvas, que le dan un aspecto seductor no correspondido con la realidad. Las cejas forman dos arcos de vello claro. Su mirada es inquisitiva y penetrante, aunque por el cariz de inquietud que reflejan sus pupilas no parece esperar nada del mundo. Conocedora de las verdades más profundas del tiempo, ocultas tras un velo carmesí.
Tiene una larga melena caoba y ondulada que le cae en cascada por la espalda, formando algunos bucles, en la que se saltean pequeños brillos cobrizos, castaños y dorados a la luz crepuscular. Una corona de oro trenzado y pequeñas hojas de hiedra color rojizo se ciñe a sus sienes.
Pasos lentos, pero inexorables. Escucha el sutil frufrú de sus faldas, que recuerda al temprano cierzo entre las hojas de una fronda caduca."

(Momento indeterminado desde principios de Octubre, desde que alguien recordó que no sabía describir.)

P.D.: "Aquellos que tengan un porqué para vivir, pese a la adversidad, resistirán." Friederich Nietzche

P.D.2: Cada 40 segundos...

lunes, 24 de noviembre de 2008

Hoy quiero la respuesta de mi gran por qué

martes, 18 de noviembre de 2008

Sagrada Familia

Martes, 18 de noviembre de 2008, 1:25

Lo primero es agradeceros, maestro bibliothekario, la deferencia que habéis tenido conmigo; en ningún momento he puesto precio tan alto a mi amabilidad, si bien estoy profundamente emocionada. La opinión que tengo de vos dista mucho de ser la que creéis, no obstante debéis entender mi postura, que he fundamentado en mis propios conocimientos y en los proporcionados por personas cercanas a vos, la cual no desearía que interfiriese en la relación que hemos entablado en nuestras mutuas visitas. Entiendo a la perfección vuestro comportamiento en la Bibliotheka, y no seré yo quien censure vuestra actitud para con los peregrinos del Verso que hallamos en vuestra morada un lugar de reposo y sosiego, aunque quizá alguna vez haya sobrepasado el límite de lo cortés; por lo cual os pido mis más sinceras y humildes disculpas.

Y ahora, tras haber contestado a tales puntos, he de decir que no he encontrado nada digno de responder a ellas entre los legajos de conocimiento que poseo en la eterna actualidad. Sólo he podido disponer este pequeño párrafo, el cual me complacería enormemente que aceptaseis como muestra de mi inequívoca gratitud hacia vuestra persona; aun sabiendo que no es inédito ni de gran calidad.

Ondas del celeste lago

“Abandonada al cuerpo la palabra, movimiento que no corta el aire, guardiana del silencio por su indecible forma, por cada signo caído, derrotado, sólo tres veces, una por pasado, y otra por presente, aun también sabe futuro que podrá desterrarla. Huye y se refugia en las nubes del amanecer, en las moribundas estrellas y en las decadentes aguas de un arroyo estival. Pero quién puede explicar las infinitas danzas, el continuo vagabundeo de las huellas de un felino en las arenas del mar, o el rectilíneo vuelo del halcón hiriendo un atardecer, saciándose con su dulce sangre en los primeros brillos de Venus. Porque un pensador puede pensar que sea crepúsculo mismo el culpable de su dolor, tiñendo de naranja Edimburgo, donde miles de chimeneas elevan los restos de un hogar calcinado; donde padre y nornas protegen a los desheredados de la bella y virtud, de la lealtad entre el charco y la gota. Perezoso es el septiembre que vivimos, duchando nuestras almas con prematuras lluvias y templados heraldos de la muerte vegetal, entonando con sinuosas voces el batir de una libélula perdida en el humo otoñal, en las doce campanadas que anuncian el equinoccio de una perecedera circunferencia. Por qué para conocer el final de algo es necesaria la destrucción de los últimos azahares sobre la hierba creciente, o de los postreros momentos de un sábado baldío, donde conseguimos detener las manecillas en las seis y cuarto, y vivir aquella sempiterna hora intranscurrida, cuando nuestros latidos se paraban en cada silencio, cuando nos cubría una capa de empatía que nos acercaba como nunca antes, cuando el tacto melódico de un oud glorioso capaz, incluso, de destruir cada palabra del hermético, dándoles inconcebibles significados; allá en el oscuro océano, donde las torres ya perecieron y aún son iluminadas desde la sombra de la luna. Si bien, sólo podemos ver lo sensible a la vista, lo que somos capaces de bosquejar tiene que tener un trazo en nuestra mente, antes de acariciar el papel con grafito, y marcar los límites de un país que no es tal, cuyas fronteras son el espacio y el tiempo, el hierro y el firmamento.”

18/XI/08

P.D.: “Aunque el mar sobrepase nuestras torres, pisaremos tierra firme en luna llena.” (Aníbal Núñez, "del himno de los locos mesetarios")

viernes, 14 de noviembre de 2008

*didn't recognised

Viernes, 14 de noviembre de 2008, 1:21

¿Qué tal? Hoy si que me estoy durmiendo en el teclado, de verdad. Llevo toda la puta semana con el mismo horario y ya se nota bastante. Aunque la parte buena es que estoy escribiendo más ahora que desde hace meses, no me sentía así desde Valagiur, en los comienzos. Ayer si que me di el baño de mi vida, os lo juro, fue maravilloso. Jamás una acaricia fue tan fría ni suave, ains, otra cosa que la hice sola y es irrecuperable, pero me encantó. De hecho, creo que no hubiese sido lo mismo en compañía, sólo nosotras dos (bueno, todo en general, allí no entraba nadie más =) La excusa de la longitud de este post ya ha sido dicha, y como no rigo bien me voy a la cama echando ostias, ya estaré con Verónica durante todo el fin de semana. Un saludo.

Esperad, que no he explicado el siguiente fragmento. Lo escribí en verano para clases y se me fue la pinza y quedó esto (William E. se merece algo más de lo que tengo escrito, asi que con un poco de suerte os terminareis enterando); la profe no lo entendió, una pena. Alé, se que no es muy bueno, pero por algo se empieza.

The house was empty but I could see that someone has been there and had only just left. I looked at William, worried. He seemed lost in that place and didn’t realise that someone had been in the room a few minutes before we arrived. Suddenly he stared at me, with surprise. When he talked, his voice sounded too exhausted: “What can you feel? Can you smell this perfume?,” he asked me. “No, I can’t smell it. What’s it like?,” I answered, whispering. He walked to the shelves and touched the ancient books. His middle finger was dusty when he showed it to me. Afterwards, he smelled the air very slowly. “Maybe I can smell a broken dream, it was forgotten in the time twist. But now it is living here, together with a delirium. Actually, it is a dark perfume, however, I can’t dislike it, I don’t know why...” I approached him, and put my hand on his shoulder, with love. “You needn’t worry about that, Will. We have come here for a reason.” He carried on looking at the books. “I cannot remember anything,” he said sadly. “Nothing about my other life.”

P.D.: "Media Verónica lamenta que el tiempo se consume y lo demás no cuenta" Amaral.

P.D.2: "Da igual que no le preguntemos, va a contestar de todas formas."^^

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Crepúsculo nictálope

Miércoles, 12 de noviembre de 2008, 1:22

Buenas madrugadas! Estoy aquí dejándome la vista frente al ordenador, con bastante poco sueño y después de haberme dado la ducha de mi vida. El agua salía a chorro calentita, y con presión, encima no hacía frío al salir, y ahora estoy en sujetador más a gusto que "el bombas" (no sé si esto sólo se dice en mi casa). Vamos, que es la ostia. De hecho, creo que voy a ducharme a las 00:15 para los restos, porque me he emocionado un montón^^. Bueno, aunque no vaya a acostarme aún, ando con cosas entre manos y no puedo entretenerme mucho con esto. Pues el tema que nos ocupa hoy es la siguiente ¿composición?, que esta escrita para y con motivo del bibliothekario, Gildûr Elheazar. Los motivos son obvios y si los desconoceis únicamente teneis que pasaros por la bibliotheka o leer todos los comments de mi blog, aunque debo presentar mis más sinceras disculpas a tan ilustre personaje por la tardanza, para la cual no hay excusa alguna que me exima de culpa; sin embargo, ya se sabe, entre nuestras largas vidas, por no decir sempiternas, y mis "supuestas e innumerables" responsabiblidades pues lo he ido retrasando hasta el día de hoy, mejor dicho ayer. Mi consejo es que leáis antes en la bibliotheka "Do ut des", ya que esto es un intento barato de respuesta. Y ya, sin más dilación, y deseando hundirme en los sueños, os dejo. Que tengais dulces sueños.

Numquam mutuum est

“Tal vez no sea sólo el olvido la importancia que le concedemos, sino el mero hecho de conocer su existencia y continuar amándola. La cruel certeza vista en nuestra mente, en nuestros sueños, y que no podemos alcanzar. Si bien quizá no nos pertenezca en este día la elección del encuentro y del olvido, o solamente la que produce la búsqueda, el mero hecho de errar lejos del hogar incorpóreo, de la utópica patria antes únicamente soñada. El castigo de los dioses, inmerecido deambular por el inhóspito yermo, el cual recubre cada arena del transparente espejo. Pero, quién, castigador, no anhela liberarse de un tormento y tocar la tierra de sus ancestros. Es todo un gran círculo de fuego, de estrellas a veces brillantes, el que marca el destino de los mortales, y se marca su propio sino. No obstante, debió existir un ser libre, ajeno, que esclavizase antes, que crease yugo y cadenas, al que rogar no debemos por ser contrario a nuestra causa. Y aunque vaguemos ciegos, añorando la luz crepuscular, aunque ni los luceros nos acompañen, siempre la oscuridad muestra matices que antes nos eran desconocidos. Entonces, yo clamaré al cielo que ninguna maldición es más poderosa que mis versos y si las lágrimas corren sangre, entonces lloraremos juntos, por el hogar perdido, por los antiguos delirios y por los amores sólo imaginados. Entonces, seamos noctívagos en esta noche que es la vida, y besemos sin querer lo que resta del recuerdo.”

11/XI/08

P.D.: "Igualitos que las bolas de dragón" O_O

P.D.2: "Lo que los hombres llaman galantería y los dioses adulterio, es mucho más común donde el clima es sofocante." Lord Byron.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Carisma de verdades

Lunes, 10 de noviembre de 2008, 0:57.

Pese a estar muriéndome de cansancio y de ganas por volver al Reino de Morfeo, estoy escribiendo esto. El texto de hoy, que no es mío, requiere una pequeña explicación que esforzaré en dar en pocas líneas. En mi colegio católico tienen la extraña costumbre de rezar cada mañana y leer algunas cosas de esas que te hacen reflexionar sobr tu vida y esas cosas. Unas veces hablan de curiosidades que sólo sirven para aumentar tu cultura general; otras te sueltan el rollo del amor al prójimo y cosas en plan testigos de Jehová (que generalmente aprovecho para regresar a mi amado Sueño, o por lo menos intentarlo); y algunas, las más escasas, escriben cosas como la del viernes pasado. Dio la casualidad de que me tocó salir a leerlo a mi, por lo que seguramente sea esa la razón por la que me impresionó tanto (sino, con la capacidad lectora de niño de seis años no creo que me hubiese enterado). Yo me limito a dejarlo (así pongo una entrada sin necesidad de corregir lo mío XD) Un beso.

¿A qué llamas perder el tiempo?

- ¿Tiempo perdido? Es aquel en el cual no nos entusiasma ya nada, ni disfrutamos tampoco de nada, ni amamos a nadie.

- ¿Tiempo perdido? Aquel en el cual cruzamos por un lugar o un momento, sin tener plenamente conciencia de ello por estar siempre añorando al otro tiempo: al ya muerto, o preocupándonos por aquel que aún no ha nacido.

- ¿Tiempo perdido? Aquel en el cual no se aprende ya nada, ni damos nada, ni esperamos nada de nadie; aquel que construimos con mil esperanzas amortajadas o tan sólo un intento fallido.

- ¿Tiempo perdido? Aquel en el cual nos culpamos de todo, odiamos a todos y sufrimos de todo, permitiendo que un estúpido miedo o un abrupto enojo nos conviertan en un individuo vencido.

- ¿Tiempo perdido? Aquel que, de repente y sin darnos cuenta, ya se ha ido por guardar avariciosamente una espontánea sonrisa, un dulce “te quiero”, un esperado perdón o un olvido.

- ¿Tiempo perdido? Aquel en el cual nunca nos atrevimos a hacer ya nada por miedo a perderlo todo o para evitar esa burla de pretender cambiar lo que es inmutable o prohibido.

- ¿Tiempo perdido? Aquel que se aparece en el umbral de nuestra muerte y al cual le echamos la culpa de todo lo que fallamos o de la mala suerte, o incluso de las decisiones que perdimos en cada encrucijada del camino.

- ¿Tiempo perdido? Aquel que, tú y yo, permitimos que siga fluyendo sin mayor conciencia, amor o esfuerzo, evitando de esa forma que nuestro ser puede vivirlo al cien por cien.

Buenos días, el 7 de noviembre de 2008

P.D.: "Nunca te acuestes enfadado, por la mañana levantate y lucha."

P.D.2: La que esta en cursiva es la que más me gusta. Me gustaría conocer vuestras opiniones...^^

viernes, 7 de noviembre de 2008

Caeteris Paribus

Viernes, 7 de noviembre de 2008, 0:55

Buenas, ¿qué tal tras estas vacaciones indeseadas que me he tomado? Sinceramente me hubiese gustado postear algo antes, pero entre unas cosas y otras pues no ha salido como yo deseaba. Ahora entiendo esa afición por dejar post a altas horas de la noche, esta bastante guay estar en casa con la música, todo el mundo durmiendo menos tú que pierdes tiempo de sueño entre todo y nada. Últimamente me siento bastante extraña, me noto cambiada en más de un sentido, pero no sé si para mejor o peor (creo que a mejor). No sé la causa exacta de este cambio, si bien tengo una ligerísima teoría, que me lleva a pensar en lo distintas que pueden ser las personas y los cambios que pueden producir en ti, depende de con quien hables o de quien te enamores. Sinceramente no sé cuanto va a durarme esta historia, pero la experiencia me obliga a pensar que no mucho, tiendo al mímimo esfuerzo^^. Aunque me gustaría pensar que esto puede ser un punto de inflexión, de no volver a la misma historia anterior (que, sin lugar a dudas, y ya para enlazar con economía, estaba en crisis <--viva mi profe de economierda!) Tal vez sea la edad del pavo que me viene con retraso, término que nunca he terminado de entender, o cualquier otra gilipichez que no viene al caso. Lo único es que voy a aprovecharme de mi misma lo que dure, y cuanto dure, y ahora más que nunca: Carpe Diem (esta vez sin interrogante, es una orden XD)

Las gotitas en el cristal

Caía acompasadamente sobre sus cadáveres de leyenda. De colores brillantes y algo tristes parecía llorar por no haber llegado a tiempo. Se ilumina de amarillo y azul, con la ciudad de los Suspiros. Lo baña todo con su manto protector, olvidando que no puede ser parte de la tierra. El mar sonríe al notarla, por sus soldaditos aventureros vuelven a casa. Han visitado el cielo de los dioses y han pasado por la tierra donde habitan los hombres, regresan al océano con miles de historias de aventuras en lo largo de su vida. Porque debes saber que las gotas de lluvia no mueren en el mar, que siempre ha sido el hogar de sus ancestros. Por eso las lágrimas saben a sal, porque se perdieron entre las estrellas y no encuentran el camino de regreso. Incluso la lluvia sabe llorar, aunque no tenga corazón. Seguro que alguna vez has sentido caer una gota en tu mejilla, es fría y lenta, incómoda. Casi instantáneamente, otra cae en el mismo lugar. Esta es más suave y cariñosa, y parece darte un beso mientras se desliza por tu mentón. La primera, es la gota llorona, que esta triste. La siguiente, la gota somnolienta, que hace la vez de su lágrima. Las gotas de lluvia son eternas, y a la vez, efímeras, porque caen en un instante, pero siempre habrá otra para reemplazarla. Alguien debería enamorarse de ellas, porque son libres y los libres necesitan amor. Pero nadie es capaz de amar a mi gotita de lluvia, sólo yo. No fui capaz de guardarla en una botella, por lo que todas las gotas de lluvia son la gotita de lluvia que perdí, cuando la borré del cristal con el limpiaparabrisas de mi coche.

17/XII/07

P.D.: "Nunca dejes de sonreír, ni siquiera cuando estés triste, porque nunca sabes quién se puede enamorar de tu sonrisa." Gabriel García Márquez.

P.D.2: "A fallo-error, a fallo-error..." (bis) XD

lunes, 20 de octubre de 2008

Otoñales delirios

Lunes, 20 de octubre de 2008, 00:38

Esto son unas descripciones que tuve que hacer para clase de Lengua y Literatura, y que en un intento de complicarme la vida lo hice la mar de subjetivo y ambos bastante oscuros (Otoño), por lo que opté por hacer otra que se ajustase más a lo que me pedían (Rubíes). Ahora y para aprovechar que tenía que corregirlos y que ya estaban en el ordenador los cuelgo aquí =). También es mi homenaje a la época del año que más me gusta.

Otoño

- Es áureo, rojizo, castaño. Huele a melancolía y tristeza, a pérdida de fuerza, a los postreros alientos de un año que sólo permanecerá mutable en nuestros versos. Es tiempo de lloros dulces y crecientes oscuridades, de velas que cada vez se encienden antes. De vida muerta y de muerte viva, reptando tras cada esquina, viviendo en tempestades. De ruinas de ilusión y encuentro de esperanzas. De nuevo soñar con un conocimiento que sólo lo ignoto puede brindar. Es mostrar una media sonrisa cargada de añoranza.

Es abandono de lo pasado, miradas de resignación hacia un futuro que se resiste a acontecer. Empuñar unos recuerdos que forman ya parte de lo que para siempre perdimos. Cientos de horas de oscuro silencio esperan para envolvernos. Y éste, caminante, es sólo el comienzo. Lugares mojados y amaneceres tempranos, sonrisas fingidas y noches de engaños. Pero, dioses del mundo, no desesperéis, sabed que volveréis a meceros en las brisas del verano.

Rubíes

- Eres capaz de apagar los diamantes y el oro blanco que circundan la exquisita forma de tu cuerpo. Es tu brillo, y no el de ellos, el que levanta corazones y hace palidecer amaneceres. Es el tuyo el color de la victoria. Cuando el Sol se cuela en tu interior y un millar de sangrientos reflejos tocan la lechosa piel de una mujer, pestañeos de gloria y poder que sobre su cuello eclipsan la luz de sus pupilas.

No puedo negar que eres hermoso; frío, distante y cruel, pero también repleto de belleza. Para mí tus curvas sólo reflejan lujuria, el dolor que miles de personas tuvieron que sufrir para que las consiguieses. Tus miradas colman de ira mi corazón, por ser fruto de la esclavitud de los hombres. Impotencia siento al saber tu origen, cómo, viniendo de la Tierra vales más que ella.

29/IX/08

P.D.: "Si hubieses dicho "vete", habría enterrado la esperanza, pero jamás te habría abandonado" Martyn Tallanvor

Editando: Y el frío que hace en esta ciudad olvidada por los dioses es lo que peor llevo, pero tiene su atractivo si puedes abrazarte a alguien XD

viernes, 17 de octubre de 2008

"...si el Atador así lo desea."

Viernes, 17 de octubre de 2008, 01:51

¡Buenas madrugadas! La razón por la que sigo despierta es muy clara, mañana tengo examen de inglés y ya veis... Me he puesto a escribir y he pasado de estudiar como de la mierda XD. El texto en cuestión es el siguiente que espero que disfruteis leyéndolo tanto como yo no he disfrutado escribiéndolo ("cojo un personaje, lo creo torturado...", todos sabemos que en el fondo no puedo evitarlo, el único (masc) que acaba ma o menos bien es Valagiur, y ya sabéis como acaba =). Pero bueno, dejando esto aparte ya había ganas de escribir una escena como esta, que se le haya tocado a este personaje es fruto de la casualidad, ¿para que crear nuevos cuando tienes un montón que admiten nuevas desgracias? Se estaba rifando entre Alejandro y Reihven, and the winner is... Alé, pues ya dejo que juzgueis por nosotros mismos, lo único que me gustaría avisar a Daos de que este fragmento tal vez hiera su sensibilidad, para que luego diga que no lo señalo antes.

Sus miradas habían quedado entrelazadas. Los iris anaranjados reflejaban con tranquilidad diluida en deseo unos ojos oscuros que brillaban desazonados, intentando desvelar los pensamientos que poblaban la mente de su maestro. Tras pasar unos instantes de angustiosa calma, en mitad de la gran alcoba repleta de manuscritos y polvo, el clérigo desenfundó una daga de plata con deliberada lentitud. El sonido del acero se fundió con la entrecortada respiración del joven, ya casi un hombre, que pese al tiempo transcurrido continuaba temiendo aquellos ojos. De un paso se colocó a un palmo de su cara mientras esbozaba una media sonrisa cargada de significado, haciendo que un escalofrío recorriese la espalda del discípulo, quien no pudo parar a tiempo los pensamientos anhelantes que afloraron en su mente. Como única respuesta el sacerdote frunció el ceño, disgustado quizás por el desliz cometido por el muchacho, aunque interiormente le complaciesen aquellos lujuriantes bosquejos.

Alzó la hoja y comenzó a cortar una a una las puntadas de la túnica corta, deteniéndose para clavar la arista sin llegar a cortar, lo que provocaba leves sacudidas en el de negros cabellos. Finalmente, la prenda cayó al suelo con un susurro, descubriendo un cuerpo fibroso y torneado, repleto de costras y cicatrices rosáceas. Con la punta comenzó a recorrer antiguas heridas, dibujando extraños símbolos cabalísticos sobre la pálida piel, ignorante del esfuerzo que le suponía al adepto permanecer inmóvil con la mirada fija en la nada. Sin previo aviso hundió el cuchillo en una zona intermedia entre el corazón y el hombro, donde la espesa sangre acudió sin demora. Un grito ahogado se elevó en la estancia, causando una momentánea vacilación en la imperturbable mente del sabio. Llevó las manos a su cintura, sin preocuparse de la hoja, mientras se inclinaba y detenía con la punta de la lengua el plasma que comenzaba a descender por el pectoral izquierdo. Después de lamer la piel adyacente se centró en la herida, de donde bebió hasta saciarse. Durante los minutos que se había prolongado la consagración de su maestro, se había mantenido hierático, con los puños en los costados y dos lágrimas recorriendo lentamente sus mejillas; intentando mantener la superficie de su mente como un estanque, eludiendo las sensaciones que pugnaban por embargarle. A duras penas contuvo un suspiro de alivio cuando él volvió a mirarle, con sangre en los labios, mostrando un brillo codicioso y hambriento.

La daga cayó al suelo con un tintineo, rozando en su descenso el gemelo del joven, que dobló la rodilla ante el imprevisto dolor. Con sorprendente indulgencia, el clérigo tiró de él y hundió ambas manos en el abundante pelo azabache, atrayéndolo hacia sí. El beso fue violento y rápido. El sabor metálico les impregnaba las fosas nasales, y por las comisuras de sus labios corrían sendos regueros escarlatas, pues en un indeterminado momento el sacerdote lo había provisto de la sangre de ambos. Instantes después de ese momento indefinido, el muchacho se había aferrado a sus nalgas cubiertas de terciopelo y, al no encontrar oposición, continuó envolviéndole apasionadamente.

Se separó de él perezosamente sosteniéndole de nuevo la mirada, en la que se intuía anhelo y temor a partes equivalentes por lo que habría de ocurrir. Con la mano derecha tomó la verga erecta del adepto y empezó a acariciar la punta con los dedos índice y pulgar sin dejar de escrutar aquellas sombrías pupilas, que no parecían ser capaces de concretar los sentimientos que le inspiraba.

Dejó que el líquido blanquecino tiñese toda la mano, antes de indicarle con un leve gesto que le subiese la túnica y se la recogiese con el ceñidor, cosa que hizo no tan prestamente como debería. Untó su propio pene rápidamente, mientras notaba como la respiración del joven se volvía más jadeante.

––A cuatro patas.––ordenó fríamente.

Él se apresuró a obedecer, cayendo de rodillas en el suelo desnudo para luego girar hasta darle la espalda a su señor. Los brazos comenzaron a temblarle al sentir como también se arrodillaba entre sus piernas abiertas y el roce del terciopelo en la piel.

17/X/08

P.D.: "Pero lo prometido es deuda, y las promesas hay que cumplirlas." L. Frank Baum, El mago de Oz.

martes, 14 de octubre de 2008

Brisa de cadencias

Lunes, 13 de octubre de 2008 21:42

¡Buenas noches! Hoy ha sido un día de dejar todo para dentro de un rato por lo que ahora tengo un montón de cosas por hacer y siguen acumulándose. He perdido por un rato largo y bastante angustioso una carpeta donde guardo algunos de mis escritos, y todo por hacer el gamba y darle a "Ocultar carpeta" cuando sé que mi hermana no leería algo mío ni aunque le pagase en metálico. Luego está el problema de mis troyanos, aunque realmente no entiendo porque se llaman así, que ya han creado unas productivas colonias en todos los PC que utilizo normalmente. Lo mejor es que los muy hijos de puta no aparecen cuando pongo "Mostrar ficheros ocultos". Voy a intentar quitarmelos de en medio con un antivirus, pero sino se van capitularé. Y no es por nada, pero me jode que mi bonito ordenador negro sin nombre este plagado de cosas como esas sin ni siquiera conexión a Internet. Es horrible en cada una de sus formas, snif, snif...

(...) Aquí había un gran párrafo que creo oportuno borrar para asegurar la larga y sana vida de Ever... A buen entendedor, pocas palabras.

Y ahora, dejo esto que escribí hace casi un añito. Espero que lo disfrutéis =)

"Cascadas de humo azul que lo cubren todo a su paso. Nosotros las seguimos como el camino solitario que desaparece en el mapa que perdimos. Y continuamos. Uno cae, y dos, y el tercero se abandona a la tierra que lo vio nacer. Sólo quedamos tú y yo, mi pequeña. Me abrazas con fuerza en lo rojo del espíritu. Te sigo, sólo juntos y separados a la vez por la fuerza que nos impone la carne. El dolor de nuestra visión, el cielo gris que nos contempla caminar por el erial de sus lágrimas. Y desfalleces. Y continúo. Las estatuas que dejamos atrás regresan a los campos de amapolas de los cuentos que infancias nos contaron. Las luces alumbran mi solitario caminar en el nuevo mundo que tu despedida creó para mi. Y dios me mira, y yo me río de él. Sus ojos cambiantes me odian y mortifican y llorando me arrastro y suplico perdón. Ya no desearé las lágrimas de mis ancestros en la cara, y los descendientes morirían en mi vientre antes de nacer. Poseída de lluvia y colores apagados me pierdo en las otoñales calles de piedra, de una ciudad de piedra, en un país de piedra, en el muerto mundo."

P.D.: "Podéis poseerme si lo deseáis". XD

lunes, 6 de octubre de 2008

Benditos recuerdos

2 de octubre de 2008, 23:49

Bueno, pues después de un mesecito sin postear nada ya va siendo hora. Se supone que ahora debería estar estudiando un examen de inglés que tengo mañana, pero tras la desilusión del anterior no me apetece nada. En cambio estoy escribiendo esto y una descripción “que te cagas”, porque ese es el sintagma adjetival que mejor la define (la verdad es que me la estoy tomando muy en serio). Por lo demás, no hay ninguna novedad, lo que tiene su punto inquietante. No sé, en un momento te pones a pensar cómo empezar una frase y al siguiente ya te has ido un par de mundos más arriba. Es básicamente lo que me acaba de pasar, pero no me gusta que me pille por sorpresa. Ay, que le voy a hacer... Y ahora, volviendo a temas más trascendentales, os habéis dado cuenta de que el la archiconocida canción de Carmina Burana dicen “O fortuna” al principio. Yo lo hice el otro día^^. Voy a ir acabando porque esto se esta convirtiendo en un sinsentido de lo peor, u horrible, según se mire. Alé, a vivir lo más libres que nos deje el mundo.

Beberé la hiel de tus labios

Después de tanto tiempo sin pensar lo que en realidad deseo, me he dado cuenta (quizá demasiado tarde) de que disfruto con tu simple compañía. De que me gustan tus ojos, y tu manera de sonreír. Segura estoy que si mi doncellez perdiese contigo me arrepentiría en cuanto tuviera tiempo de pensar. Ni aún sabiendo que tú me amas no sé si sería capaz de amarte yo. Sinceramente, encuentro ese sentimiento un poco esquivo, y tal vez sea mejor. Me pensaré varias veces la posibilidad de que puedas leer esto, y aún no sé si sólo me pertenece a mí o nos permanecerá a ambos. Quien quiera entender que lo haga, no son desconocidos mis etéreos amantes, que incluso abrazo en confusión cuando duermo contigo. Puedo inventar un pasado, futuro y presente, sobretodo cuando escucho el rasgar de tus melodías. Aún recuerdo esa mañana recién levantada, tu torneado cuerpo durmiendo junto a mí, con ganas de abrazarte y darte un beso en tus voluptuosos labios, como tantas veces hicimos, tal vez esperando más morbo del que nunca existió. ¡Ay, si el Tiempo perdonase! Ahora sólo queda el triste recuerdo, o el aun más triste olvido. Es quererte en mi memoria, y significar la indiferencia en mi vida. Perdóname por lo que hice, sabes que era una niña sin nada con que llenar mi corazón. Ni tuya fue la culpa ni mía la capacidad de que me perdones. Supongo que aunque no lo parezca continúo echándote de menos, a ti y a tus caricias. A ti y a tus besos robados entre blancas sábanas. A ti y a las conversaciones sobre el devenir de las olas, entre el devenir de las olas. Si yo fui de luna y tú de sol, amor mío, aun te quiero. Si alguna vez, quieran los dioses, que de tu cuerpo desnudo vuelva a disfrutar, para acariciar cada rincón de ti, ahora que ya se como hacerlo. Es imposible negar lo mucho que apareces en mis sueños, con caras e historias diferentes. Pero dejaré ya de hablar de ti, pues no quiero más dolor del que ahora ya siento por otros pasados. Pondré fin a esta historia como hice con tantas otras, pues ninguna tendrá ocaso hasta que olvide...

21/IX/08

P.D.: "De los despojos de la rueda".

P.D.2: "Ya no persigo sueños rotos, los he cosido con el hilo de tus ojos y te he cantado al son de acordes aún no inventados". Los Secretos.

P.D.3: Me olvidadé el documento en casa, asi lo pongo hoy en vez del viernes.

viernes, 29 de agosto de 2008

Entre hilos de pereza

Viernes 29 de agosto de 2008, 0:12

Buenas noches! Estamos de nuevo por aquí en esta agradable noche de verano, que de buen gusto habría pasado en la calle. La película del Caballero Oscuro no tiene desperdicio, si alguien de los que leen este blog todavía no la ha visto es completamente recomendable, y vale los 4,50 de la entrada. Y ahora dejando de lado temas tan irrelevantes quiero hacer eco de una reflexión de Fuego, que sorprendería al mismísimo Aeoris del Orden. El Señor Blanco ya mencionado recalca en su encuentro con Tarod, Señor del Tiempo, que la única misericordia del Orden es la justicia. Y si tal como dice Joker, el Caos es justo, esto queda en: misericordia del Orden= justicia; lo justo, y por ende, la juscia= Caos; misericordia del Orden= Caos. La gracia de todo esto esta en que Fuego dijo que el ente que hiciese esa afirmación debería de ser del Caos, por lo que no soy la única criatura caótica XD (mi reflexión es demasiado pobre). Y después de este importante anuncio, paso a comentar un poco el origen del texto y después me iré al Reino de Morfeo. No tiene fecha porque tengo la mala costumbre de ponersela cuando termino el texto y este, en un principio, no esta terminado (finalmente lo voy a dejar así, paso de torturar personajes). Aunque creo que lo escribí todo el 13 de marzo, por lo que es la fecha que le pondré oficialmente. Los extras (con algún que otro cameo), son gente real que había por la calle la Rua y Anaya el 13 de marzo, sobre las once y media de la noche, cuando salí del Alcaraván y me apetecía dar un paseito. La verdad es que de noche esas calles cambian mucho, sobretodo en día de diario. El título sale de juntar las palabras Oscuro + Profundo, que aunque me gustan, no pienso añadir a la lista.

Oscuro profundo

Sus pasos le eran completamente desconocidos. Un ritmo atenuado por la piedra desnuda y los sonidos tumultuosos de la iluminada noche. Pocas veces tenía la ocasión de pasear como ésta, sin voces que la distrajeran, excepto los agobiantes gritos de su cabeza. La gente pasaba ajena a su alrededor, cada cual con su propia historia que jamás conocería. Miraba a cada uno de ellos, deseando una vez más, que se sumaba irremediablemente a todas las anteriores, encontrar entre ellos una sonrisa diferente, una lágrima propia, un pozo oscuro donde al perderse no tuviera miedo de no regresar. Buscaba una mente amiga, sin dolorosos prejuicios e impuestas reflexiones. Deseaba que la juzgaran por como era, y no por lo que fingía ser. La capa de las mentiras era ya demasiado cómoda, pero también pesada. Sus ya castaños ojos se habían oscurecido aún más de lo que recordaba. Al mirarse a un espejo ni siquiera ella misma era capaz de penetrar el miasma que recubría el fondo de sus pupilas. Debía reconocer que temía perderse sin rumbo en un mar de pensamientos, como antaño tanto hacía. Ahora le horrorizaba la posibilidad de despertar los viejos fantasmas y los recuerdos que evocaban. La seguridad que entregaba la superficialidad era extrañamente agridulce. Sentir que la puerta estaba cerrada bajo siete sellos la hacían suspirar con alivio y añoranza. Le hubiera gustado que alguien se olvidara de sus falsedades y la apreciara por lo que en realidad la llenaba por dentro, pero claro, también sabía que ningunos ojos serían capaces de mirar más allá.

Era una noche fresca, con una leve brisa cortante que nada parecía poder aplacar. El abrigo no bastaba para cubrir su cuello por completo. Le gustaban las calles de esa ciudad, sobretodo en invierno. La piedra era indiferente a todo cuanto le rodeaba, y los antiguos edificios miraban vanidosos desde las alturas. Eran hermosos, con aquella piedra color arena y sus formas majestuosas. Las luces que los iluminaban en tonos dorados le aportaban aún más esplendor, pero también se lo restaban a la sempiterna noche, que perdía sus pequeños diamantes. El cinturón estaba apagado y el lucero del alba ni siquiera se veía. “––Una verdadera lástima que desaparezcan tan a menudo––pensó con tristeza.” Aburrido ya de los siempre recurrentes pensamientos en una noche pasada en solitario comenzó a observar con detenimiento a las personas que se cruzaban con él. Escuchaba sus palabras desde una treintena de pasos, sin detenerse demasiado, sólo para pasar el rato. Dos jóvenes hablaban sobre política, otras dos chicas sentadas en un banco de piedra sobre las clases y laboratorio. Un hombre con aspecto cansado miraba la hierba mientras su perro olisqueaba unos setos. Una mujer paseaba con la melodía de una canción en sus labios. Una pareja hablaban a la sombra de un edificio, y otra caminaba junta y besándose de cuando en cuando. Una muchacha con las manos en los bolsillos de su abrigo vagaba despacio, sin rumbo, murmurando algo que no fue capaz de oír. Un grupo de chicos hablaban rápidamente en francés, casi a gritos... La vida continuaba como en todos los siglos anteriores...

Podía intuir sin demasiado esfuerzo sus días venideros, bastaba sólo con mirar los días pasados. Y el único momento que hacía que su vida mereciera ser vivida duraba el segundo en el que las luces se apagaban por completo y sentía como todo el peso de la realidad se evaporaba durante un instante. A menudo se preguntaba si sería capaz de permanecer para siempre en el mundo onírico, si con un gran sacrificio conseguiría la venia de su rey para morar allí eternamente. Era obvio, no lograría su deseo más que para unas horas, llenas de etéreas realidades que apenas era capaz de recordar. Si alguien fuese lo suficiente poderoso para sumirla en la oscuridad que tanto anhelaba, conseguir que el tiempo no pasara a cada vuelta del reloj, que no la despertara tan cruelmente cada amanecer...

P.D.: "No te tomes la vida tan en serio, total, no vas a salir vivo de ella."

P.D.2: "Le habían robado el bolso a una vieja con un gato muerto dentro, que llevaba al cementerio a enterrar:"

jueves, 21 de agosto de 2008

Un mar de estrellas

Esta es una de mis canciones favoritas, ya no solo de WarCry, sino en general. Siguiendo la costumbre que he adquirido aqui diré que es horriblemente horrible, y me encanta cantarla de noche, cuando se ven las estrellas en el mirador. Hoy he venido en el coche desde Ksar el Kebir viendo un montonazo de estrellas como no veia desde aquel viaje en el Holandes camino a Olite. Aunque hoy me he soñado (gracias a Fuego no es soniado)que estaba con gente en la playa y se veian claramente las constelaciones, Orion la que mas. No estoy segura de con quien estaba, bueno, si, Fuego y Orion de fijo, pero los demas estan borrosos (quejas a Sandman). Tambien me he soñado con mas cosas guays del paraguay, que ahora recuerdo mas bien mal. Por cierto, hay luciernagas encima de la ventana de mi habitacion en el hotel, son supermegasguays chachis pelotillas (no se porque pero hoy mi humor es estupendo).

Me gustaria a ver puesto una foto de mi propia cosecha, pero ante la imposibilidad de descargarla de la camara tendreis que conformaros con esto.

Un Mar De Estrellas, WarCry

Amanece y sentado junto al mar

la mirada fija en la inmensidad

esbozando una sonrisa

imaginando no despertar

hubo un tiempo en el que el hombre fue feliz

disfrutando cada dia su existir

ella era toda su vida

su principio y su fin

Y aunque el mar se la llevo,

él aun oye su voz

susurrandole frases de amor

cada dia se le ve, sentado al amanecer

esperando verla volver

Un deseo cada amanecer

y un lamento cada atardecer

esperando, deseando que la muerte

venga pronto a por él

Mas un dia, ya no aparecio

en la playa ya no se le vio

ya por fin esta contento

la muerte se lo llevo

Y en el cielo se les ve

casi hasta el amanecer

por fin juntos otra vez

se reflejan sobre el mar

al llegar la oscuridad

y las lagrimas ya no volveran.



Dejo un link a youtube por si la quereis escuchar: Un mar de estrellas

P.D.: El nuevo apartado a la derecha es cosa de mi estupida hermanita pequeña =)

P.D.2: "La melancolia es un licor bien caro, no te has dado cuenta y ya te ha emborrachado" Amaral

miércoles, 20 de agosto de 2008

Historia de un viaje I

Hola!! Que tal estamos pasando el veranito? Yo ahora estoy en un ciber marroqui pasando cada noche las horas muertas. Estoy en gmail, por si alguien quiere apiadarse de mi y pasar un ratejo; la unica que esta siempre haciendo las cosas del hogar es mama Orion (que raro me suena llamarte asi). No se exactamente que contar, estaba pensando hacer una cronica sobre el dia de ayer que fue lo mas interesante, pero como ya la tengo empezada en el cuaderno amarillo pues ya la colgare cuando termine de escribirla por completo. Pero perfectamente puedo empezar el relato del dia de hoy que ha sido completamente horrible (en el sentido mas amplio de la palabra, que estoy empezando a sacar de contexto).

Miércoles 20 de agosto de 2008

Los hijos de p*** que habitan en el dormitorio contiguo al mio me despertaron a las cinco o seis de la madrugada dando palmadas a la pared y dejando correr el agua del grifo. Esto me molesto en sobre manera ya que esa noche las pasaba putas cada vez que me rozaba la sabana (el sol de aqui calienta demasiado para lo que puede soportar mi palida piel de bibliotecaria). Me desperto mi mama llamando por telefono, en realidad lo hizo la cancion The Soulforged XD. Me vesti sin ganas ante la imposibilidad de salir desnuda a la calle (solo de pensar en un rayo de sol me entra dolor de cabeza) No se en que momento me di cuenta de que habia soñado con Valagiur e Hioenoa. La verdad es que aunque solo sea por los sueños que estoy teniendo, el viaje ha merecido la pena, Morfeo cada vez se lo monta mejor^^. Desayuno por partes y clase de ingles. Despues nos hemos ido mis padres y yo a ver las ruinas romanas de Lixus que hay en Larache. Me he dedicado a sacar fotos de cada piedra que pareciera colocada con un poco de tino (la verdad es que estan muy mal conservadas) y coger alguna que otra piedra. Lo mejor ha llegado cuando he encontrado un trozo de arcilla, que cogi, y minutos mas tarde, una piedra blanca con forma (ya hare fotos y las colgare aqui). No se de que sera, pero me encanta, estoy muy emocionada. Despues a comer a la playa y deleitarnos con el camarero, que no paraba de liarse cigarros mas gordos que mi dedo meñique; aunque nos atendio mojadito y desnudo de cintura para arriba. Mas tarde playa hasta las 8 y media, con paseo incluido (me encontre en la playa a la pareja del zoco de la otra noche, mi mama es un lince). Tome varias fotos, pero en mi familia son unos rilaos y les entro frio, por lo que no nos quedamos a ver atardecer. Ducha en el hotel y risas con mi hermana sobre cosas que ahora no recuerdo. Bajamos a cenar al zoco y me volvi a encontrar con la pareja; pufff, la verdad es que él tiene un pelo que me encanta. Estoy hasta el culo de que la gente me diga que alguien a quien quiero mucho es estupido (y que me lo diga mi hermana me jode mas), pero la verdad es que sabe como llamar mi atencion^^. Luego nos han dejado en el ciber, que es un cagadul porque no me carga el gmail ni nada de nada. No se como acabara hoy, pero hasta aqui puedo contar.

Alé, pues estas son mis cronicas. Las gracias internas adornan bastante, pero no se pueden contar aqui (es la politica interna de la empresa, sino quiero ver un fotolog lleno de todas las bobabas que puedo llegar a soltar a lo largo del dia, que, como todos sabemos, pueden ser incuantificables) Creo que voy a ir terminando porque no se que mas contar. Prometo colgar algunas fotos cuando vuelva a Salamanca. Un saludo a todos los que continuais pasando por aqui tras casi dos meses de sequia.

P.D.: Pido disculpas por las posibles faltas de ortografia u oraciones mal construidas pero no se le pueden pedir peras al olmo en esta epoca con los teclados tan malos que hay aqui.

P.D.2: A lo mejor hay un museo arqueologico en Larache, y me acabo de enterar O_O

viernes, 27 de junio de 2008

Día del Orgullo Friki 08

Hola a todos! Tal y como prometí, y aunque con algo de retraso, aquí esta la entrada dedicada al Día del Orgullo Friki. Para empezar una breve reseña para poder citar a la Wikipedia en esta entrada. Este es el primer párrafo de un “extenso” artículo:



“El día del orgullo Friki o día del friki es una iniciativa popular que intenta reivindicar el derecho a ser Friki de cualquier persona que lo desee. Este día se celebra el 25 de mayo desde 2006 en conmemoración al estreno oficial de Star Wars-A New Hope. Además, esta fecha coincide con el Día de la toalla.”




Sé que todos sabíamos porque eligieron ese día, pero estoy casi segura de que nadie sabía que era el Día de la Toalla. Bueno, más cosas, la foto la encontré en el 2006 en una web y me encantó, ya que mi primer Día también me manifesté en mi habitación, aunque sin el sable láser ni las gafas de pasta. Para ser más exactos, terminé El Ciclo de la Puerta de la Muerte en esa tarde, que buenos recuerdos... El año pasado fue algo más social: me hice una camiseta de la Rueda del Tiempo que lucí frente a todo mi colegio, me mojé en compañía de mi familia ¿? y, después, salí con mis friki-amigos. Este año ha sido bastante más tedioso, únicamente felicité a KuroSam y creé dos personajes nuevos. Días más tarde me felicitaron a mí^^.



Por cierto, mientras buscaba por ahí alguna información para que no me tocase escribir tanto en este post (cosa que, obviamente, no he encontrado) di con esto. Un par de ellas me hicieron gracia, así que lo dejo:
¿Sabías que...
* ...si das vueltas rápidamente alrededor del tronco de un almendro, te das tu mismo por el culo?
* ...los espárragos son posiblemente la especie más inteligente del mundo?
* ...tienes el 3% de probabilidades de haber nacido hombre o mujer y que el 97% restante es la probabilidad de haber nacido tortuga?
* ...los sueños de Bill Gates se ven interrumpidos constantemente por pantallazos azules?




Lo de darse a sí mismo por el culo habría que remitírselo a ciertas personas, menos a Gimel, que es demasiado uke incluso para eso XD (que conste que esto es para que Orion se digne a dejar algún comentario).

Alé, pues sólo quedan dos cosas, la primera:

Este es el test friki que llevo haciendo durante años. Al principio me salían “Tendencias frikis”, y las dos últimas “Friki” (la verdad es que sólo lo he hecho 3 veces).

http://club.telepolis.com/docz/frikitest.htm

La segunda y última, quiero dedicar este post a mis tres frikis de armario favoritos. Sabemos lo que sois así que cuanto antes lo admitáis, antes podréis curaros. No, espera, esto no tiene cura.

Un beso

miércoles, 25 de junio de 2008

Hola!!! En un tonto intento de acordarme de preparar la entrada, se me ha olvidado por completo. Vease, que con toda mi buena intencion, no me he traido la foto de casa, asi que la entrada que debo desde hace un mes quedara pospuesta hasta mañana (o cuando me de la gana)Bueno, pues nada más. Un beso




viernes, 6 de junio de 2008

Jueves 5 de junio de 2008, 22:45



Hola! Hoy no me enrollaré. Siento no haber dejado alguna entrada antes, pero no he encontrado tiempo. Sé que tengo que dejar una entrada por el Día del Orgullo Friki, pero lo haré más o menos el 25 de este mes, por celebrar el aniversario un mes después. Por cierto, la entrada anterior fue la número 25, también.
En cuanto al texto, es el epílogo. Espero que os guste y poder dejar algo más antes del día veinte =/. Un beso.




Alzó la vista del libro. Sus ojos se nublaron durante un instante, sin percibir la oscuridad sin estrellas que se extendía más allá del alto ventanal que tenía frente a sí. Con un leve suspiro dejó la pluma en un lado del gran escritorio, cerró cuidadosamente el tintero y apartó hacia delante el libro de pastas verdes en el que había estado escribiendo.

Se levantó de la silla de alto respaldo forrado en terciopelo y apagó todas las velas del candelabro de plata. La anterior penumbra transmutó en la misma oscuridad que gobernaba el exterior, pero el ser no titubeó al escoger el camino. Ascendió innumerables pisos por la escalera de piedra, mientras su mente discurría la manera de solucionar el entuerto. No es que le importara mucho esperar, pero a buen seguro ellos deseaban que sucediese pronto. Habían hecho un trato, y aunque tuviera que relegar otras tareas, lo arreglaría. Al llegar a una puerta de madera pulida, giró el picaporte dorado. Esa sala estaba levemente iluminada por dos focos de luz anaranjada que flotaban en lo alto del techo. La única forma de saberlo era que allá arriba podía ver el final de las estanterías. Se encontraba ante una de sus más logradas salas, en cuanto a mobiliario, claro estaba. Todos los estantes eran de madera de roble pulida, con algún tallado de volutas de vez en cuando. Los suelos eran de mármol gris con vetas blanquecinas.

Sin dudar se encaminó a la derecha y, llegado el momento, torció a la izquierda, adentrándose en un estrecho pasillo de no más de dos pasos de ancho. Lo rodeaban los altos estantes; elevándose tanto que, si uno levantaba la vista parecían unirse al final, pero él no lo hizo. Se detuvo y alzó una mano hacía los libros. Si alguien hubiese estado allí para verlo, habría observado como el ente desaparecía y reaparecía un centenar de pasos más arriba, aparentemente, flotando en el aire. Pasó cariñosamente la mano por los libros que se encontraban a su altura. Se paró en uno con las pastas de tela azul oscuro, casi negras. Lo tomó con cuidado, acariciando con sosiego el lomo. Pese a que nada lo indicaba, conocía perfectamente cada una de las palabras que contenía. Casi automáticamente también cogió el libro contiguo, encuadernado en cuero negro. Después alzó una mano hacía el siguiente libro, pero se paró a mitad del recorrido, dubitativo. Finalmente, tomó el libro rojizo, con otro suspiro apesadumbrado. Nunca le había gustado, pero algunas veces era necesario, y ni siquiera él podía cambiarlo. Esa sería la primera medida, pero aun quedaban muchas más, demasiadas. Antes de marcharse miró significativamente los otros dos libros que quedaban en el estante. “Posiblemente también perezcan.”––pensó con incertidumbre. Sin darse cuenta regresó al suelo y comenzó a deambular entre las estanterías de nuevo, con los manuscritos bajo el brazo. Cualquier otro se hubiese perdido, pero no él, jamás ni en el pasado ni en el futuro se perdería en su propia biblioteca.

Cuando regresó a las escaleras comenzó el descenso. Pasó junto a la puerta del estudio y continúo bajando. Abrió una puerta que daba a un pequeño cuarto. Frente a él había una chimenea donde un vivaracho fuego ardía sin ningún combustible. A su izquierda un camastro adosado a la pared. Sin pensarlo más de una vez se acercó al fuego y arrojó el libro de tomo rojizo. No se demoró un instante para ver como las llamas lo consumían, ya era suficiente tener que hacerlo. Cerró la puerta a sus espaldas y retornó a la habitación.
Se acomodó en la silla antes de abrir el libro azul. Hojeó las páginas deteniéndose para releer algunos párrafos, pese a conocerlos de memoria. Al llegar a un determinado punto, abrió el bote y mojó la pluma. Trazó una línea con tinta negra, pero él sólo se limitó a marcarla, pues la línea ya estaba allí. Pasó las siguientes páginas escritas, todas ellas, hasta la primera en blanco, que debería de haber sido el final.
Comenzó a escribir con trazos finos, mientras el sepulcral silencio le dictaba, viéndose roto por le rasgar de la pluma. En un punto hizo una pausa y su semblante se ensombreció. “Muchacha estúpida...”––pensó antes de reanudar su tarea.



4/V/08



P.D.: “––Oye, no piensas que ese es un poco mayor para estar estudiando.
––No, está leyendo el periódico.
––No, joer, ese no.”


P.D.2:"--Es que,... No sé, es la única manera...
--De tener sueños
--Sí."

lunes, 26 de mayo de 2008

Domingo 25 de mayo de 2008, 18:35



Buenas tardes a todos! No sé que contar esta tarde. Bien, hoy es el día del Orgullo Friki, pero ya dejaré una entrada especialmente para eso, con foto y todo (era la que pensaba poner en el fotolog, pero no llegué a tenerlo un veinticinco de mayo.) Con gran dolor de mi corazón me he obligado a dejar esta entrada. Por dos razones; la primera, es lo siguiente que tocaba y no sería justo saltármela. La segunda, dije que yo también me detestaba y este es el motivo. Tengo que admitir que nunca me ha costado tanto escribir la muerte de alguien, y eso que he escrito muertes a porrón; de hecho, es lo más normal en los relatos cortos, nunca me gustaron los finales abiertos. Podría cambiarlo, si, pero entonces parte de la historia principal se va a tomar por culo. Ala, ya está, paso de decir nada más que me he puesto de malhumor. Lo único que sepais que la posibilidad de cambiar la historia ha sido contemplada y no resultaría. Un saludo.



Una ola bañó la cubierta. El mástil mayor terminó por precipitarse al agua, con los dos últimos hombres que permanecían a bordo. Otro trueno resonó en la bóveda celeste. Hioenoa gritó con impotencia, mientras veía como la proa de El filo del Crepúsculo se partía por la mitad. Aferró aún más fuertemente el timón, hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
La tormenta se había desatado hacia unas dos horas, pero no había amainado todavía. El rugido del viento y las aguas resonaba en sus oídos como estridente llanto, levemente acompañado por las peticiones de ayuda que los marineros rogaban a los dioses. Todos ellos eran buenos hombres y los conocía desde algún tiempo atrás. No merecían la fría muerte que les esperaba en el lecho marino, tan lejos del hogar.
Debía aceptar el final de esta vida en manos del océano. Era una certeza a la que creía haberse resignado, pero llegado el momento no quería que se cumpliese. Sentía que todavía necesitaba tiempo para continuar lo que había empezado, que era pronto para que todo terminara en tan nefasta hora.
Un instante después se encontró tumbada en las tablas de madera, mientras el agua se escurría por los costados del navío. Gateó unos metros hasta tocar el timón, tosiendo y escupiendo. Al levantarse miró con temor la gran tormenta que se descargaba sobre ella. El viento y el agua en una liza de la que ya eran vencedores. Los rayos caían, seguidos inmediatamente por el estruendoso sonido tan conocido. Antes no se había percatado del majestuoso horror que percibía a través de la cortina helada que martirizaba su cuerpo.
A Hioenoa se encogió el corazón. No quedaba ninguna esperanza, nadie podría salvarla de la terrible actuación que el mar representaba para acabar con ella. Ya había luchado con todas sus fuerzas contra la destrucción, pero a veces llegaba la hora de claudicar. Valagiur le había dicho algo parecido en algún momento, pero no lo recordaba. Sin querer se llevó una mano a la frente y palpó la trenza de cuero que le había cogido antes de zarpar. ––Posiblemente revuelva toda la habitación buscándola,––pensó, intentando olvidar lo demás––pero si yo he perdido un buen cuchillo, el puede perder la cinta. Al principio dudó en llevárselo, al fin y al cabo, era una de las pocas cosas que conservaba de su pasado. Pero aunque una parte su mente se negara a admitirlo se lo había tomado como una garantía. Si se volvían a encontrar, podría devolvérselo. Sino..., no quería que se suicidara en un arrebato para evitar el dolor. Cuando salió tenía la impresión de que no lo volvería a ver, por eso grabó a fuego en la memoria su rostro durmiente, arropado en las sábanas.
Intentar negar la evidencia de su amor era una estupidez, si bien no podía hacer nada por soslayar las tradiciones de su tribu. De repente, se acordó de la existencia de otro factor que la ataba a este mundo. La noche en Tasghe había sido la única que había echo el amor con Valagiur sin tomar la infusión de tihnek. La verdad es que no quería que su primer vástago fuese de un guerrero de algunas de las tribus, ni aun siendo deikier. Nadie podía obligarla a dejar a su sucesor en el territorio, por lo que habría querido mostrárselo a Valagiur en su reencuentro. Incluso había pensado las palabras que le diría, algo así como: “Mira, Arquero, estas son las consecuencias de tus embates.” Podía imaginar la cara que pondría, entre abrumado e ilusionado. Pese a que nunca lo había insinuado, Hioenoa intuía que él necesitaba un nuevo hogar, con familia para llenarlo. Apostaría ambas manos a que escogería algún pueblo costero de Enoiyid, cerca de Xujekyo, para ver las montañas nevadas la mayor parte del año. Ella le acompañaría y regresarían a Viasaf Cnodn por primavera. Ya podría enseñarle el territorio, ya que después de tener esposo en la tribu estaba permitido otro en el exterior, aunque fuesen pocos los que disfrutaran de este privilegio.
Sin querer había soñado con el futuro, que se rompió en mil esquirlas de cristal con una ráfaga de viento que le arrancó la capa de los hombros. Su insensatez y una confianza en sí misma demasiado sólida la habían llevado a destruirlo. Ya no habría más amaneceres, ni travesías por los mares, ni frenesís en batalla, ni la posibilidad de una familia, ni... Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos grises, translúcidas entre la oscuridad que se veía en el cielo. No quería morir sola en medio del océano, que sus miembros se durmieran sin que nadie la meciera en brazos, sin que sus últimas palabras fueran recordadas. Con Valagiur todo sería tan diferente... Seguramente ninguno de los dos se resignara al final, incluso podría haberlo convencido de que hiciesen el amor en tan espantosa situación. Él aceptaría cuando comprendiera que la posibilidad de salvarse no existía. Tan distinto si abrazada a él afrontara el desenlace, con su tranquilizadora voz susurrando alguna nana en su lengua natal...
Aulló a la tormenta desesperadamente, mientras un torrente de lágrimas se mezclaba en su cara con la lluvia. Como aborrecía los dioses que regían su destino, al ente que lo escribía sin sentir ni un ápice de su dolor, a los espíritus que incumplían su sagrada tarea; pero al que más odiaba era al mar, al único dios que había adorado durante su vida la traicionaba...
La cubierta comenzaba a hundirse. El agua helada le llegaba por las rodillas. Acababa de tomar una decisión, y aunque temeraria, no tenía nada que perder. La vida llegaba a su fin y nadie, sino la misericordia de unas deidades a las que maldecía podría salvarla ahora.
Se desató el tahalí, sin soltarse del timón. Las cimitarras las había dejado en el camarote, y ahora estarían varios metros bajo el agua. “Una pena morir solamente con un cuchillo en la bota.” Lo ató con habilidad en la rueda de madera gris. Se introdujo los dos aerolitos negros en la boca, sin soltar el cuero de su frente. Con uno hubiera bastado, pero no quería que una sustancia tan extraña se disolviera en el agua. A duras penas, metió las manos entre el cinturón. No quería que su cuerpo vagase por las profundidades si podía permanecer gobernando su barco. Era otra manera más de luchar contra lo inevitable, contra la muerte que le aguardaba. Notaba como la sangre se agolpaba en sus muñecas. Alzó la vista y contempló la vasta cantidad de agua que la rodeaba.
––Reniego de ti, Océano. De tu fuerza y protección, de todas las oraciones que te dirigí durante mi vida. Ya no eres mi padre ni señor, moriré por mis manos antes que entregarme a ti.––gritó con fervor, retando al mar. Mordió las piedras, pero sólo una se rompió. Un sabor dulce inundó la boca y la garganta de Hioenoa, que se esforzaba en conservar la conciencia el mayor tiempo posible.
Su mirada comenzaba a sumirse en las tinieblas, y cerró los ojos con un suspiro. Cayó de rodillas. La rueda giró hasta que sus manos se hundieron en el agua. Y aunque lo intentó con más energía de la que poseía no fue capaz de recordar su rostro, sólo un fondo rojo sangre.

Este fue el final originado por un mortal que cambió su crónica, provocando que el Escritor rehiciese el libro de muchos entes en distintos planos.

16/II/08



P.D.: “Despierto en la oscuridad, débil para invocar una luz. El aire es mohoso, viejo, huele a tela podrida y sueños perdidos.” Sandman.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Martes 21 de mayo de 2008, 21:40

Buenas noches a todos!! Lo primero que he de hacer en el comentario de hoy es decir que he estado enferma. El domingo por la noche vomité y no he ido a clase ni el lunes ni el martes. Ahora ya estoy mejor, pero tengo un dolor en el hombro izquierdo que me impide reírme sin sufrir (más de lo que sufro normalmente, según Moony). Pero estoy de buen humor porque exceptuando mañana no tengo clase hasta el lunes. También he escrito algo más y he visto una película decepcionante. Esta es la última entrada en la que aparecerán juntos Valagiur e Hioenoa, o por lo menos de esta “temporada”. La explicación: es que voy a dejar de colgar partes tras acabar con las que escribí en enero-febrero. Cuando haya llegado a las 30 ó 40, aún no lo sé, pues volveré a ponerlas. Por cierto, mis disculpas al señor Daos por el 'indecoroso' post antepenúltimo, pero fue la fortuna quien le jugó la mala pasada. Si hubieseis leído cualquiera de los quince restantes habríais encontrado escenas más ‘acarameladas’, a decir de Fuego. En cuanto a la sugerencia de Lanxys en la próxima pondré algo como: “No recomendado para menores de 18”, por muy hipócrita que parezca. Nada más por hoy, que los dioses os sean benévolos.

Estaba sentado en una taberna, mirando las marcas en la mesa de madera, cuando la vio entrar. Iba embozada en una capa azul oscuro, que le tapaba hasta casi los pies, aunque su figura seguía siendo inconfundible. Sus pasos ágiles y seguros la condujeron donde se encontraba Valagiur, continuó impasible, resistiendo el impulso de levantarse y abrazarla.

––He regresado.––anunció.

El mercenario enarcó una ceja.

––¿De veras?––dijo, manteniendo el tono serio.

Hioenoa se retiró la capucha y tomó asiento frente a él. Valagiur se sorprendió por su apariencia. Tenía el rostro más pálido de lo habitual y con una mácula de sudor. Unas profundas ojeras se marcaban bajo los ojos, con un brillo febril y más hundidos. La manera en que se derrumbó sobre el banco y la postura erguida de su espalda le hizo pensar que podía estar enferma.––¿Por qué tienes ese aspecto tan deplorable?

Ella se encogió de hombros.

––No tiene importancia. Pero tenemos un problema.

––¿Cuál?

––Ahora soy un Siervo de la Mar.

Valagiur no reaccionó. No le sonaba muy bien el nombre, pero tenía un vago recuerdo de cosas que ella le contó. ––Quizás la nueva capa tenga algo que ver, si hay...––comenzó a divagar antes de verse interrumpido.

––Creo que te comenté alguna vez la forma de gobierno de mi tribu. Lo del Jefe y los Siervos. Pues la verdad, es que si no... Bueno, espera, empezaré por el principio.––se corrigió. Su voz algo forzada y un poco reseca. ––Cuando regresé, nueve amaneceres después de dejarte, me encontré con los funerales de mi padre. Mi hermanastro Novnosfh se había proclamado Jefe tras obtener la victoria en el combate y el apoyo de dos Siervos del Mar y cuatro de las Tierras. Para mi asombro y el de muchos en la tribu, me llamó a una audiencia en el Consejo, pero sólo con él. Me dijo que antes de morir, padre ordenó que me presentara a la Prueba. Mi obligación era obedecer y me retiraron el derecho de escoger por ser hija ilegítima. Pasé un ciclo recuperándome del viaje y descansando. El tercer día de la Luna Negra me sometí y la superé, por lo que soy miembro vitalicio del Consejo. El resto del mes y medio me lo me pasado poniéndome corriente de todo en el gobierno y convenciendo a mi hermano de que me dejase marchar y continuar volviendo por primavera. Hemos llegado a un acuerdo.

Valagiur llevaba un rato mirándola de hito en hito, perdido en la cantidad de información que se esforzaba en asimilar. Estaba casi seguro de que las mujeres no podían tomar el mando en los Deikierin, pero acababa de asegurarle que era miembro del Consejo. Podía intuir el problema, pero no pensaba preguntarlo.

––Estás enfadado, ¿verdad?––susurró.

La miró con falsa incredulidad.

––No, mas bien, molesto.

––Lo siento mucho, Valagiur. Ha sido imposible que regresara antes.

Él se mantuvo inexpresivo, escrutando el fondo de sus pupilas. Hioenoa aguantó su mirada leyéndola mucho mejor que él. Al cabo de unos minutos de tenso silencio, el guerrero tocó su frente. Estaba ardiendo. Ella se relajó visiblemente.

––Llevo mes y medio durmiendo dos horas diarias.––explicó, en un quedo murmullo. ––He aprendido todo lo que normalmente lleva doce ciclos a un guerrero después de pasar la Prueba.

––¿Por qué?––preguntó, esperando alguna respuesta tradicional sobre lo de ser mujer o bastarda. La respuesta hizo que su corazón diera un vuelco:

––Porque alguien me estaba esperando.

Valagiur no pudo mantener por más tiempo la máscara que se había impuesto. Se levantó, rodeo el banco y la abrazó, sintiendo como toda la angustia se evaporaba. Hioenoa se puso el pie y se aferró a él con verdadera necesidad. No se había dado cuenta antes de lo que significaba para ella la relación que habían formado durante tantos años. Mientras había estado en la tribu por su cabeza sólo pasaban las últimas palabras que le dirigió antes de despedirse: “Sino tienes noticias mías en un mes... Márchate, porque no podré regresar” Las dijo pensando en algún castigo por parte del Jefe, y no esto. No pudo enviar ningún mensaje porque nadie salió del territorio en los dos meses. Y ella no podía salir hasta que tejiese el cuero con los tres hilos. Todas las noches temía no volverlo a ver. Se encontraba dependiente de una persona, por mucho que quisiera evitarlo. Un susurro en el oído cortó sus cavilaciones.

––Ven, te llevaré a mi habitación para que descanses.

Entonces se acordó de algo, y le miró con una sonrisa.

––Ya te contaré más tarde el problemilla, pero te he traído una sorpresa.

––Tienes que dormir inmediatamente, por los menos dos ciclos enteros. Eso puede esperar.

––Si he aguantado hasta ahora podré hacerlo un rato más. ¡Vamos!––dijo agarrándole de un brazo. Verdaderamente estaba agotada y nada le apetecía más que dormir, pero prefería otra cama.

Lo sacó de la taberna y comenzó a guiarle por las calles de arenisca. Más de una vez se perdió entre el conglomerado de callejuelas que conducían al puerto, pero ella no preguntó y Valagiur no recalcó nada. Al cabo de un rato largo, encontró los muelles. Miró rápidamente a derecha e izquierda y comenzó a andar hacia el sur. Casi al final del rompeolas, se detuvieron. Hioenoa se colocó frente a un barco largo de tres mástiles. Unos hombres de tez pálida trabajaban en los aparejos y limpiando la cubierta. Las velas estaban recogidas, aunque eran un color oscuro que contrataba con el caoba de la madera. Algunos hombres los vieron y comenzaron a gritar en el idioma de las tribus. En pocos instantes, la pasarela tocó el muelle. Valagiur iba a preguntar, cuando ella alzó la cabeza y dijo sonriente:

––Te presento a La hoja de la mañana, nuestro nuevo medio de transporte.

En ese momento, una figura bajaba a tierra y se acercó a ellos. Era un hombre alto, de pelo entrecano y recogido en una coleta. Saludó a Hioenoa con una inclinación de la cabeza.

––Capitán, sus instrucciones han sido seguidas, aunque la esperábamos antes.

Cuando miró a Valagiur de reojo vio su cara pasar el escepticismo a la completa incredulidad en un segundo. Ahora la miraba con la boca abierta.

––¿Capitán?––logró decir.

Hioenoa estalló en carcajadas; hasta que, sujetándose el costado, pudo contestarle:

––Ahora tenemos un camarote para nosotros solos.

9/II/08

P.D.: “Nunca os serviré, Padre de las Mentiras. En el transcurso de un millar de vidas, no lo he hecho jamás. Lo sé. Tengo la más absoluta certeza. Venid. Ha llegado la hora de morir.” Rand al’Thor a Ba’alzamon en Falme.

lunes, 19 de mayo de 2008

Sábado 17 de mayo de 2008, 1:12

Buenos y mañaneros días a todos vosotros!! (Para mi aún son buenas noches, pero bueno). Ayer me di cuenta de que la plantilla del blog sigue como le da la real gana a él mismo, así que me he frustado más. Estoy haciendo pruebas con el Bloc de notas, como me ha recomendado Orion, a ver si así consigo arreglarlo de algún modo. De todas formas, estoy cansada y con mucho sueño, por lo que hoy el comentario este es cortito. Bueno, pues digo y deseo lo de siempre, un beso.

“Se quedaron un rato en el agua, nadando y mimándose de cuando en cuando. Al final Hioenoa también comenzó a sentir frío y salieron. Valagiur empezó a caminar hasta el campamento y se giró al notar como no le seguía. La encontró con una mano sujetándose el mentón y la otra en la cadera. Su cuerpo brillaba y vio como miles de gotitas cayeron a la hierba cuando agitó suavemente la cabeza.

––¿Qué haces?––le preguntó.

––Asombrarme de tus nalgas tan prietas.

Entonces él la completó fijamente, en todo su esplendor.

––¿Qué haces? Así sólo te veo la verga y los pectorales.

––Déjame un momento, estoy asombrándome de tus voluptuosos pechos.––contestó.

––Bah.––dijo mientras cruzaba los brazos para tapárselos.

Valagiur emprendió la vuelta, contrayendo los músculos del trasero. Hioenoa rió sonoramente y corrió hacia él. Se encaramó a su espalda y apoyó la cabeza en su hombro. Él la sujetó, sonriente.

Regresaron en silencio, con ella aún amarrada a su cuello. En varias ocasiones pensó que se habría quedado dormida, pero no estaba del todo seguro.

Al llegar la agarró por detrás. La cara somnolienta que lució cuando la depositó en el suelo demostró lo que Valagiur ya había pensado.

––Eh, que ya estamos aquí.

––Me he dado cuenta.––dijo mientras unía las manos por encima de la cabeza y se desperezaba.

Él se acercó hasta el petate y recogió ambas capas. Le lanzó una, se envolvió en la suya y buscó la yesca y el pedernal. Hioenoa se arropó y preparó la leña. En unos minutos un vivaracho fuego ardía en el pequeño claro. La mujer extendió su capa en el suelo y se tumbó, haciendo un gesto.

––Espera a que me vista.

––Ya estas vestido. Ven conmigo––él enarcó ambas cejas, y abriendo la capa miró su cuerpo.

––Oh, claro que estoy vestido. Entonces mi madre me trajo al mundo envuelto en seda.

Ella puso una mueca mohína. Valagiur suspiró profundamente y se sentó a su lado, tapándola también. Hioenoa lo empujó para se tendiera y pasó la cabeza por encima de su brazo.

––Tu madre debió ser una gran mujer para lograr eso.––él movió la cabeza con condescendencia.

––Y tú demasiado ocurrente. Si no llevásemos un ciclo alejados de cualquier taberna te acusaría de estar ebria.

––Lo que pasa es que me tienes envidia.––soltó, enseñándole la lengua.

––¿De qué?

––De tener a un hombre tan apuesto a mi lado.

Valagiur bufó.

––¿Qué te hace pensar que miento?

––Aunque no te lo parezca, tengo la impresión de que no mientes.––explicó mientras olía su pelo y deslizaba un dedo por su estómago, hasta llegar al rizado vello del pubis, donde comenzó a trazar círculos cruzados con el dedo índice. ––Disfruto mucha más suerte que tú, dicho sea de paso.

––No negaré eso.––le contestó, susurrando.

Casi instintivamente elevaron la vista al cosmos, donde miles de estrellas blanquecinas brillaban a pesar de la luz de las lunas. Para ambos eran lo único que podían mirar de su hogar, excepto en la memoria. Permanecieron callados, perdidos en los confines insondables que abarca la mente humana.

Finalmente, fue Hioenoa quien rompió el silencio.

––En mis tierras, las cinco estrellas en línea son los maridos de las cinco lunas. Grandes soles que marcharon a la guerra contra la oscuridad, mientras sus esposas los ven desde lejos, sin poder hacer nada por sus heridas y pesares.

––En las mías, las estrellas no tienen nombre. Son almas de héroes que murieron y el Escritor les permitió velar por los mundos del Verso. Mientras alguien los conmemora pueden brillar, pero al olvidarse todo el recuerdo de sus hazañas sucumben a la más espantosa tiniebla. Y sus almas vuelven a ser simple polvo, como fueron antes.

––Nadie puede recordar el infinito.

––Por eso todas las luces se apagan.––acordó.

––Eres sabio si sabes que nada perdura eternamente.

––Lo sé, aunque no pueda creerlo.

––Entonces cuando al fin lo compruebes, te dolerá.––susurró tristemente, alzando la cabeza para mirar sus ojos azulados.

––Por eso no quiero aprenderlo.

––La ignorancia no te salvará del sufrimiento, Valagiur, por mucho que algunos se empeñen en afirmarlo.

El hombre se encogió levemente los hombros, sin parar de acariciarla.

––¿Y dónde has aprendido tú tanto? Tienes varios años menos que yo...

––El Escritor, como tu dices, nos da lo que cree oportuno.

––Sabias palabras.––su tono puso punto final a la conversación.

Hioenoa se acurrucó, cambiando de postura. Al poco, le pareció que dormía, aunque no estaba muy seguro, a fuerza de experiencia. Él alternaba su mirada entre el cielo y ella, bebiendo embelesado de la belleza de ambos. Después de un largo rato, sintió como el cansancio de la jornada volvía. Movió la mano hasta su cadera y se tumbó a su lado. Para su sorpresa, ella abrió un ojo.

––Oye, Arquero, mira las lunas. Hace algunos minutos que empezó tu turno de guardia. Estos bosques parecen esconder muchos peligros.––le susurró cándidamente.

––Pero si...––la miró con estupor.

––No quiero ‘peros’, si yo he hecho mi guardia tu debes hacer la tuya.

––Es que yo también he hecho tu guardia.

––¡Aahh! Nadie te obligó.––dijo sonriente.

Valagiur suspiró y se levantó. Sabía que si no hacía la guardia, la próxima vez ella tampoco querría. No parecía muy convencida de que en los bosques hubiese bandidos, y tampoco la persuadía al idea de acabar con un cuchillo en la garganta en mitad de la noche. Al terminar de vestirse se acercó a Hioenoa y le quitó su capa. Ésta, echa un ovillo, le observó torvamente.

Él la miró con inocencia y le dijo, en otro susurro:

––Lo siento, tengo que hacer guardia y no puedo enfermar en medio del bosque.

La mujer cogió la punta de su capa y se tapó lo mejor que pudo con ella. Él recogió su espada y se alejó, para no despertarla. Tenía la certeza de que se dormiría si se sentaba en una piedra, por lo que comenzó a practicar con el arma.

Al cabo de un rato, se quitó la capa y la camisa, bañado en sudor. Alimentó el fuego y la contempló con cariño. Había ocultado la cabeza y tenía la mitad de las piernas al aire. Leves temblores recorrían su cuerpo. Extendió sus mantas encima de ella y vio como se relajaba. Se arrodilló y depositó un suave beso en su mejilla.

––Duerme, mi salvaje de los bosques.––musitó al retirarse de nuevo donde se encontraba la espada.

––"Algún día debemos entrenar juntos. Esto comienza a ser aburrido.––pensó cuando las lunas se ocultaban. Quedaría menos de media hora para que saliese el sol, pero hasta que no despuntará por encima de los árboles no se echaría a dormir. ––Aunque sólo fuese una hora.”

8/II/08

P.D.: "Esta noche quiero soñar y no despertar, quiero que me abraces por última vez... Necesito que la oscura tranquilidad me haga morir mientras puedo amarte."

P.D.2: Pensaba dejar esta entrada el sábado por la mañana, pero no me dio tiempo.

P.D.3: Por favor, que alguien me diga si se ve bien!!

jueves, 15 de mayo de 2008

Jueves 15 de mayo de 2008, 15:25

Hola a todos! ¿Qué tal en este nublado día de mayo? La perspectiva para esta tarde no es nada halagüeña. Mañana tengo examen de logaritmos, así que toca estudiar toda la tarde, menos la hora de rigor que pasaré por el Éter. Pero, bueno, me consuela pensar que mañana ya es viernes y la próxima semana sólo tengo clase hasta el miércoles. Hoy tampoco tengo muchas ganas de escribir aquí, además que debo salir pronto de casa y hacer algunas cosillas antes. En cuanto al fragmento de hoy, pues ya llevaba escritas quince reseñas a estos dos y empezaba a echar en falta algún indicio de las putadas amorosas de Hioenoa, así que esta es una de ellas (he de admitir que alguna se le fue devuelta). Bueno, pues nada más por hoy. Os veo =)

“Valagiur comenzaba a quedarse dormido, más ya en el mundo onírico que la vigilia, cuando sintió un peso caer encima de él. Abrió los ojos con sobresalto y se encontró unos ojos grises que le miraban con deseo. Un instante después, estaba devolviéndole uno sus húmedos besos. Le tocaba el pelo y jugueteaba con el cuero en su frente, mientras él intentaba sacar las manos de debajo las mantas. Cuando lo consiguió la agarró por el estómago y la alejó un poco. Hioenoa sonrió y apoyó los codos en su pecho. Para su sorpresa, vio que estaba desnuda.

––¿A qué ha venido eso?––ella sonrió más ampliamente––Y... ¿por qué estas desnuda?–dijo estupefacto.

––Bueno, Arquero, creo que ya te he enseñado lo suficiente como para que no preguntes esas cosas.

Valagiur sintió como un leve sonrojo teñía sus mejillas e Hioenoa también lo vio.

––Oh, mírate, te ruborizas como una doncella la noche de bodas. Si no lo hubiera comprobado antes desconfiaría de tus destrezas.

El guerrero le rió la gracia y se incorporó. Ella retrocedió, esperando que se irguiese por completo. Cuando lo hizo se aproximó contoneando sus caderas de manera sugerente. La luz de las lunas la bañaba por completo, entintando su pálido cuerpo en matices plata y dorado. El pelo caía hasta sus hombros en grandes rizos cobrizos que se movían a cada paso. Nunca había conocido mujer más hermosa, y dudaba hacerlo.

Extendió sus brazos y ella se deslizó entre ellos. Mientras él jugaba con sus cabellos, Hioenoa desató rápida y habilidosamente los nudos de su camisa e intentó sacarla por la cabeza, pero era demasiado alto. Valagiur colocó las manos en sus nalgas y la alzó. Soltó una exclamación ahogada y arrojó la camisa en el montón de mantas. Él besó su pecho izquierdo y succionó ávidamente el pezón hasta que notó como se endurecía aún más. Sintió como se aferraba a sus cabellos y alzaba otro grito. –––Siempre ha sido muy escandalosa––pensó––si hay alguien en un radio de kilómetros sabrá que estamos aquí. Pero no le importó lo suficiente como para detenerse. Hoy tenía toda la pinta de ser una noche memorable.

Después pasó al otro, mordiéndolo con algo de brusquedad. Las manos que tanteaban su cuello pararon un momento y notó como las uñas abrían dos pequeños surcos en los hombros. Continuó igual, sin importar el dolor, pero la levantó un poco clavando los dedos en los muslos. Oyó como jadeaba e hincaba más sus dedos. Al final la depositó en el suelo, temiendo tener cicatrices que los cuellos de la camisa no fueran capaces de ocultar. Ella se puso de rodillas y comenzó a desatar los cordones del pantalón, acariciando su entrepierna levemente. Con una risita comenzó a desatarle las botas, mientras Valagiur volvía a jugar con su pelo, divertido y algo irritado. No sabía que pretendía, pero la conocía bien como para intuir algo inoportuno.

Tiró de ellos hacia abajo, hasta los tobillos y subió besando la parte interior de su muslo, dejando un reguero húmedo. Con ambas manos se aferró a sus nalgas e introdujo el pene erecto en la boca. Se movía adelante y atrás, rozándole con los dientes. Valagiur agarró unos mechones de cabello y le elevó un poco la cabeza. Ella imprimió un ritmo más rápido y era él quien jadeaba ahora. Antes de eyacular y sin darse apenas cuenta, sintió como Hioenoa lo empujaba, se ponía en pie y partía en dirección al bosque. Mientras corría giró la cabeza y, riendo, le gritó:

––Si quieres más tendrás que tomarlo, Valagiur.

Dio un paso hacia ella y por poco cayó al suelo. Mascullando, se sacó las botas y los pantalones y corrió por donde se había marchado. ––Aquí está la parte molesta.––reflexionó. Por un momento creyó que debería abrirse camino entre la maleza, pero encontró un estrecho sendero.

La siguió velozmente. Oyendo de vez en cuando los gritos incomprensibles de Hioenoa entre el silencio nocturno de un bosque.

Tras un rato la encontró subida en una piedra gris, al pie de una laguna y se detuvo. Al verlo llegar, extendió los brazos hacia delante y se sumergió en las aguas, con su esbelto cuerpo completamente extendido. ––Maldita sea, y yo pensando que la carrera por el bosque era suficiente.––sólo pensar como estaría el agua en la madrugada, acaba con sus ganas de estar con ella. Sabía cuanto le molestaba el frío e insistía en hacerle soportarlo. Su cabeza apareció en las aguas plateadas, mientras las hondas tremolaban en la superficie. Agitó los cabellos y le observó con picardía.

––Te estoy esperando, ¿sabes?

Él comenzó a acercarse, mientras buscaba un sitio para entrar.

––Lo mejor es que te tires de golpe, sino no serás capaz.––aconsejó.

––A lo mejor no quiero entrar.––dijo, intentando hacer que su voz sonara lo más dolida posible.

Ella se rió y nadó hasta una de las márgenes.

––Pues tu amiguito no piensa lo mismo.––indicó, señalando su polla con la cabeza. Hacía mucho que no la veía tan juguetona como hoy, y eso que no se caracterizaba por ser tranquila en asuntos amatorios. Terminó por encogerse de hombros y saltar en el mismo lugar que ella, intentando no pensar demasiado.

Se hundió por completo en las gélidas aguas, hasta tocar fondo. Al emerger tomo una bocanada de aire y notó como unas manos aferraban su cuello con ternura. Vio como Hioenoa tiraba de él hacia una de las orillas. Le castañeaban los dientes y el aire entraba frío por su garganta. Cuanto tocó el fango la retuvo junto a él. Miró, divertida, como tiritaba y le besó, más dulce incluso que antes. Valagiur aprovechó que los brazos se ceñían entorno a su cuello para buscar su clítoris.

Comenzó a friccionar su sexo, de la manera que ella le había enseñado. Sentía sus ansias amortiguarse con el prolongado beso, mientras notaba como el pequeño núcleo comenzaba a endurecerse. Hioenoa enganchó con sus piernas las de Valagiur y se pegó a él, pidiéndolo de forma elocuente. Él la agarró de nuevo por las nalgas y la penetró un instante más tarde. Ella comenzó a gemir más profundamente tras la primera embestida. A los segundos, se convirtieron en gritos y alcanzó la culminación poco después.

7/II/08

P.D.: “Mi corazón se levanta con el sol. Con el resonar de las espadas muero al anochecer...” Poema saldaenino.

P.D.2: Esta es la entrada 22 en mi blog, XD

lunes, 12 de mayo de 2008

Domingo, 11 de mayo de 2008 (18:25)

Hola!! Espero que estéis bien sin necesidad de preguntar. Hoy es un domingo por la tarde la mar de aburrido. Me he despertado pronto sin querer y la mañana tampoco ha dado mucho de sí. Por cierto, he decido que pondré el día que escribo y la hora, así que no os fiéis de la hora de publicación, que los post me los traigo preparados de casita ^^. Bueno, después de estudiar algo y empezar el resumen para literatura, me he puesto a limpiar el teclado tecla por tecla, desmontándolo todo (me estoy cagando en todo porque no he colocado bien la barra espaciadora). Luego he demostrado ser gran maestro en el manejo del Paint al modificar una fotito. Y más o menos es ahora mismo. Tengo buenas noticias si eres de los que te caen bien los acaparadores de mi blog (si te caen mal te jodes y vuelves por aquí en cinco entradas), y es que escribí ayer otra parte. Por cierto, tengo que admitir que estoy completamente de acuerdo con Gildur sólo que en bastante mayor grado, también me detesto. Creo que lo entenderéis en unos pocos días... Bueno, pues nada más. Que los dioses os sonrían.

“Estaban sentados en una mesa pequeña, esperando el estofado con guisantes y la cerveza. El fuego de la chimenea caldeaba la sala común de alto techo. Una muchacha bailaba en un escenario al son de una flauta de madera y un tambor. ––Tiene bonitas caderas––pensó Valagiur, mientras la miraba de reojo. Hioenoa se sentaba a su lado y la contemplaba sin ningún pudor. Posiblemente en un rato comentaría sus virtudes con él, si el tema de conversación no la satisfacía. La posada estaba abarrotada de parroquianos aunque muchos de ellos comenzaban a abandonar sus mesas y subían a las habitaciones. Con seguridad la comida estaría fría, pero no se podía pedir más cuando la pedían tan tarde. Habían cabalgado todo el día esperando llegar al pueblo antes de que anocheciera. Después de dos semanas durmiendo a la intemperie lo que más le apetecía era un colchón y dormir de un tirón, sin necesidad de guardias. Una camarera dejó en la mesa dos platos rebosantes de estofado y sendas jarras.

––Gracias.––le dijo, y ella le contestó con una amplia sonrisa, mientras reía de manera estúpida y se marchaba contoneándose. Eso le sobresaltó, no entendía como podría ocurrírsele hacer tan clara invitación cuando otra mujer se sentaba a su lado. Hioenoa soltó un bufido y comenzó a dar cuenta de la carne. Sino llevase seis días de tan malhumor le habría insinuado que invitase a la muchacha a su habitación.

Más de una y dos veces la encontró en los burdeles de Tirynar buscando alguna muchacha. La primera vez fue de la más embarazosa. Él iba acompañado por Bidk y Nalaos, cuando para su sorpresa en uno de los divanes la encontró semidesnuda con una bonita chica de piel morena y ojos castaños. Después de unos instantes Nlaos y Bidk se acercaron a saludarla, como si de un viejo amigo se tratase. Ella los saludó con completa naturalidad, incluso preguntó por él. En esos momentos Valagiur agradeció la penumbra del local.

Le había causado una fuerte impresión. Y era más bien por la posibilidad de que las inclinaciones sexuales de Hioenoa no tuvieran nada que ver con él. Más tarde se enteró de que tenía mucho que ver en dichas inclinaciones. Hacía casi dos años que comenzaron a frecuentarlos juntos. Era raro encontrar unos amantes que compartieran las chicas en los prostíbulos y a muchas les atraía compartir el lecho con una mujer de las tribus, famosas por sus juegos de cama. De momento no sabía de ninguna que hubiera quedado decepcionada. La verdad es que habían pasado seis otoños desde la primera noche que pasaron juntos y aún conseguía sorprenderlo de cuando en cuando. Sin quererlo recordó la noche en la poza. ––Me importa una mierda que tenga la sangre lunar. Si ella me ‘obligó’ a hacerlo durante su guardia, la tomaré para celebrar que la luna roja está menguante.––decidió.

Terminó el estofado y la miró con fingido cansancio.

––Me subo a la habitación. Estoy agotado. Hazme el favor de tener cuidado cuando entres, no te ‘comas’ de nuevo la pata de la cama.––le sonrió. Hioenoa gruñó y contempló el fondo de su vaso. Buscó con la miraba a la muchacha de antes y se acercó. Ella lo miró y cruzó los brazos en una postura antinatural. ––No tiene ni dieciséis años, sus pechos son pequeñas protuberancias, incluso intentando aparentar más.––pensó. Nunca le habían atraído las niñas. Ésta, con seguridad, sería la hija de algún pueblerino rígido que se opondría a que tuviese relaciones demasiado prematuras.

––Aquí tienes el precio de los estofados y las cervezas.––le dijo en tono neutro, entregándole una moneda de plata y cuatro de bronce. La chica no ocultó su desdicha. Pero a él no le importaba nada, por lo único que lo había echó era para intentar que Hioenoa le entraran algunos celos, pero no parecía haberlo conseguido. Subió las escaleras de madera hasta el largo pasillo con candiles. Abrió la puerta de la pequeña habitación y se sentó en la cama a esperarla. Las velas estaban apagadas y la única iluminación entraba por el ventanuco, alguna de las lunas claras estaría llena, creía recordar que era la pequeña. El dormitorio estaba un poco frío, pero al no haber chimenea era imposible hacer nada. Decidió no desvestirse para no privarla del placer de hacerlo ella.

Era algo tardé cuando oyó sus pasos en el pasillo. Se levantó en silencio y ando hasta la puerta. Cuando entró la sujetó por detrás, con las manos alrededor de su cintura. Ella se sobresaltó, pero a continuación acarició sus manos despacio. Valagiur comprendió, como por ensalmo, que no se comportaba con normalidad desde hacía tres o cuatro ciclos, y que la brusquedad venía como consecuencia. Se maldijo por no haberse dado cuenta antes, después de varios años con ella todavía no era capaz de saber lo que le inquietaba.

––¿Qué te ocurre?

––Nada, no te preocupes.

––¿Cómo no quieres que me preocupe, Hioenoa? Llevas varios ciclos así,...

Ella apoyó la cabeza en su pecho y suspiró. Valagiur la abrazó con dulzura y hundió la cabeza en su pelo. Permanecieron callados durante unos minutos, hasta que Hioenoa se zafó de sus brazos y fue a la cama, hasta que la tocó con las rodillas.

––Echo de menos un hogar.––musitó.

A Valagiur se le encogió el corazón y sintió la imperiosa necesidad de mecerla de nuevo y susurrarle con ternura. Incluso dio un paso pero la razón le obligó a detenerse. Sería mejor escuchar y después consolar, antes que no saberlo.

––Estoy cansada de nuestros vagabundeos sin rumbo. Dormir cada día en lugares distintos... Como ya te dije quiero tener un oeste al que regresar, para poder partir de nuevo.––prosiguió, apenas susurrando.

––Quieres volver con tu gente, ¿verdad?––musitó.

Ella se giró de repente, con los ojos anegados en lágrimas.

––No lo entiendes. No es mi tribu lo que añoro. Ya no sé que en que se supone que debo pensar cuando me acuesto. Hacia dónde conducen nuestros pasos... No lo encuentro, maldita sea. Pero no lo entiendes...

Nunca la había visto llorar y jamás pensó que lo haría. Entonces recordó un dicho de su tierra: “Todas las rocas tienen un lugar por el que rompen.” Decidió que los viejos secretos que ocultaba en el túnel de sus recuerdos debían salir ahora, para bien o para mal. No podía negar que confiaba en ella. Por primera vez en años estaba dispuesto a que alguien supiese el porqué de la desaparición del tan anhelado hogar.

––Sí que te entiendo. Te entiendo mucho mejor de lo que puedas llegar a imaginar.––vio como se enjugaba en rostro y le escuchaba con atención–– No tengo que regresar porque no puedo. Aunque a veces lo necesite de veras. Me gustaría mostrarte las montañas nevadas y los bosques dorados en otoño, que vieses como el cielo azul se refleja en las aguas cristalinas de los lagos. Pero no puedo, por mucho que lidien la Luz y la Oscuridad.––lo dijo con una voz apasionada que pocas veces le había oído. Hioenoa tuvo un presentimiento.

––¿Te desterraron?––le preguntó, dubitativa.

Valagiur la miró, y recuperó la sonrisa, que, sin embargo, tenía un matiz de tristeza.

––Más bien es un exilio involuntario.”

6/II/08

P.D.: “¿Conoces el lugar entre el sueño y la vigilia, ese lugar donde aún recuerdas los sueños? Allí es donde siempre te querré, Peter Pan.” Campanilla

P.D.: Con mono de Rel ^^

jueves, 8 de mayo de 2008

Buenas!! (Insertar aquí las preguntas de siempre). He decidido que voy a acabar pronto con las partes que me quedan, a ver si me pongo a escribir sobre algo. Contando que esta es la número catorce restan seis más otra, que es un epílogo raro. Tal vez después haya una segunda entrega con más historias, pero por el momento ando algo vaga... La verdad es que no me apetece ponerme a escribir, aunque debería hacerlo, aunque sólo sea por hacer los deberes de la tertulia de relatos. Mira que siento no hacerlo, pero como diría mi/nuestro amigo Enjuto, me siento GIF. Bueno, a veces, va y viene, como las nubes, el mismo rollo de siempre, pero ya me aburre. Intentas convencerte a ti misma de cosas que luego rechazas en ciertos momentos. Y yo que culpa tendré, si es que la Rueda teje y seguirá tejiendo por mucho que yo diga o deje de decir. Por lo menos ya lo hice en sueños, sin embargo un único beso te deja... [...] Hay cosas que nunca cambian ni que sea la primera, la segunda o la tercera. Bah, ya he hablado demasiado.

Hoy cuando volvía de dejar a Moony y comprarme un donut, de vuelta al Alcaraván me encontré pensando que cuando me encuentro buenos lugares o momentos (por lo general siempre los hallo cuando voy sola) pienso en alguien con quien compartirlos, pero cuando estoy con alguien no pienso en el lugar. Será que la compañía sigue siendo lo más importante. A raíz de una canción de Saurom he llegado a pensar que no creo que pudiese aislarme del mundo por voluntad propia, tal vez expulsada sí, pero no sabiendo que se puede volver. De hacerlo sin sentir añoranza o melancolía, vamos. Vale, se supone que tendría que estar estudiando cultura clásica, así termino ya. Por cierto Fuego, no me acuerdo de la ***** elegíaca así que no la pondré en el examen. Un saludo.

“Las brasas terminaron de apagarse, sin que ninguno de los dos hiciese nada por evitarlo. La pequeña cueva se oscureció de repente, y sólo escucharon sus lentas respiraciones. Valagiur dio otra vuelta en sus mantas, intentando entrar en calor. Hacia dos noches que habían acabado con las reservas de alcohol y de leña. El viento aullaba en el exterior, amenazando con el frío del invierno. Las nevadas se habían adelantado unas cuantas semanas, sorprendiéndolos en las laderas de la cordillera. No habían podido alcanzar la última caravana de lino que partía a Niozlar por el puerto. El alcalde de Vodeun no estaría muy contento al saber que no habían recuperado sus excedentes, pero nadie se arriesgaría a continuar con las nieves. Deseaba que Vuoluak, Linmpa y Bidk hubiesen tenido más suerte que ellos al descender por el riachuelo. Comprenderían porque no habían logrado continuar.

––¿Tampoco tú puedes dormir?––dijo una voz, amortiguada por las mantas.

––No,––le contestó sin sacar la cabeza––no consigo entrar en calor.

––Todavía me cuesta entender porque hemos acabado en las montañas cuando el invierno está a punto de llegar.

––Las nieves no son tan tempranas a tan poca altitud.––explicó de nuevo. Era mejor hablar que pensar en el frío.––A mí no me gusta esto más que a ti, no obstante puede que yo esté mejor acostumbrado.

––No os culpo, pero preferiría dormir en una bonita y agradable posada, aunque fuese en el suelo.––bromeó sin muchas ganas. ––¿Cuántos días crees que tardaremos en llegar al valle?

––Con mucha suerte en uno y medio, pero siendo realistas, a mediodía dentro de dos noches.––mientras le respondía oyó como se levantaba y se acercaba a él. Sacó la cara y sintió el aire gélido en la cueva.

––¿Qu...––se incorporó.

Notó como se tendía a su lado, hecha un ovillo.

––Pensé que pasaba algo.––se disculpó.

––Bueno, en realidad, es verdad que esta pasando algo. No siento los dedos de los pies.

La alarma se encendió en su mente. Si se le estaban congelando no podría andar y tendría que cercenarlos.

––Ven, envuélvete en mis mantas y echa las tuyas encima.––dijo mientras las abría.

Ella no dudó un instante y se levantó, las extendió y se tumbó junto a él. Valagiur tapó sus cabezas y la atrajo instintivamente. Podía sentir su aliento caliente en la mejilla. Hioenoa hundió la cabeza en el hueco de su hombro y suspiró reconfortada. Al cabo de un rato su respiración se regularizó, indicando que debería estar dormida. Valagiur continuaba con los ojos abiertos en la oscuridad pensando en la mujer que sostenía y los motivos por los que no podía besarla, si bien eran montañas de arena que perdían significado a cada exhalación que sentía. La situación le había colocado entre la espada y la pared. Casi prefería estar a la intemperie que arropado junto a ella, pero sólo casi. Nunca se había sentido atraído por una mujer durante tanto tiempo. Por regla general, le duraban lo que tardaba en seducirlas o en cansarse de ellas, no más de dos meses. Pero ya llevaban cinco meses viajando juntos, pero no conseguía lanzarse, ni siquiera con pullas como las de Vuoluak y Bidk. Se sentía abrumado por su manera de pensar y hablar con él, completamente ensimismado con ella. Necesitaba acabar con esto, y sólo veía dos salidas, ambas demasiado complicadas, aunque no sabía porque. La primera era separarse e intentar tomar caminos diferentes y la segunda... bueno, la veía mucho más difícil. Apretó más su cuerpo contra él. Ella se movió un poco dejando la boca a la altura de sus labios, aunque separados unos centímetros. A Valagiur se le cayó el alma a los pies. Esto era excesivo. Algún espíritu se estaría divirtiendo a su costa, porque no encontraba otra explicación.

Maldijo a todos los dioses que conocía y algunos más que inventó sobre la marcha. Decidió que tal vez no tendría nunca otra oportunidad como aquella y que lo mejor era aprovecharla. De todas formas, ella dormía profundo y por un roce no se despertaría. Intentó no pensar en ello mientras se acercaba, hasta que tocó sus labios. ––Algo va mal––recapacitó al notar como su respiración se cortaba. De repente, Hioenoa le devolvía el beso. El tiempo dejo de existir para ambos mientras saciaban sus deseos de hacía demasiados ciclos. Al final se separaron y en unos minutos ninguno de los dos habló.

––Has tardado demasiado, Valagiur, un poco más y me hubiese quedado dormida de verdad.––le susurró.

––¿No estabas dormida?

––Obviamente no.––él se alegro de que no pudiese verle. Había sido un estúpido, pero un estúpido con suerte, se consoló.

––Jamás pensé que fueses tan cortado con las mujeres.

––En realidad sólo es contigo. Las demás no se me complican tanto.––explicó. Ahora que un camino estaba cogido se sentía más cómodo en él.

––Oh, lo tomaré como un cumplido.––rió.––¿Cuánto crees que queda para que amanezca?

Valagiur empezó a destaparse y al notar próxima la congelación de su nariz, volvió.

––El suficiente.––contestó con determinación.

––El suficiente... ¿para qué?––preguntó con inocencia. Él se percató de que estaba provocándole a pedirlo con todas las letras, y le pareció lo más oportuno hacerlo.

––Bueno, no pensé que fueras aún una niña como para tener que explicártelo.––oyó como reía.

––¿Qué piensas explicarme?––dijo conteniendo la risa.

––Bueno, ya te conozco desde hace unos meses y basta decir que demasiadas veces pensé en ti con otra en mis brazos. Me gustaría que mis deseos se complacieran con la culpable de ellos. ¿Te basta con eso, o es necesario que sea más soez?

––Has dado muchos rodeos. Yo hubiera dicho directamente.

––¿Cómo? Si puede saberse...

––Algo así: “Voy a hacerte el amor hasta que tengamos que salir desnudos de la cueva porque no se aguanta el calor” O algo parecido.

––¡Luz ! No pensé que fueras tan concisa.––rió. ––Aunque me creo capaz de igualarlo.

––Ni lo intentes. Resérvalo para otra ocasión.––murmuró antes de volver a besarle.

Valagiur la alzó sobre él con ambas manos. Las mantas se abrieron y el aire invernal entró entre ellos, pero a ninguno le importó.”

3/II/08

P.D.: “..., para terminar sin saber en que época estoy o si mis recuerdo son míos o son meras historias descritas en los libros. ¿Perdida en mi propia mente? Jarlin Crowing.